 Multiplicación de los panes |
“Muchas veces nos preguntamos: si Dios todo lo puede ¿por qué hay tanta hambre en el mundo, gente que no tiene qué comer y algunos que mueren de hambre y desnutrición? ¿No será que entre tantos que tienen mucho y nadan en la abundancia de bienes, no hay alguno que ofrezca un poco de lo suyo para que Dios remedie el mal de muchos? Dios quiere que el hombre aprenda a vivir con la conciencia de que es necesario compartir entre los hermanos, al menos lo superfluo para él”, explicó el obispo de Puerto Iguazú, monseñor Marcelo Martorell.
Sin embargo, lamentó, “los hombres nos cerramos en el egoísmo y algunos en la acumulación de bienes sin tener presente a Dios y por ende a los hermanos”.
Tras subrayar que “cuando las personas hacemos de nuestra parte -siguiendo el mandato de Jesús- la caridad y la justicia, entonces Dios omnipotente y siempre misericordioso, no deja de intervenir haciendo fructificar las obras buenas”, recordó que “Dios nos está llamando siempre a las obras buenas en favor de nuestro prójimo”.
“Tener siempre presente las necesidades ajenas -que en el misterio de la vida cristiana son de todos- nos insta a hacernos participes de la vida de nuestros hermanos, no sólo con palabras buenas, sino con obras concretas en orden al bien. El Apóstol Santiago nos dice que ellas van unidas a la fe y la fe va unida a las obras”, indicó.
Por último, monseñor Martorell sostuvo que “no es casualidad que los gestos y palabras de Jesús en esta ocasión sean semejantes a los gestos y palabras de la institución de la Eucaristía. Luego de haber saciado el hambre del cuerpo, Jesús proveerá de una forma maravillosa a curar el hambre del espíritu. Alimentados de un único pan, el Cuerpo de Cristo, los fieles formamos un solo cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo. Si somos uno en Cristo esta realidad debe manifestarse en la vida cotidiana. Por eso, caridad y solidaridad entre los hermanos, ese es el mandato del amor de Cristo Jesús”.+ |