|
140º ANIVERSARIO DE LA ORDENACIÓN
SACERDOTAL DE JOSÉ G. BROCHERO
Declaración
de la 144ª Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia
Episcopal Argentina (23 de agosto de 2006)
El próximo 4 de
noviembre se cumplirán 140 años de la ordenación sacerdotal del
Venerable José Gabriel del Rosario Brochero. Por este motivo los
Obispos de Argentina queremos recordar y celebrar esta figura
sacerdotal que refleja de modo particular el rostro de Cristo
sacerdote, profeta y pastor de su Pueblo.
El Cura
Brochero nació el 16 de Marzo de 1840 en un paraje llamado “Carreta
Quemada” en las cercanías de Santa Rosa del Río Primero (Pcia. de
Córdoba) siendo bautizado al día siguiente de su nacimiento en la
Parroquia de Santa Rosa. A los 16 años entró al Seminario Mayor de
Córdoba “Nuestra Señora de Loreto” en donde recibió su formación
sacerdotal y en las aulas de la Universidad de Córdoba cursó sus
estudios filosóficos y teológicos. Fue ordenado presbítero el 4 de
noviembre de 1866 por el Obispo José Vicente Ramírez de Arellano y
preside su Primera Misa en la Capilla del Seminario el 10 de
diciembre, festividad de Nuestra Señora de Loreto. Fue nombrado
Prefecto de Estudios del Seminario y se inició en la vida pastoral
en la Catedral de Córdoba. En 1869 se recibió de Maestro en
Filosofía por la Universidad y en noviembre de ese mismo año el
Obispo lo destinó a Traslasierra a hacerse cargo del Curato de San
Alberto y más tarde es nombrado Párroco de Villa del Tránsito
(actualmente Villa Cura Brochero) desde donde desplegó su intenso
ministerio pastoral. Murió leproso y ciego en esa Villa el 26 de
enero 1914, a los 74 años de edad.
Un rasgo típico
de su larga trayectoria como párroco fue la presentación del
Evangelio mediante un lenguaje vívido y cercano a la comprensión de
la gente sencilla. Su preocupación estuvo en iluminar la vida de sus
fieles a partir de la Palabra de Dios atento siempre a las
circunstancias concretas de la vida de los mismos. Durante sus
cabalgatas y viajes se entregaba también a la oración silenciosa y
continua de donde más tarde brotaría su predicación. Sus ratos
largos orando delante de la Eucaristía como así también su amor y
devoción a la Santísima Virgen María, le dieron esa profundidad que
es propia de la palabra que brota de la contemplación y que luego se
expande en la acción apostólica.
Convencido de
que los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola eran un
medio excelente para llevar a sus fieles a Dios, se convirtió en un
gran propulsor de los mismos. A tal fin construyó con sus fieles una
Casa de Ejercicios en donde llegaron a darse tandas hasta de 800
participantes cuyo fruto más notable e importante fue el cambio de
vida de muchísimos hombres y mujeres. Estos "baños del alma"
(1),
como denominaba a los Ejercicios Espirituales ignacianos, lo llevó a
predicarlos también en otras partes del país (Santiago del Estero,
Tucumán) y a los presos de la Penitenciaría de Córdoba
(2).
En cada una de
las etapas de su vida sacerdotal, el Cura Brochero se interesó
también por la promoción humana de sus fieles, la enseñanza, los
caminos, el ferrocarril. Su corazón sacerdotal se volcó siempre en
el servicio hacia los más necesitados. Por esta razón, estuvo
dispuesto a golpear todas las puertas y a buscar a todos aquellos
que puedan darle una mano a fin de conseguir los medios temporales
necesarios para que sus feligreses alcanzaran una vida más digna y
cristiana. Sus gestos sacerdotales procedían del amor de Cristo
Pastor que busca al hombre necesitado de paz y de perdón, de
justicia, de verdad. Todo aquel que reclamaba su presencia
sacerdotal (particularmente los enfermos y moribundos cuya atención
normalmente requería el recorrido de decenas de kilómetros a
caballo) hallaron en él al ministro de Dios siempre dispuesto a
servirles hasta el fin: “Yo me felicitaría si Dios me saca de este
planeta sentado confesando y predicando el Evangelio.”
(3).
Brochero conoció también el dolor de las pruebas en su intensa vida
apostólica: críticas e incomprensiones de algunos sacerdotes,
religiosas y fieles; indolencia de algunos gobernantes ante sus
pedidos de colaboración (particularmente su sueño irrealizado del
ferrocarril) y finalmente su lepra y su soledad, en las que
descubrió de manera impensada la fecundidad de su entrega como
sacerdote.
Mirando su vida
hallamos reflejado un ejemplo viviente para todo sacerdote y un
ejemplo concreto y profético de lo que nuestro pueblo anhela ver
realizado en sus pastores. Ya lo señalaba un periodista en un
artículo escrito en un diario cordobés en 1887:
"Es un hombre
de carne y huesos: dice misa, confiesa, ayuda a bien morir, bautiza,
consagra la unión matrimonial, etc. Y sin embargo es una excepción:
practica el Evangelio. ¿Falta un carpintero? Es carpintero. ¿Falta
un peón? Es un peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la
pala o la azada y abre un camino público en 15 días, ayudado por sus
feligreses. ¿Falta todo? ¡Pues él es todo! y lo hace todo con la
sonrisa en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor
gloria de Dios y beneficio de los hombres, y todo sale bien hecho
porque es hecho a conciencia. Y no ha hecho solamente caminos
públicos: Ha hecho también una buena Iglesia. Ha hecho, además, un
gran colegio... ¡y todo sin subsidio de la Provincia, sin erogación
por parte de los miembros de la localidad! Lo ha hecho todo con sus
propias garras! ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión
de honradez y voluntad. En otros términos: es cuestión de haber
tomado el apostolado en serio, como lo ha tomado el cura Brochero".(4)
Anhelamos
vivamente que este gran sacerdote que tanto amó a su pueblo, sirva
de modelo y estímulo para todos los sacerdotes del Pueblo de Dios,
especialmente los de nuestra Patria, y que su figura aliente a todos
los argentinos en la búsqueda fraterna, humilde y confiada del Reino
de Dios. Pedimos al Señor por su pronta beatificación e invitamos a
todas nuestras comunidades a unirse en la oración mediante la novena
que hemos dispuesto realizar en todo el país con ocasión de este
aniversario rogando al “Dueño de la mies” que regale a la Argentina
pastores generosos y entregados como este fiel servidor de su
Pueblo.
Notas:
[1]
Artículo periodístico: "El Cura Brochero" en Los Principios Córdoba
16 Octubre 1902, 1
[2]
Artículos periodísticos: "En la cárcel penitenciaria. Ejercicios
Espirituales" en Los Principios Córdoba 14 Noviembre 1900, 1;
"Ceremonia interesante" en La Libertad Córdoba 20 Noviembre 1900, 1;
"En la Penitenciaría" en La patria Córdoba 20 Noviembre 1900, 2
[3]
Carta al Secretario del Obispado Pbro. Eduardo Ferreira (2 Febrero
1907)
[4]
Artículos periodísticos: ''El Cura de aldea. José Gabriel Brochero"
en El Interior Córdoba 5 Noviembre 1887, 1 [Año VIII n1 2106].
Buenos Aires,
miércoles 23 de agosto de 2006
144ª
Reunión de la Comisión Permanente de la
Conferencia Episcopal Argentina |