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Navidad 2006
Mensaje
del cardenal
Jorge Mario Bergoglio, SJ, arzobispo de Buenos Aires para la Navidad 2006
A los Sacerdotes, consagrados, consagradas y fieles de la Arquidiócesis:
“María
dio a luz a su Hijo primogénito,
lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre,
porque no había lugar para ellos en la posada”
El texto de
Lucas nos presenta con sencillez y sobriedad una cálida crónica del
acontecimiento que celebramos en cada Navidad. Cautelosamente van apareciendo
los diversos personajes de esta historia que recrean nuestros pesebres y que han
quedado inmortalizados por el genio de tantos pintores y poetas. La sencillez de
la escena nos introduce en la novedad siempre sorprendente de Dios y su manera
de manifestarse al mundo.
A pesar de
revivirlo cada año necesitamos volver a sorprendernos por un Dios que elige “la
periferia” de la ciudad de Belén y la “periferia existencial” de los pobres y
marginados del pueblo de ese momento para manifestarse al mundo. Y junto con
ellos, nos acercamos al pesebre y, allí, vemos a María, la mujer creyente y de
trabajo que tuvo el coraje de confiar en Dios. Junto a ella está José, el hombre
justo y bueno que prefirió creerle a Dios antes que a sus dudas. Así Dios se nos
revela en el amor y abnegación de una sencilla pareja creyente, en lugar del
aparente esplendor de los que confían en sus propias fuerzas.
Dejemos que
nos invada la sorpresa al descubrir que Dios se nos manifiesta a nosotros como a
aquel grupo de pobres pastores que vivían al desamparo de los hombres y no a
los escrupulosos guardianes de las leyes y las costumbres.
Las ovejas,
el burro, el buey, a esas sencillas criaturas también se manifestó Dios y no al
mañoso Herodes que luego buscaba al niño para matarlo.
Sin embargo,
la sorpresa más grande es que Dios se manifiesta en un niño pequeño, pobre y
frágil. Así es Dios que se manifiesta en Jesús: Dios que escoge lo pequeño para
confundir a los fuertes.
Sorpresa que
también se hace noticia buena: Dios está al alcance de todos los que se dejan
desinstalar por la pedagogía del pesebre y acogerla como camino transformador de
vida.
El relato
nos cuenta que los pastores contaron “lo que les habían dicho acerca de ese
niño”. Tenían algo grande para contar sobre ese niño y lo que a ellos les había
ocurrido.
Éste es el
llamado que la Navidad
nos
hace. También nosotros tenemos algo para contar sobre ese niño, nuestra fe tiene
algo que decirle a un mundo “que camina en tinieblas y sombras de muerte”.
También
nosotros, pueblo de Dios que peregrina en Buenos Aires, durante estos años
descubrimos que necesitamos “cuidar nuestras fragilidades”
(1)
y, para ello, pedimos que el Espíritu Santo nos ayude “renovar nuestro fervor
apostólico”
(2)
y a caminar
“en estado Asamblea”
(3)
creando “un
estilo común”
(4)
que haga de nuestra ciudad “un gran santuario”
(5).
Este año, particularmente, quisimos encontrarnos como familia y acercarnos a esa
porción del pueblo de Dios que llega a nuestras comunidades en momentos
especiales para compartir con ellos, en la oración y la petición confiada, las
angustias y esperanzas que nos mueven el corazón.
Ahora,
siguiendo la pedagogía del Señor de la historia, queremos que
los
más alejados, aquellos que como los pastores viven y experimentan la “periferia
de la vida”, encuentren en nuestra cercanía una presencia que les hable de Dios
que nos ama, de Dios que es ternura y viene a nosotros, a todos, a cada uno,
para darnos vida y vida en abundancia, para hacernos felices, para que vivamos
en justicia, verdad y paz. Acercándonos a todos, especialmente a los que más
necesitan iremos descubriendo, no sin sorpresa y de un modo vital, cómo ser
iglesia en Buenos Aires, testigos de una esperanza que es “alegría para todo el
pueblo”.
Que el Señor
nos bendiga, nos de la paz y la Virgen madre nos enseñe a cuidar a Jesús que
vive en nosotros.
Card.
Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Notas:
[1]
Año 2003
[2]
Año 2004
[3]
Año 2005
(4)
Año 2006
[5]
Año 2006 |