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El Valor Supremo de la Vida
Carta de monseñor Santiago Olivera, obispo castrense (Buenos Aires, 13 de junio de 2018)

Queridos Padre y hermanos todos de la Diócesis Castrense:

En estos días, la vida se ve acorralada, con argumentos falaces, que en nada logran significar la realidad de este bien supremo que siempre debemos custodiar, cuidar, proteger y defender.

Junto con una defensa valiente y comprometida del valor supremo de la vida, nos cabe también la reflexión personal y comunitaria de repasar sinceramente cómo hemos predicado el Evangelio a nuestra gente del mundo castrense para fundamentar y sostener su compromiso como Discípulos-Misioneros junto con sus convicciones morales para ser Testigos y Misioneros de la Vida. Seguramente tendremos que reconocer, humildemente, que quizás nos ha faltado constancia, dedicación y valor para plantear la Verdad del Ministerio de la Vida y del Don precioso de esa Vida que Dios nos comunica y nos comparte.

Cuando algún valor de la condición humana se ve amenazado, para nosotros Discípulos de Cristo, aparece un nuevo desafío para fortalecer la entrega, el compromiso y la audacia de redoblar esfuerzos e iniciativas promoviendo la formación de la conciencia de aquellos que el Señor nos ha confiado, para que cada uno como levadura en la masa, pueda ir transformando su ambiente y su realidad.

Quisiera comprometerlos, en esta oportunidad, a expresar claramente la opción por la Vida, sobre todo la que se está gestando y la vida que ya se despide de este mundo terrenal, acompañando en su comunidades a todos aquellos hermanos que dudan, con palabras firmes, claras e inspiradas en la más recta y clara doctrina de la Iglesia sobre el Valor de la vida humana, como también a todas aquellas mamás que están embarazadas y a los abuelos que recorren el tramo final de sus vidas en nuestro mundo.

Con el Santo Padre Francisco, reafirmamos: “no puede ser real un sentimiento de intima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos” como “tampoco es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto” y además, “a veces se advierte una obsesión por negar toda preeminencia a la persona humana, y se lleva adelante una lucha por otras especies que no desarrollamos para defender la igual dignidad entres los seres humanos” (Encíclica Laudato si’) y concluimos: “la defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte” (Exhortación Apostólica, Guadete et Exultate, 101).

Quiero agradecer a todos los que se han movilizado, a los diputados que se han manifestado clara y valientemente en defensa de la vida. Dios, sin duda, recompensará con creces, pero nosotros les agradecemos rezando y acompañando. Sabemos de lo que ha significado la lucha, en muchos con tensión presiones.

En este día se votará. Nuestra defensa de la vida y toda vida debe seguir para iluminar y formar a todos nuestros hermanos y nuevas generaciones. Argentina dice SI a la Vida.-

Hoy más que nunca, tenemos necesidad de renovar la súplica al Señor de la Historia, con la Oración por la Patria: “¡Jesucristo, Señor de la Historia, te necesitamos!”.

Mons. Santiago Olivera, obispo castrense
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