Agencia Informativa Católica Argentina
  |  
 
 
 
« VOLVER    Imprimir       Enviar por mail  | Compartir:      
El Año de la Fe y la Educación Cristiana
Mensaje de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, en el comienzo del año lectivo 2013 (1 de marzo de 2013)

Queridos hermanos:
El Santo Padre Benito XVI quiso que al comenzar el Año de la Fe se celebrara la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (octubre de 2012). Al término de la misma se dieron a conocer un mensaje, dirigido al Pueblo de Dios, y una serie de 58 proposiciones para trabajar sobre ellas en la acción pastoral, esperando la Exhortación apostólica que el Papa elaborará con los importantes aportes recibidos. Como nos encontramos en el comienzo de un nuevo año escolar, quiero dirigirme a todos los que se encuentran comprometidos en esta noble e importante tarea: a los educadores y a las familias de los niños y jóvenes, y también a estos, para acompañarlos en una circunstancia tan especial y recordar la enseñanza de la Iglesia a este respecto. Recurrimos sobre todo a los mencionados documentos procedentes del reciente Sínodo, situándonos en el Año de la Fe que estamos transitando.

La educación de los niños y jóvenes es una prioridad en la sociedad: les ofrece los instrumentos formativos para que lleguen a desarrollar plenamente su vocación y sepan poner sus capacidades al servicio de la comunidad. Tan importante tarea necesita cubrir los diferentes aspectos de la vida del hombre, y no limitarse a una preparación profesional y laboral o a la trasmisión de saberes meramente técnicos y especulativos, de manera enciclopédica. En una visión cristiana, tiene que alcanzar la dimensión espiritual, abriendo caminos para buscar el conocimiento trascendente y la plena satisfacción interior, que viene con él, pues en el encuentro con Dios, Creador de la vida, y término de nuestra búsqueda y causa de todo bien, hallará la felicidad cuyo anhelo está en todo corazón humano.

El Mensaje de los Padres sinodales, que hemos mencionado, habla de “nuevas oportunidades de evangelización” (n. 6), aunque no sin dificultades y contradicciones. Por su parte, la proposición 27, sobre Educación, llama a la educación una “dimensión constitutiva de la evangelización”.

La Iglesia ha atendido siempre a la acción educativa en colegios y establecimientos propios, y en la proposición correspondiente ya citada, se expresa: “Los Padres sinodales están agradecidos por la labor educativa llevada a cabo por miles de maestros, hombres y mujeres, en las instituciones educativas católicas de los cinco continentes”. Pero sobre todo la Iglesia alienta a los padres y madres de familia para que trasmitan a sus hijos la fe que los anima, para que creen los espacios de encuentro con Dios en la oración y la frecuentación de los sacramentos, para que los formen en el conocimiento de la doctrina del Evangelio y los animen con la palabra y el testimonio a practicar la fe y crecer en las virtudes, irradiando así desde el hogar los ejemplos que nos enseñó el mismo Señor Jesús. En su Mensaje dicen los Padres sinodales: “Desde la primera evangelización la trasmisión de la fe, en el curso de las generaciones, ha encontrado un lugar natural en la familia. En ella – con un papel muy significativo desarrollado por las mujeres, sin que con esto queramos disminuir la figura paterna y su responsabilidad – los signos de la fe, la comunicación de las primeras verdades, la educación en la oración, el testimonio de los frutos del amor, han sido infundidos en la vida de los niños y adolescentes en el contexto del cuidado que toda familia reserva al crecimiento de sus pequeños” (n. 7). La proposición 27, por su parte, indica que “las escuelas deben ayudar a las familias para introducir a los niños en la belleza de la fe … (ellas) ofrecen una gran oportunidad para trasmitir la fe o al menos que se conozca la fe”.

En este sentido, todo cristiano tiene que estar muy atento a la responsabilidad de ser testigo de su fe, y también a ejercerlo en su ambiente – familia, trabajo, sociedad. Especialmente esta misión compete a quienes tienen a su cargo a niños y jóvenes, que son más sensibles para adquirir los hábitos y los conocimientos que los ayudarán en su vida para enriquecer su persona y volcar en beneficio de los demás todo lo recibido. Los educadores cumplen una tarea importantísima, y en el respeto de las personas que les son confiadas por la elección de sus padres, son responsables de ofrecer una educación que les aporte a los niños cuanto puedan necesitar para desenvolverse en la vida y aprender en este proceso a volcarlo en bien de todos. Quiero insistir en el deber del educador cristiano, quien no puede dejar de lado su condición en su conducta y actitudes, y debe recordar siempre su compromiso de expresarlo en la hermosa misión que le ha tocado. A él le toca descubrir con el sentido de la fe y aplicando con inteligencia las ocasiones que se ofrecen, iluminar la conciencia de los niños y jóvenes, para hacerles ver el panorama integral de la existencia, orientándolos en la generosidad, el servicio, el amor a los hermanos, la responsabilidad social, con la recta aplicación de estos valores espirituales en la familia tal como Dios la ha dispuesto y en la sociedad. “Proclamar a Jesucristo Resucitado es acompañar a todos los seres humanos en su historia personal, en su desarrollo y en su vocación espiritual. La educación necesita, al mismo tiempo, promover todo lo que es verdadero, bueno y bello y que es una parte de la persona humana, es decir educar la mente y las emociones para apreciar la realidad” (proposición 27).

La llamada que nos dirige la Iglesia a todos los bautizados en el Año de la Fe nos invita a comprometernos en la “nueva evangelización”. “No se trata de comenzar todo de nuevo, … (sino de) vivir de un modo renovado nuestra experiencia de fe y el anuncio, mediante una evangelización ‘nueva en su ardor, en sus métodos, en sus expresiones’ … como dijo Juan Pablo II”, expresa el Mensaje del Sínodo (n.2).

Concluyo este saludo en el inicio del año lectivo con una invitación muy cordial a los educadores católicos para que consideren con seriedad y empeño el compromiso de su fe, para volcar en su tarea y vocación los dones que Dios nos ha revelado, y que tienen que ser puestos en las almas de los niños y ejercitados en la vida de los jóvenes. De manera especial esta recomendación se dirige a los responsables de las escuelas católicas, diocesanas y congregacionales, para que el testimonio de vida, la práctica sacramental, la oración y la vida espiritual, la capacitación doctrinal, se fortalezca en toda la comunidad, irradie en los educandos y alcance beneficiosamente a los padres y familiares de los niños y jóvenes.

Con mucho afecto, los saluda y bendice

Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio
« VOLVER
Último Video
Bolívar 218, 3º Piso (1066)
Buenos Aires, Argentina
(54-11) 4343-4397
 

AICA es miembro de la:
Ingresar © Copyright 2019 | AICA | Todos los derechos reservados | Desarrollado por Triliton