Agencia Informativa Católica Argentina
  |  
 
 
 
« VOLVER    Imprimir       Enviar por mail  | Compartir:      
La Madre ya está cerca de sus hijos
Homilía de monseñor Luis Urbanc, obispo de Catamarca en la Bajada de la Virgen del Valle (30 de noviembre de 2017)

Queridos devotos y peregrinos:

Nuevamente nos encontramos congregados a los pies de nuestra Madre Celestial. Ella no se cansa de convocarnos y nosotros tratamos de responder filialmente a su llamado maternal. Bienvenidos a esta solemne Bajada de la cuatro veces centenaria imagen de la Pura y Limpia Concepción del Valle. ¡Viva la Virgen del Valle!

A partir del 8 de Diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, iniciaremos el segundo año de preparación para celebrar el jubileo por los 400 años del hallazgo de esta sagrada imagen, que veneramos con pluriformes sentimientos y razones. Y fijaremos nuestra atención en los modos y contenidos de nuestra devoción a Jesucristo, la Virgen María, los ángeles, los santos y nuestros difuntos; a esto suele llamarse ‘Piedad Popular’.

Para ambientarnos en esta temática he elegido el texto de san Lucas 18,9-14, (el fariseo y el publicano en el templo) que nos ayudará a procurar las disposiciones interiores con las que debemos presentarnos ante Dios a la hora de rendirle nuestro culto, nuestra adoración y nuestra gratitud porque Él no se cansa de buscarnos y perdonarnos por medio de su amado Hijo.

Pongamos la mirada en cada uno de los personajes: el fariseo, miembro de una secta puritana contemporánea a Jesús, que se consideraban buenos, justos ante Dios y mejores que las otras personas debido a sus buenas obras y, por lo mismo, menospreciaban a los demás; para peor de males, no se reconocían pecadores, ni necesitados de la misericordia de Dios: ‘oh Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo’ (Lc 18,11-12). El fariseo va al templo, no porque sienta que es un pecador que necesita perdón, sino porque se cree justo, y espera ganar alabanzas. Considera su culto como un acto de mérito que lo recomendará a Dios y para que la gente tenga un alto concepto de su piedad. Espera asegurarse el favor de Dios y del hombre. Su culto es interesado.

El publicano, por ser un cobrador de impuestos para el imperio romano, era odiado por los demás, máxime que les recordaba que habían perdido su independencia. Estos funcionarios judíos no sólo se enriquecían a expensas del pueblo, sino que, por aceptar este cargo de mano de los romanos eran considerados como traidores de la nación y apóstatas.

Por tanto, a los ojos de la gente, el Fariseo era un hombre bueno y justo, mientras que el Publicano era la peor lacra de la sociedad. Sin embargo, Dios da una sentencia a estos dos hombres: El Fariseo no es justificado, en cambio sí el Publicano (cf. Lc 18,14)… ¿Por qué? Porque el Fariseo no se acusaba de pecado alguno y porque los que se creen sanos y ricos en gracia no tienen necesidad de la misericordia de Dios (cf. Lc 4,18; 5,31).

El resultado de esta sentencia divina no es dada en base al estado de ser de estas personas, pues ambas son exactamente igualmente pecadores ante Dios. Pero la diferencia radica en la opinión que tienen de sí mismos. Por eso, lo que debemos comprender de esta parábola es que todos estamos al mismo nivel de pecadores ante Dios. Nadie es justo ante Él. La diferencia está en la apreciación que hacemos de nosotros mismos: *o me considero a mí mismo bueno y justo, *o me considero a mí mismo malo y pecador.

Con esta parábola pretendo que tomemos conciencia acerca de cómo vivimos nuestra referencia cultual a Dios y nuestras expresiones de piedad.

Estamos ante un acontecimiento que se repite dos veces al año y que no pocos se esmeran por participar de él. Cabe, entonces, que nos preguntemos con qué disposiciones interiores nos acercamos: ¿vengo para que la gente me vea? ¿vengo sólo por cumplir? ¿vengo por una mera tradición familiar? ¿vengo porque procuro tener un punto a favor de parte de Dios? ¿vengo porque debo cumplir un promesa? O ¿vengo porque amo a Dios y a la Virgen María que me dejó como Madre? ¿vengo para agradecer las incontables bendiciones recibidas por intercesión de la Madre celestial? ¿vengo porque quiero cambiar mi vida y seguir el ejemplo de docilidad a Dios que veo en la Santísima Virgen María? ¿vengo para liberarme de larvadas supersticiones que se metieron en mi vida, a fin de confiar sólo en el poder, amor y fidelidad de mi Buen Padre, Dios? O ¿vengo como un dolido y arrepentido penitente a implorar el perdón de Dios y dispuesto a llevar en adelante una vida en sintonía con la enseñanzas de Jesús?

En fin, queridos hermanos, en nombre de ustedes y mío le clamo a la Pura y Limpia Concepción, presente en esta sagrada imagen, que nos siga orientando por el camino de la verdad, el buen obrar y el servicio a los más necesitados, para encaminarnos decididamente hacia el jubileo del año 2020, que ya fue declarado ‘Año Mariano Nacional’ y en el que seremos anfitriones del ‘IV Congreso Mariano Nacional’. Además, en abril de 2018, durante el septenario, se llevará a cabo el ‘Primer Encuentro Regional de Sacerdotes del NOA’. Es por esto, y por todo lo que tus devotos y peregrinos tienen en su corazón, que pongo en tu corazón de Madre todo lo que necesitamos, según los designios de Dios, para que nos lo consigas con tu intercesión. Muchas gracias, querida Mamá Achachita, por estar siempre y escucharnos. ¡¡¡Viva la Virgen del Valle!!!

Mons. Luis Urbanč, obispo de Catamarca
« VOLVER
Último Video
Bolívar 218, 3º Piso (1066)
Buenos Aires, Argentina
(54-11) 4343-4397
 

AICA es miembro de la:
Ingresar © Copyright 2020 | AICA | Todos los derechos reservados | Desarrollado por Triliton