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INTERVENCIÓN del cardenal HUMMES
Intervención del cardenal
Claudio Hummes, OFM,
Prefecto de la Congregación para el Clero
(Aparecida, 16 de mayo de 2007)
1. Situación
social y económica
La
globalización, hoy vigente en el mundo, llegó también a América
Latina y al Caribe, pero con altos costos sociales. De hecho, para
adecuarse a los nuevos tiempos en los que el mercado es soberano,
los países emergentes tuvieron que hacer grandes ajustes para la
apertura de su economía al mercado globalizado y esto exigió enormes
costos sociales, entre ellos, una devastadora destrucción de lugares
de trabajo, generando un nuevo ejército de desempleados que se sumó
a lo ya crónico desempleo. El desempleo es quizás la mayor y más
fuerte llaga social del continente. No se niega que la globalización
haya traído también beneficios y progreso, pero para una parte
significativa de nuestra población trajo un desempleo sin
perspectivas. Meses atrás fue publicada en São Paulo una pesquisa
social que mostró haber en el Gran São Paulo un millón de jóvenes
sin trabajo y sin escuela, no porque no quieran trabajar y estudiar,
sino por la falta de oportunidad. Lamentablemente, muchos de estos
jóvenes terminan en la droga y en la violencia.
Todo esto
indica que la Iglesia deberá empeñarse aún más en la solidaridad
para con los pobres, a la luz de Jesucristo. La opción por los
pobres, no ideológica sino orientada por la Doctrina Social de la
Iglesia, continúa actualísima. Además, el Santo Padre en su discurso
inaugural de esta V Conferencia subrayó que “la opción preferencial
por los pobres está implícita en la fe cristológica”.
2. La nueva
situación política
Hoy, en un
mundo globalizado, en que se forman nuevas agrupaciones de países,
mediante tratados de libre comercio y hasta mismo cierta unión
política, también América Latina busca unir sus países, sea con
tratados de libre comercio, como el Mercosur, sea buscando también
una unión política del continente, a semejanza de la Unión Europea.
Esta búsqueda de mayor unidad se volvió imperativa, promisoria y
positiva para que el continente tenga un porvenir real. La Iglesia
Católica, que desde el tiempo colonial siempre unió estos pueblos
bajo el aspecto religioso, podría ofrecer su experiencia y su luz
evangélica para este proceso de unión.
3. La nueva
situación religiosa
De un lado, la
cultura post moderna y urbana está en expansión en América Latina y
hace sentirse principalmente en las capas más instruidas de la
población, en los medios y en la política. Se caracteriza por un
individualismo y subjetivismo extremados, que se manifiestan en el
pluralismo, en el relativismo, en el secularismo y en el
permisivismo moral, bajo el pretexto de una autonomía subjetiva que
rechaza la normatividad de una verdad fundante y universal. Al mismo
tiempo, crece un laicismo militante y anti religioso.
Por otro lado,
las Sectas pentecostales y neo pentecostales se expanden. De hecho
la Iglesia Católica perdió, por ejemplo, en Brasil, en las últimas
décadas anualmente cerca del 1% de sus miembros, sabiéndose que la
mayoría pasó a las Sectas. Hay que añadir que las Sectas crecieron
principalmente en las periferias urbanas pobres.
No se trata de
hacer un conflicto con las Sectas, pero de preguntarnos lo que
podemos hacer nosotros para ir al encuentro de los católicos
alejados y de los pobres de nuestras periferias para revitalizar su
fe católica. La falta de evangelización de aquellos que nosotros
bautizamos es la causa principal de este fenómeno. También la
pobreza y el desarraigo social y religioso del pueblo que vino del
campo para las periferias pobres de la ciudad, son otra causa. A
todos éstos, las Sectas buscan atraer.
Urge también
una evangelización adecuada de los jóvenes y del mundo de la
educación. Allí se forma el porvenir de la sociedad. Igualmente,
necesitamos evangelizar el mundo de los medios, los grandes medios
de comunicación, que forman la opinión pública.
4. Propuesta
Todo indica que
el tema de esta V Conferencia “Discípulos y misioneros de
Jesucristo, para que en Él nuestros pueblos tengan vida”, fue una
elección muy acertada. De hecho, la Iglesia en América Latina y en
el Caribe necesita decidirse a ser resueltamente una Iglesia
misionera adentro de su propio territorio, para salir en búsqueda de
los católicos alejados y de todos que poco o nada conocen de
Jesucristo y su Reino. Es necesario organizar los laicos de las
parroquias, darles una formación básica sobre el kerigma evangélico
y con una metodología misionera adecuada enviarlos a visitar a las
familias, sobretodo en las periferias pobres. Es necesario oír las
personas que tanto tienen a decirnos sobre sus sufrimientos y
miserias, sus alegrías y aspiraciones, después rezar con ellas,
anunciarles de nuevo la persona de Jesucristo y conducirlas a un
fuerte encuentro personal y comunitario con Cristo, para despertar
la adhesión personal a Él y así se vuelvan sus discípulos. Nuestro
pueblo necesita sentir más el calor y la proximidad de su Iglesia.
Al mismo tiempo, será necesario ejercer una solidaridad concreta y
eficaz para con los pobres, pues evangelización y promoción humana
no pueden separarse.
Esta V
Conferencia debiera, por lo tanto, decidirse por una gran misión
continental permanente, como le viene siendo sugerido por muchos que
participaron vivamente de su preparación.
Para esta
misión los presbíteros y los diáconos permanentes serán agentes
fundamentales e indispensables en las parroquias y en los diversos
ambientes de la sociedad. Ellos serán decisivos para el éxito de la
misión. La formación en nuestros seminarios y la formación
permanente de nuestro clero deberían asumir como tarea urgente el
despertar de este espíritu misionero. |