 Tiempo de Adviento |
En una carta pastoral por el Adviento, el obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Sarlinga, considera que este tiempo de preparación a la Navidad tendría que ser “un tiempo de reflexión acerca de cuál es nuestra actitud de vida hacia quien se siente solo, abandonado, deprimido, fracasado, ante quien ya no tiene razones para creer o para esperar, y me refiero a esperar ‘con esperanza’”.
“Es una privilegiada oportunidad de revisar en nosotros nuestra actitud para quien sufre enfermedad, miseria y dolor, o marginación”, subraya en su mensaje, e invita a que, “lejos de toda autocomplacencia, o de formas -por nuestra poquedad, a veces sutiles- de demagogia”, a procurar ver “con los ojos de la fe esa ‘nueva dimensión del sufrimiento humano’ de la que hablaba el Siervo de Dios Juan Pablo II en su encíclica sobre el sufrimiento, "Salvifici doloris" y a procurar vivir cada día más la Misericordia, que supone pero trasciende la Justicia, y que liga aquélla (esa nueva dimensión) al amor que todo lo transforma”.
“Pongamos atención, les pido, en no disociar: precisamente, porque el amor todo lo transforma, nuestra renovación del Adviento ha de llevarnos a poner también, con renovado ardor, nuestras fuerzas, dones, carismas, dotes, ‘al servicio’ de los hermanos; todo espiritualismo y todo materialismo ha de ser descartado. En esto radica la perenne novedad del cristianismo. No hay otro ‘poder’ mayor; es el de dar, día a día, la vida por ‘los amigos’ y también por quienes no nos aman o quienes nos hacen daño”, subraya.
Tras reconocer que “humanamente, es difícil, alguna vez incluso torturante, el querer perdonar (y no siempre poder)”, recordó que “nada, sencillamente nada es imposible para Dios”.
“Nos ayudará en esto la penitencia –sugiere-, pues Adviento es tiempo penitencial. Ofrecer, ofrecerle a Dios cosas que nos cuestan hacer -o dejar-, cosas que nos autocomplacen, que nos dan ‘seguridades’ humanas. Es una actitud penitencial que Dios, que todo lo ve, no dejará sin recompensa”.
Por último, monseñor Sarlinga llama pedir a María, Madre de la Iglesia, en su advocación de Nuestra Señora de Luján, patrona de la diócesis y de la Argentina, que “nos ayude a la purificación de los ojos -los espirituales y también los exteriores- purificación de la mirada, como la gracia que obtuvo el centurión del Evangelio”.+
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