NECESITAMOS EVANGELIZAR LA
CULTURA
Alocución
televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el
programa “Claves para un mundo mejor”
(Sábado 5 de septiembre de 2009)
“Días
pasados estuve en la Ciudad de Asunción, en Paraguay, participando
del “IV° Encuentro de Responsables de Centros Culturales
Católicos del Cono Sur” y allí tomé conciencia de cuanta gente
ve este programa, “Claves para un Mundo Mejor”, en ese país”.
“Aprovecho entonces para saludar a los hermanos paraguayos que nos
están viendo. Debo decirles que me llamó la atención que resulté ser
bastante conocido, por lo menos entre las personas con las cuales
estuve en aquellos días y me mencionaban esta presencia semanal
televisiva”.
“Ese
encuentro ha sido importante porque, como ocurre periódicamente, ha
servido para revisar un propósito fundamental de la Iglesia hoy día.
Esto es la evangelización del cultura”.
“Este
nombre, este concepto de “Evangelización de la Cultura” u otro que
es recíproco y prácticamente sinónimo que es “Inculturación del
Evangelio” se ha convertido en un lenguaje común en el discurso
pastoral de nuestros días pero apunta a algo que ha ocurrido
siempre. Cuando Jesús envió a sus apóstoles, antes de volver al
Padre, les brindó un mandato misionero: “vayan y hagan que todos los
pueblos sean discípulos míos”.
“Ese
mandato podría traducirse o interpretarse así: vayan e inculturen el
Evangelio en todas las naciones. O bien: vayan y evangelicen,
cristianicen todas las culturas. Por eso el Papa Juan Pablo II
sostenía que la fe no arraiga plenamente en un pueblo si no se hace
cultura. Es decir sino impregna los criterios de juicio, los valores
determinantes, las líneas de pensamiento, los modelos de vida de un
pueblo. La cultura es, en el fondo, el estilo de vida de un pueblo
determinado”.
“Ahora bien: la presencia del cristianismo en el mundo, la presencia
de los cristianos que son portadores de la luz y la gracia del
Evangelio, tiende a impregnar la vida concreta de una población, a
hacerse cultura”.
“En
nuestros días, nosotros encontramos problemas muy serios en este
capítulo de la misión pastoral de la Iglesia”.
“Tanto en América Latina como en la Argentina existe un sustrato
cultural que, desde sus orígenes, está marcado por la fe cristiana.
Ha quedado mucho de aquella primera evangelización y de los aportes
posteriores de tal manera que podemos decir que en los pueblos de
América Latina hay una concepción bíblica del hombre, hay una
referencia esencial a los principales misterios de la fe cristiana
como Cristo Salvador, a su Pasión y Resurrección, a la Virgen
Santísima como Madre del Pueblo y de la Iglesia”.
“Sin
embargo ese sustrato cultural fue alterado por la presencia de
ideas, de modelos de conducta, de ideologías contrarias a esta
tradición cultural originaria, y contrarios a la Palabra de Dios, al
Evangelio, a la predicación cristiana”
“Entonces la evangelización de la cultura, en este momento, supone
no solo un acercamiento, una empatía para conocer cual es el terreno
en el cual nos estamos moviendo sino también un discernimiento
crítico. Esto es que sepamos detectar donde están los desvalores que
afectan a ese sustrato cultural para irlos purificando y para ir
transformando desde dentro esa cultura vívida de tal manera que ella
sea plenamente humana y que responda a los valores fundamentales que
recibimos de la revelación de Cristo”.
“La
V° Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en
Aparecida, en Brasil, proponía que cada bautizado, cada miembro de
la Iglesia se reconozca a sí mismo como discípulo misionero de
Jesucristo. Allí está la clave: como se transforma, como se
cristianiza esta cultura a la cual vemos tantas veces con
indiferencia, con hostilidad, respecto de los valores cristianos y
que, por tanto, está también en trance de una progresiva
deshumanización”.
“¿Cómo se la transforma? Sólo por la presencia testimonial y
coherente de cristianos que vivan de un modo auténtico su fe. Es
decir que sean verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo.
¿Para qué? Para que Cristo sea reconocido como el salvador del mundo
y el Señor de la historia y para que nuestros pueblos, los pueblos
de América Latina, tengan vida plena en Él. Hasta la semana próxima
si Dios quiere”
Mons. Héctor Aguer,
arzobispo de La Plata |