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El sacerdote católico y la política
Declaración de monseñor Mario Cargnello, arzobispo de Salta (4 de mayo de 2015)

Algunos acontecimientos que son de dominio público exigen una reflexión que pretendo compartir con los fieles de la Iglesia en nuestra querida arquidiócesis de Salta y que, espero, sea útil para todo ciudadano de buena voluntad.

Como fue informado oportunamente a la comunidad, frente a la decisión unilateral tomada por el Pbro. Jorge Crespo de presentarse como candidato a diputado provincial, le he pedido que renunciara a la misma y regresara a su ministerio que había abandonado sin haber informado previamente. No hubo una respuesta positiva.

Seguí el procedimiento señalado por la Iglesia y tuve que tomar la dolorosa decisión de suspenderlo en el ejercicio de su ministerio. Por medio del Señor Vicario General, he pedido a las autoridades electorales que no permitieran el uso de nombres o distintivos sacerdotales en la propaganda electoral y se me informó que no es posible volver atrás en el permiso otorgado. Hice este pedido para evitar la confusión de los ciudadanos, más aún cuando la presentación para la candidatura se está haciendo “sacrificando el sacerdocio”, como se afirma en los volantes de propaganda. Quiero evitar que el error alimente una equivocación en la elección..

Este artículo intenta presentar brevemente lo que la Iglesia enseña acerca de la relación entre el sacerdote y la política.

1. Valoración positiva de la política
La Iglesia valora positivamente la actividad política hasta el punto de considerarla como una forma privilegiada de caridad social, por ello anima a los fieles laicos para que asuman sus responsabilidades en el servicio al bien común, que es la razón de ser de la actividad política.

2. Distinción y colaboración
Al mismo tiempo, el Concilio Vaticano II enseña que “la Iglesia , que por razón de su misión y de su competencia, no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno, es a la vez signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana” (1). Por ello destaca la independencia y autonomía mutuas entre la Iglesia y el Estado. Cada uno ha de actuar en su propio terreno y ambos colaboran en el servicio a la vocación personal y social del hombre. Esta colaboración ha de ser sana, buena y respetuosa de los ámbitos que son propios de cada uno.

3. El sacerdote ha de estar por encima de toda parcialidad política
Este es el marco dentro del cual se ha de valorar la actuación del sacerdote, que es ministro de Cristo y de su evangelio y, por ello, ministro de la Iglesia. En el Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros se enseña: “El sacerdote estará por encima de toda parcialidad política, pues es servidor de la Iglesia... No puede tomar parte activa en partidos políticos o en la conducción de asociaciones sindicales, a menos que, según el juicio de la autoridad eclesiástica competente, así lo requieran la defensa de los derechos de la Iglesia y la promoción del bien común” (2).

4. El laicado de Salta y su vocación política
Considero que el laicado de Salta está bien formado y son muchos los hombres y mujeres con vocación política a quienes les corresponde actuar por propia iniciativa en el campo político y social. Quiero expresar mi respeto profundo por todos los laicos que participan en la promoción del bien común considerándolo como un deber ético, que implica una conversión de todos los miembros de la sociedad (3). A los sacerdotes nos corresponde acompañarlos en la formación permanente de una recta conciencia.

5. Los sacerdotes, hombres al servicio de la fraternidad
Los presbíteros hemos de ser hombres al servicio de todos en clave de fraternidad espiritual. Tomar partido tiene el riesgo de dividir, por ello no debemos intervenir directamente en la acción política ni en la organización social. Reducir nuestra misión a tareas que son propias del mundo civil no es una conquista sino una gravísima pérdida para la fecundidad evangélica de la Iglesia entera. El reclamo constante de los laicos, de los pobres, de los enfermos, de los marginados, de los niños, de los jóvenes y de las familias lo testifica.

Conclusión
Pido al Señor y a la Virgen del Milagro que las próximas elecciones provinciales nos ayuden a crecer en madurez ciudadana y en compromiso real con nuestra querida Provincia. Agradezco a mis sacerdotes que, creciendo en fidelidad al inmenso regalo recibido de ser ministros de Jesucristo, el Buen Pastor resucitado, son generosos en su vida y en su tarea pastoral en la comunión de la Iglesia.

Mons. Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta
4 de mayo de 2015


Notas
(1) Constitución Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, 76.
(2) Directorio para el Ministerio y Vida de los presbíteros, 33
(3) Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1916
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