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Primera Jornada Mariana en el año del 30º aniversario del Acontecimiento Mariano
Homilía de monseñor Pedro Luis Ronchino, obispo emérito de Comodoro Rivadavia en la misa de la Primera Jornada Mariana de 2013, en el que se cumplen 30 años del Acontecimiento Mariano (Santuario de María del Rosario de San Nicolás, 25 de enero de 2013)

Hoy el señor providencialmente nos pone frente a dos aspectos muy complementarios, instantes en la historia pero unidos en la profundidad de los designios de Dios. En primer lugar un mensaje extraordinariamente fecundo del día de hoy es: “Dios nos ama”.

Estamos acostumbrados a escuchar esta palabra; es como las monedas, las que son muy usadas al fin no dejan ver la figura de tanto desgaste y esto del amor también es así. Pero cuando se aplica a Dios tiene otro significado. No decimos “Dios tiene amor”, decimos “Dios es amor”.

Y tenemos dos hechos formidables, impensables, Dios hace de un perseguidor, Pablo -y conste que iba bien preparado ya que tenía la documentación de los Jefes de los sacerdotes para poner presos a los que creyeran en Jesucristo en Damasco-, a ese hombre, no con violencia sino con una profundidad de amor, Dios lo ciega momentáneamente a la visión superficial para abrirle luego los ojos a una visión distinta, extraordinaria. Lo más increíble de este caso es que este hecho es exclusiva iniciativa de Dios. Dios podía darle una sanción a éste que iba a perseguir a sus discípulos. No, le da un premio, el premio de la conversión, por lo tanto el primer mensaje de hoy es “Dios es Amor”.

Pero también con el recuerdo de nuestra querida madre María es el mismo mensaje en su aparición, en su comunicación con nosotros es pura iniciativa. ¿Quién hubiera podido pensar antes?, es iniciativa de Ella y lo que sabemos de esta iniciativa es el comienzo. Luego vendrá la plenitud. Y María, aquella que el Señor nos envió, tiene también en su manifestación con todos nosotros, esa dulzura, esa ternura de madre que es única. Por eso es una manifestación del amor de Dios.

Esta es la primer parte del mensaje de hoy: “Dios es Amor”. De un perseguidor Dios hace un propagador; de un ámbito donde nadie podía pensarlo Dios nos envía a la Madre de su Hijo para que nos manifieste su ternura que no es otra cosa que la expresión de la expresión de la ternura del amor de Dios”.

El segundo mensaje de hoy es que paradojalmente Dios tomó la iniciativa de enceguecerlo a Pablo de lo puramente humano para luego abrirlo a los ojos de la Virgen, pero no obró directamente, lo hizo a través de Ananías. El que tenía su plan evidentemente, por eso mismo que tenía su plan, hizo que fuese enviado a la iglesia, a las autoridades de la Iglesia, las cuales le iban a decir lo que Pablo había preguntado “Qué debo hacer?”. “Se te va a decir en la Iglesia”. Y esto es también lo que Pablo aprendió. Ya después de un tiempo de estar preguntando fue a tomar contacto con Pedro, aquel que Jesús había puesto al frente de la Iglesia, como dice El mismo, para no haber trabajado en vano. Los planes de Dios están vinculados por su voluntad, a su iglesia que él instituyó. Si nos dirigimos a María también vemos cómo en sus mensajes constantemente no hace más que vincular con la visión de la iglesia. Entonces tenemos un doble mensaje: “Dios es amor” “Dios confía a la iglesia la realización de sus mensajes.”

Año de la Fe
En tercer lugar quiero recordar que estamos en el año de la fe, que el Papa Benedicto XVI ha instituido y él mismo, en este documento que es la Carta Apostólica, La Puerta de la Fe, dice: “La puerta de la fe que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su iglesia está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida”.

Por eso, en este sentido nosotros podríamos decir, sin querer cambiar sino completar el pensamiento del Papa, si la puerta de la fe es Jesús en su palabra, María podríamos decir que es la llave, porque la puerta para poder ser abierta necesita de la llave y el hijo de Dios pudiera haber entrado en el mundo de cualquier manera pero quiso hacerlo a través de María, a través de una madre que le diese la naturaleza humana. Entonces, en los planes de Dios María no es un elemento accidental. Por voluntad de Dios es un elemento insustituible. Por lo tanto en este año de la fe pidámosle a María que verdaderamente nos abra la puerta que es Jesús, que nos lo entregue totalmente, que nos diga como dijo en Canáa “hagan todo lo que El les diga”.

Por eso esta celebración de hoy tiene esta particularidad de unir estupendamente la figura de Pablo que Dios transforma de un perseguidor en un apóstol y la figura de María, presente en esta comunidad y nos dice que ambas se complementan. Agradezcamos a Dios tanto amor. María es la facilitación para que Dios actúe”.

En este año de la Fe, precisamente, para poder tener abierta para nosotros esa puerta de la fe que es Jesús, pidámosle a nuestra querida madre que siempre esté con nosotros.

Esta unión de María con Jesús en el Año de la Fe puede cambiar todo. Pidámosle a la Virgen que nos ayude para que la podamos seguir. Que esa llave funcione siempre. Que podamos estar junto a Jesús; entrar por puerta y dejarnos cambiar completamente. Qué ternura esta frase de nuestra Madre: “que todos mis hijos sepan que camino junto a Jesús. Que siempre la sintamos cercana; que siempre escuchemos dócilmente; que siempre podamos decir “El cambio es posible”.

Por eso, que este año, en todos los órdenes de nuestra vida personal, familiar, social podamos decir: “Gracias María porque nos abres la puerta de la fe que es Jesús y la fe cambia completamente todo: de mal a bien, de bien a mejor”. Que así sea”.

Mons. Pedro Luis Ronchino, obispo emérito de Comodoro Rivadavia
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