 Virgen del Rocio |
Este domingo de Pentecostés se realizó la procesión o fiesta popular de la Virgen del Rocío, llamada también la Blanca Paloma, que reunió a numerosas familias, sobre todo de origen español que viven en Rosario.
La romería salió a las 14 de la Plaza López en la avenida da Carlos Pellegrini y Buenos Aires, marchando por las calles de la ciudad santafesina, hasta el altar colocado en la explanada del Monumento a la Bandera.
La imagen de la Virgen fue llevada sobre una carreta, acompañada por varios jinetes hasta el Pasaje Juramento, desde donde fue portada en andas hasta el altar.
Acompañó la procesión el arzobispo de Rosario, monseñor José Luis Mollaghan, quien presidió la misa de Pentecostés concelebrada por sacerdotes arquidiocesanos y de la que participaron seminaristas. Asistió a la celebración eucarística el intendente de Rosario, ingeniero Miguel Lifschitz, y el cónsul de España junto con su familia, así como otras autoridades del Municipio y de la Ciudad.
Después de la Eucaristía se cantaron y bailaron sevillanas delante de la venerada imagen como ofrenda de sus fieles, ataviados con trajes típicos.
Monseñor Mollaghan recordó en la homilía que “Pentecostés no es sólo un hecho del pasado, no es un lindo recuerdo, ni tampoco una bella página de la historia: Pentecostés es celebrar al Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, en la culminación de la Pascua, que nos renueva con sus siete dones, porque el amor del Señor no pasará jamás. La Iglesia vive del Espíritu Santo, necesita al Espíritu Santo, porque es su alma”.
“El Espíritu Santo también actúa en los cristianos para hacerlos verdaderos discípulos y misioneros, y despliega su gracia en la Iglesia para que anunciemos a Cristo, y renazcamos cada día mediante la Palabra de Dios, la Eucaristía y los sacramentos”.
Tras exhortar a pedir el soplo del Espíritu Santo para alcanzar la unidad de los cristinos, alentó a participar de la semana de oración con esta intención, a fin de que “seamos un solo rebaño y un solo pastor”.
Monseñor Mollaghan rogó a Dios por una pronta solución pacífica en nuestros campos, pidiendo para que continúe vivo el diálogo, como camino para alcanzar las soluciones justas”.
“Un diálogo fecundo, aún con aspectos variados y difíciles que puede presentar, un diálogo que regule las necesidades, a la luz de un lenguaje razonable y sincero, desinteresado, objetivo y leal, con equidad y paciencia; que siempre esté abierto a la solidaridad y al bien de todos, especialmente de los que menos tienen”, concluyó.+ |