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MISIÓN CONTINENTAL
Carta pastoral de los obispos argentinos con ocasión de la
Misión Continental aprobada por la 153ª Reunión de la Comisión
Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina
(20 de agosto de 2009)
A los
sacerdotes, diáconos, comunidades religiosas, fieles laicos
1. El
acontecimiento de Aparecida ha sido para la Iglesia una
invitación a renovar nuestro ardor apostólico y nuestro fervor.
Cada uno de nosotros sabe lo que es “evangelizar” y lo que
implica esta vocación en la Iglesia. Pues “anunciamos a
nuestros pueblos que Dios nos ama, que su existencia no es una
amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y
liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que
alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las
pruebas” (DA 30).
2. Pero es
cierto que siempre en la Iglesia hay una novedad. Y la novedad
está dada por los desafíos que nos marca el tiempo presente, la
época que estamos viviendo. Esta es la maravilla de la presencia
del Espíritu en la Iglesia. El Espíritu siempre sopla para
encontrar lo nuevo en lo ordinario, renovando lo cotidiano,
porque es Cristo el que hace nuevas todas las cosas:
“yo
estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan
cuenta?”
(Is.
43, 19).
3. Y lo que
hay de nuevo es el Espíritu, que sopla en este tiempo en la
Iglesia de nuestro Continente. ¿Y qué nos dice el Espíritu? ¿Qué
nos viene soplando? La necesidad de renovar (hacer nuevo)
nuestro estilo evangelizador. Alcanzar un renovado
estilo misionero, pues “la fuerza de este anuncio de vida
será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las
actitudes del Maestro, teniendo siempre la Eucaristía como
fuente y cumbre de toda actividad misionera” (DA 363). La
Iglesia en América Latina, reunida en el Santuario de Aparecida
en mayo de 2007, nos viene a decir que la novedad está en
definir la identidad cristiana desde la única vocación de
discípulos y misioneros de Jesucristo.
4. Uno podría
entender que son dos vocaciones distintas: que uno es
primeramente discípulo y después, si se siente llamado, será
misionero. Como si esta última fuera una segunda vocación, y en
todo caso, optativa. Sin embargo Aparecida intenta que los
cristianos descubran que por el bautismo tenemos una única
vocación discipular y misionera al mismo tiempo, que el
discipulado nos lleva a la misión y la misión nos modela como
discípulos. Sin negar un camino pedagógico, pero descubriendo la
unidad de una misma vocación de discípulos misioneros, como dos
caras de una misma moneda.
5. Este es el
gran desafío en este tiempo. Cómo renovar nuestras opciones
pastorales desde la perspectiva misionera, transmitiendo que hay
una sola vocación de discípulos misioneros. Y este desafío es
para las comunidades diocesanas, parroquiales y para todas las
áreas y ámbitos pastorales. Como decíamos en Navega mar
adentro: “Tenemos por delante la apasionante tarea de
hacer renacer el celo evangelizador, en el horizonte exigente y
comprometido de la pastoral ordinaria.” (NMA 70).
6. Mucho se
habló en torno a la Vª CG en Aparecida, sobre la implementación
de una Misión Continental. Parecía que iban a surgir
orientaciones concretas para un camino misionero en todo el
continente. Pero, en una acertada decisión, no apareció junto al
Documento Conclusivo, ningún esquema metodológico que ayude a
implementarla al mismo tiempo, de la misma manera y
orgánicamente en todo el continente.
7. La
propuesta de Aparecida es más audaz, va más allá de una misión
programática aunque no la excluye. La Misión que propone
Aparecida no está limitada en el tiempo, sino pensada de forma
tal que después que se inicie continúe, que sea una misión
permanente. No se trata de programar una serie de acciones,
aunque no lo descarta, sino el comienzo de algo con
proyección indeterminada.
8. Por tal
motivo fue madurando una acentuación en la necesidad de una “conversión
pastoral” y un estilo misionero en toda actividad pastoral
ordinaria. Esto no significa que no se hagan gestos misioneros
concretos, pero queda claro que la Misión Continental no debe
terminarse en ellos.
9. Por lo
tanto hablar de Misión Continental es decir al mismo tiempo dos
cosas:
§
trabajar en una “conversión pastoral” que lleve a un
estado de misión permanente, a partir de la pastoral ordinaria,
§
y
realizar misiones organizadas que encarnen y hagan visible este
renovado estilo misionero.
10. Esto
permite que cada Iglesia particular pueda adecuar su camino
misionero vinculándolo con las prioridades pastorales que se
vienen trabajando. Así la misión no aparece como punto de
partida sin tener en cuenta el camino anterior, sino que viene a
potenciar y renovar lo que se está haciendo.
11.
Destacamos que el comienzo de este camino misionero renovado,
coincide con la proclamación del Año Sacerdotal, convocado por
Benedicto XVI, y siguiendo el testimonio del santo Cura de Ars.
Esta iniciativa ya está dando sus frutos de gozoso fervor en los
sacerdotes, compartido plenamente con los fieles laicos.
12.
Igualmente tenemos en cuenta que el anuncio de la verdad de
Jesucristo es y será siempre “signo de contradicción”. Hoy
abundan modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y
dignidad del hombre. Anunciar integralmente a Jesucristo en
nuestros días exige coraje y espíritu profético, conscientes que
la fe deberá engendrar modelos culturales alternativos para la
sociedad actual.
En
continuidad con “Navega mar adentro”
13.
Esta urgencia de renovar la identidad cristiana haciéndola
discipular misionera, Aparecida la vincula con un cambio
interior, presentado como conversión pastoral.
¿Qué se entiende por conversión pastoral? No hay dudas que si
hablamos de
“conversión”,
este término
está vinculado a “errores,
infidelidades, incoherencias y lentitudes”
pastorales que hay que abandonar para que la transmisión del
Evangelio sea más fecunda.
14. La
conversión pastoral se expresa en la firme intención de asumir
el estilo evangélico de Jesucristo en todo lo que hacemos.
Estilo que exige, del evangelizador, la acogida cordial, la
disponibilidad, la pobreza, la bondad y la atención a las
necesidades de los demás. (cfr. Mt 10, 5-10) Por este motivo la
conversión pastoral tiene que tocar la pastoral ordinaria,
empezando por la parroquia, las capillas, las comunidades, la
catequesis, la celebración de los sacramentos, las estructuras
diocesanas, decanales, etc. Y es allí, en nuestra tarea pastoral
ordinaria, donde debemos reconocer que hay
“estructuras
caducas”
y que es necesario abandonarlas, para favorecer la transmisión
de la Fe.
15. En la
tarea pastoral ordinaria la gran
“conversión
pastoral”
pasa por el modo de relacionarse con los demás. Es
un tema
“relacional”.
Importa el vínculo que se crea, que permite transmitir
“actitudes”
evangélicas. Como Jesús en el encuentro con el ciego de Jericó,
que lo llamó, le abrió un espacio para que compartiera su dolor,
le devolvió la vista, y así finalmente, en un vínculo nuevo, el
ciego “lo siguió por el camino” (cfr. Mc 10, 46 – 52)
16. La
Iglesia ha ido acentuando esta característica pastoral. Con la
llegada del Tercer Milenio, Juan Pablo II sorprende a todos
convocando a la Iglesia a un
“camino
programático pastoral”
sostenido por una espiritualidad de comunión que
lleva a la santidad. El modelo está en las relaciones
trinitarias que fundamentan una eclesiología de comunión. En
ella el prójimo
“es un
don para mí”,
ya que me transmite el resplandor de amor trinitario que esconde
su corazón. La riqueza del hermano enriquece al evangelizador.
Por eso en esta etapa evangelizadora más que hablar de
“destinatarios” de la misión, tenemos que pensar en “interlocutores”
con los cuales encontrarnos para testimoniar a Cristo en un
diálogo e intercambio enriquecedor.
17. La
pastoral, entonces, parece desarrollarse en lo vincular,
en las relaciones, para que los programas
pastorales no terminen siendo
“máscaras
de comunión”.
Aquí importa en primer lugar lo que es previo a cualquier
programa o acción. Antes de la organización de tareas, importa
el
“como”
las
voy a hacer, el modo, la actitud, el estilo. Así entonces las
tareas son herramientas de un estilo comunional, cordial,
discipular, que transmite lo fundamental: la bondad de Dios.
18. Los
obispos en Argentina así lo entendimos también y el documento
pastoral
“Navega
mar adentro”,
del año 2003, sigue el camino inspirado por Juan Pablo II en la
intención de “hacer de la Iglesia casa y escuela de comunión”
(NMA 83). El documento de Aparecida continúa con esta
perspectiva, dándole una dimensión misionera, ya que todo
agente pastoral transmite la fe a partir de la propia persona.
Cada cristiano está llamado a dar testimonio de la bondad de
Dios con sus propias actitudes, siguiendo las enseñanzas del
Apóstol: “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de
Cristo Jesús” (Fil 2, 5).
19. La misión
lleva al encuentro personal para transmitir a Cristo. La
misión es relación, es vínculo. No hay
misión si no me relaciono con el prójimo. La misión necesita de
la cercanía cordial. Y el desafío, desde esta cercanía, es
llegar a todos sin excluir a nadie.
20. En esta
cercanía misionera Aparecida confirma la importancia y la
valoración de la religiosidad popular. Camino
privilegiado en América latina que nos lleva a descubrir lo que
ya hay de Dios en el corazón de nuestros pueblos, “el precioso
tesoro de la Iglesia Católica en América Latina”.
Nuevo
punto de partida
21. Para
saber cuál tiene que ser el estilo misionero que debemos
implementar hay que partir de una mirada de la realidad
con espíritu de Fe y descubrir algunos elementos esenciales.
Como la cuestión social, que “abarca tanto las situaciones de
exclusión económica como las vidas humanas que no encuentran
sentido y ya no pueden reconocer la belleza de la existencia”
(HB 25). O el “crecimiento del individualismo y el
debilitamiento de los vínculos personales y comunitarios”
(HB 25).
22. Por este
motivo no sorprende que la Vª CG tenga como telón de fondo el
desafío de ayudar a plenificar la vida, a tener una vida más
digna, bajo el lema “para que los pueblos en Él tengan Vida”.
Y hoy, fundamentalmente, en nuestra cultura la dignidad de la
vida se juega en el eje inclusión – exclusión;
comunión – aislamiento. Y este pasa a ser el horizonte
primero de la misión.
23. El Papa
Benedicto XVI presenta estos desafíos y da pistas de reflexión
en el discurso inaugural.
Y dice:
¿Qué nos da Cristo realmente? ¿Por
qué queremos ser discípulos de Cristo? Porque esperamos
encontrar en la comunión con él la vida, la verdadera vida digna
de este nombre, y por esto queremos darlo a conocer a los demás,
comunicarles el don que hemos hallado en él.
En un tiempo donde la
sociedad, en su conjunto, se ha vuelto impersonal, competitiva
y, a veces hasta despiadada… la gente busca y necesita de
lugares de acogida y de confianza.
24. Esta
necesidad y reclamo parece ser respondido por Benedicto XVI al
dar el marco de la Vª CG en el Discurso inaugural, cuando dice:
“Todavía nos podemos hacer otra pregunta: ¿Qué nos da la fe
en este Dios? La primera respuesta es: nos da una familia,
la familia universal de Dios en la Iglesia católica. La fe
nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la
comunión: el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal,
encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de
unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás.
En este sentido, la opción preferencial por los pobres está
implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho
pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co
8, 9).”
25. De esta
manera la tarea de la Misión Continental en nuestro país puede
concretarse en una
pastoral de la Fe.
Una Fe que
ayuda a dignificar la Vida en Cristo desde una experiencia
concreta de inclusión y comunión.
Teniendo en
cuenta que “La relación que une al discípulo-misionero con
Jesús no es, en primer lugar, de orden intelectual, sino la
adhesión a su Persona por la fe.”
Acciones destacadas.
26. En
continuidad con el camino metodológico de “Navega mar adentro”
presentamos finalmente algunas acciones destacadas para este
tiempo de renovación misionera que están en estrecha vinculación
con las del documento pastoral.
a)
Alentar un estilo misionero en la
pastoral orgánica y diocesana, en especial desde la Parroquia
27. Para que la Misión no quede sólo en un gesto misionero, el
gran desafío es el de renovar la pastoral ordinaria desde un
nuevo estilo misionero. Para ello es fundamental poner la mirada
en la Parroquia como institución pastoral privilegiada en la
tarea evangelizadora. Dice el Documento de Aparecida: “La
renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio,
exige reformular sus estructuras, para que sea una red de
comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus
miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de
Jesucristo en comunión.”(DA 172)
28. Debemos retomar con energía el proceso de la reforma y
conversión de nuestras parroquias. Cada parroquia ha de
renovarse en orden a aprovechar la totalidad de sus
potencialidades pastorales para llegar efectivamente a cuantos
le están encomendados (NMA 72). Para esto es fundamental acoger
cordialmente a quienes se acercan a nuestras comunidades. Será
una ocasión para ofrecer el rostro cordial de la Iglesia y
aprovecharlas como lo que son: encuentros privilegiados para la
evangelización (NMA 90, a.). Como la
misión comienza en el gesto cordial y cercano para dar
testimonio personal de Cristo debemos hacer de la Iglesia «casa
y escuela de comunión» (NMA 83).
b)
Priorizar una pastoral misionera desde la catequesis de
iniciación
29. Es
conocida por todos la mayor dificultad que hay hoy en la
transmisión familiar de la Fe. En algunas regiones o ciudades,
muchos niños llegan a la catequesis sin saber hacer la señal de
la cruz y se difiere el bautismo de los niños por variados
motivos (NMA 90).
30. Así uno
puede encontrar, en algunos barrios no cercanos a un templo
parroquial o capilla, muchos niños sin bautizar. Y si no hay
bautismo no está el vínculo primero y más simple con la Iglesia
que es la pertenencia a ella como una familia (NMA
77).
31. Por eso
hay que pensar en cómo encarar una decidida pastoral
bautismal, donde la invitación, a partir del anuncio del
Kerygma, sea la de ofrecer el bautismo para quien no lo
tiene o invitando a no diferirlo por más tiempo en los niños
pequeños.
32. La
novedad misionera debe estar en agregar a la preparación
pre-bautismal, una pastoral post-bautismal, donde la Iglesia
haga visible que se hace cargo de los hijos que engendra. Que
este camino post-bautismal oriente y acompañe a la culminación
de la catequesis de iniciación en la Confirmación y Eucaristía (NMA
73). Esta pastoral bautismal debe atender también la celebración
litúrgica del sacramento, donde se experimente de verdad que es
la comunidad eclesial quien recibe a sus nuevos miembros.
33. La
novedad misionera de esta pastoral con ocasión de la
catequesis de iniciación, también está en el desafío de sostener
a lo largo de la vida la conciencia de la vocación bautismal de
discípulos misioneros, ayudando a desarrollar el potencial
misionero que hay en cada bautizado (NMA 76).
34.
Si el objetivo central de la catequesis de iniciación es
llevar a las personas a un verdadero encuentro con Jesucristo y
a una inserción en la vida de la comunidad, para ello el primer
espacio de encuentro con El será el conocimiento profundo y
vivencial de la Palabra de Dios, de Jesucristo
vivo, en la Iglesia, que es nuestra casa.
c)
Promover el
compromiso misionero hacia una sociedad justa y responsable.
Pastoral Familiar y Doctrina Social de la Iglesia.
35. Los
obispos en Argentina hemos decidido también tener el
Bicentenario (2010 – 2016) como meta y objetivo evangelizador.
La Misión Continental en Argentina no puede estar separada de
este acontecimiento, teniendo en cuenta que su celebración se da
en un espacio de tiempo de 6 años. Esto permite trabajar desde
la Doctrina Social de la Iglesia en un camino formativo y de
compromiso con la construcción de la sociedad y en especial
poniendo énfasis en la pastoral familiar y educativa, como se
prioriza en Navega mar adentro (NMA 97; HB 32).
36. La
misión, desde esta perspectiva, debe ayudar a revertir la
carencia importante de participación de los cristianos, y la
ciudadanía en general, como agentes de transformación de la vida
social, económica y política del país, alentando el paso de
habitantes a ciudadanos responsables (HB 34).
37. La misión
es, también, salir “como buenos samaritanos, al encuentro de
las necesidades de los pobres y los que sufren y crear las
estructuras justas que son una condición sin la cual no es
posible un orden justo en la sociedad” (DA 537) y desde aquí
proyectar, “como prioridad nacional, la erradicación de la
pobreza y el desarrollo integral de todos”. (HB 5)
d)
Expandir
procesos misioneros permanentes
38. Junto con
la renovación misionera de la pastoral ordinaria, habrá que
extender la presencia misionera, al modo de un proceso
permanente, incluyendo aquellas acciones puntuales que ayuden a
encender y mantener vivo el ardor misionero. No podemos
contentarnos con esperar a los que vienen. Por tanto, imitando
al Buen Pastor que fue a buscar a la
oveja perdida, una comunidad evangelizadora se siente movida
continuamente a expandir su presencia misionera en todo el
territorio confiado a su cuidado pastoral y también en la misión
orientada hacia otros pueblos (NMA 90, b).
39. Este es el
ámbito que más reclama una pastoral de conjunto diocesana. Es el
obispo junto a todo el presbiterio, los religiosos y religiosas,
y los fieles laicos, quienes deciden cuáles van a ser las
características de esta misión ya que es un servicio a la
Iglesia toda, a la diócesis. Todos tienen que participar con
gestos misioneros comunes: parroquias, comunidades eclesiales de
base,
movimientos laicales, comunidades educativas en todos sus
niveles, pastorales específicas, grupos de lectura orante de la
Palabra de Dios siguiendo el itinerario de la Lectio Divina,
etc.
40. Para hacer visible esta opción misionera puede ayudar tener
gestos y signos compartidos, como ser:
-
el tríptico obsequiado por el Papa Benedicto XVI en Aparecida,
acompañado de una sencilla catequesis sobre su simbología de fe;
-
la oración
de la Misión Continental preparada con textos del magisterio de
Benedicto XVI en Aparecida;
-
el logo utilizado en Aparecida
puede seguir siendo distintivo para los misioneros y para los
subsidios que se preparen para esa labor;
-
a estos signos pueden asociarse otros actos inspirados y
simultáneos relacionados con solemnidades litúrgicas,
como Navidad, Pascua o Pentecostés, o fiestas Marianas.
Conclusión
41. Aparecida
provoca una revisión del estilo evangelizador. Redescubre que la
misión (relación con el otro para compartir la fe
en Cristo) es fundamental en la identidad cristiana, dando
prioridad a las actitudes y al estilo evangelizador.
42. Por ello
es necesario un camino de “conversión pastoral”, buscando
cambiar el modo de transmitir el Evangelio reconociendo que el
Espíritu Santo está en el origen de todo camino de Fe.
43. Hoy más
que nunca se espera de todo agente evangelizador la conciencia
de esta vocación de discípulos misioneros. El vínculo con Jesús
en la dimensión discipular se hace vínculo misionero con los
hermanos para presentarles el amor y la bondad de Dios.
43. Teniendo
en cuenta la presencia de la Iglesia y sus enseñanzas en la
construcción de nuestra patria y en el horizonte de la
celebración de su Bicentenario (2010 – 2016) nos encomendamos a
nuestra madre, la Virgen de Luján, para renovar nuestro
compromiso misionero y transmitir el Evangelio de Cristo para
“que todos en Él tengan Vida”.
153ª
Reunión de la Comisión Permanente
Buenos Aires, 20 de agosto de 2009
en memoria de San Bernardo
Siglas:
DA: “Aparecida.
Documento Conclusivo.”
CELAM, Mayo de 2007.
Oficina del Libro de la CEA
HB: “Hacia
un Bicentenario en Justicia y Solidaridad”
Conferencia Episcopal Argentina, Noviembre de 2008.
Oficina del Libro de la CEA
NMA: “Navega
mar adentro”
Conferencia Episcopal Argentina, Mayo de 2003.
Oficina del Libro de la CEA
Notas
“En el mundo de hoy se da el fenómeno de la globalización
como un entramado de relaciones a nivel planetario. Aunque en
ciertos aspectos es un logro de la gran familia humana y una
señal de su profunda aspiración a la unidad, sin embargo
comporta también el riesgo de los grandes monopolios y de
convertir el lucro en valor supremo. Como en todos los campos de
la actividad humana, la globalización debe regirse también por
la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada
a imagen y semejanza de Dios.
En América
Latina y el Caribe,
igual que en otras regiones, se ha evolucionado hacia la
democracia, aunque haya motivos de preocupación ante formas de
gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se
creían superadas, y que no corresponden con la visión cristiana
del hombre y de la sociedad, como nos enseña la doctrina social
de la Iglesia. Por otra parte, la economía liberal de algunos
países latinoamericanos ha de tener presente la equidad, pues
siguen aumentando los sectores sociales que se ven probados cada
vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los
propios bienes naturales.” (cfr. Benedicto XVI, “Discurso Inaugural”, nº 2, párr. 2-3)
“La MISIÓN debe encarar la “pastoral de la fe” y está
centrada en torno a tres ejes: la predicación, la catequesis, la
piedad popular. A su vez la Misión debe tener dos ejes
transversales: la animación bíblica de toda la pastoral, una
fuerte espiritualidad mariana.” Mons. Luis Villalba, “Navega
mar adentro – Aparecida y la Misión Continental”,
Presentación en la 95ª Asamblea Plenaria, abril 2008.
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