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¿Cómo y para qué conocer a Jesucristo?
Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el domingo 24 de noviembre de 2013

La interpretación triunfalista de la festividad de Cristo Rey que celebra la Iglesia Católica cómo síntesis de las celebraciones del año litúrgico, es una de las señales más claras del desconocimiento de quién es Jesucristo, en una inmensa mayoría de católicos.

Jesús proclamó su reinado…su señorío universal… en momentos de ser condenado a morir crucificado. Insólito. El mundo al revés. Reinar desde la Cruz sigue siendo una locura para una mayoría de nuestros contemporáneos.-Dentro mismo de la Iglesia, sino adversidad o indiferencia hay incomprensión del misterio que se juega en el hecho de Jesucristo levantado en la Cruz ha creado un mundo de hermanos, de amigos. No se entiende que la muerte de Jesús restableció todas las relaciones del ser humano. De modo primordial la de la convivencia fraterna que hace posible saborear la amistad.

El fruto de la muerte de Jesús es el reencuentro de persona a persona tan profundo como cada persona lo requiera. Y esto es la amistad

La relación de amigos es un intercambio frecuente, perseverante, de gestos, actitudes, comprensión, aceptación, conocimiento de pensamientos y sentimientos.

Se puede aceptar el pensamiento de los grandes Maestros, que han existido; reconocer su grandeza intelectual y hasta admirar sus bondades: pero una vez muertos la relación de amistad se ha roto. Con un muerto la amistad es imposible. Falta la reciprocidad Queda el recuerdo hasta de suprema admiración…pero, memoria al fin; No hay presencia, requisito para entablar y mantener una amistad. La muerte es ruptura de relaciones. Salvo la de Jesús porque al morir pasó a la Vida Plena. Dios lo resucitó, proclamamos en nuestra Fe Cristiana. Jesús al morir cobra una más honda presencia en la historia humana. Presencia humana-divina. El hombre histórico Jesús, ha cobrado una nueva dimensión existencial cuya expresión más cercana a la nueva realidad es la de resurrección. Es una indecible presencia, captada por quiénes lo aceptan en la FE y continúa en la relación humana de amistad con mayor intimidad y densidad de persona a persona. Presencia real que a lo largo de su vida histórica anticipó y prometió realizarla con quiénes se detuvieran a entablar diálogo con El (Mateo 18,19-20). Hecho que comenzó a realizarse cuantas veces sus discípulos hasta nuestros días lo aceptaron en sus propias vidas como el Compañero, el Maestro, el Camino para encontrar la Verdad, la Alegría y el Amor, la Paz y la Felicidad personal. Iniciaron un trato de persona a persona tal cual se establece una amistad. Y hoy, quién pretenda relacionarse con Jesús Resucitado ha de seguir estas mismas instancias que los primeros seguidores escucharon de sus propios labios:
  1. Pronunciar su Nombre confiando en su amistad. La confianza es el inicio del trato mutuo que lleva a afianzar la amistad. La práctica de invocar su Nombre: ¡Jesús!
  2. n]Leer los Evangelios[/n] con serios comentarios con intención de un encuentro personal con Jesucristo en su vida actual de Resucitado a nivel de FE. Es un proceso para afianzar la amistad y adquirir criterios y actitudes de Jesús Maestro de la vida…
  3. La amistad suprema es convivencia y participación de una misma vida. Jesús nos dejó esta posibilidad, es lo que llamamos Misa. Cuando bien se participa se logra la comunión de persona a persona en forma original y única. El ser humano sin perder su identidad personal logra una fusión tal de vida con Jesús Resucitado que al decir paulino quién comulga con Cristo puede exclamar “Vivo yo más no yo sino que es Cristo quién vive en mi” Es la suprema e inigualable convivencia de amistad sólo superada en la vida celestial.Es suprema intimidad de dos personas. Es la experiencia de dos vivir una misma vida sin diluirse en uno en el otro, Es la originalidad de la vida cristiana, experiencia de convivencia de Dios en el ser humano…Es la originalidad de¡¡¡ un Maestro que murió pero resucitó!!!
Ver en cada necesitado (pobre, enfermo, preso, etc.) y atenderlo tal como uno lo haría con el mismísimo Jesús. (Mateo 25,31-)
Me despido cordialmente hasta un nuevo año litúrgico ofreciendo responder las preguntas que suram sobre el tema del “encuentro con Jesucristo nuestro Señor”

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma
mehm@fibertel,com,ar
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