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SEMINARIO SOBRE SOLIDARIDAD INTERNACIONAL
Exposición de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de
Viedma
en un Seminario sobre Solidaridad Internacional, organizado por la
Cancillería en el Teatro San Martín, Buenos Aires (8 de marzo de 2007)
Acepté la honrosa invitación de los organizadores de este Seminario
Internacional Solidaridad por la misma razón que en décadas
anteriores he denunciado la fragrante violación de los Derechos del
Hombre. Es decir, porque creo en el Dios de Jesucristo, el Dios de
la Vida, el Dios solidario con la vida digna de todo ser humano.
Soy discípulo de Jesucristo, Señor de la Historia Humana, quién en
todo instante de su vida histórica, mostró que para Dios lo que
cuenta es el Hombre y que la gloria de Dios consiste en que todo ser
humano viva en dignidad.
En razón de la brevedad, me voy a centrar en unas pocas líneas del
Evangelio de Jesús que sintetiza admirablemente el tema de la
solidaridad en el marco de la vigencia siempre actual de los
Derechos Humanos. Es la parábola del Samaritano. Hay que advertir
que los Samaritanos y los Judíos en tiempo de Jesús eran dos pueblos
irreconciliablemente enemigos.
En esta parábola Jesús comenta que un judío asaltado en el camino
yace mal herido en la cuneta. Pasa un Levita –representante de la
Ley y a pesar de ver a su compatriota tirado en la cuneta sigue su
camino. Luego un sacerdote-representante del Culto y sigue de largo
a cumplir su sagrada función… Pasa un Samaritano y al observar al
judío herido, de inmediato se detiene, baja de su cabalgadura y sube
en su propia montura a su enemigo para llevarlo a la posada más
próxima. Allí lo encomienda al posadero con la recomendación que
termine su curación corriendo con todos los gastos.
Con esta lección, Jesús ha dejado estampado que no se puede
pretender ser su discípulo -hoy decimos cristiano- si no se es
solidario con el otro ser humano cuya vida personal esté amenazada o
deteriorada. Y por eso remata su enseñanza transgrediendo la ley
curando en sábado y afirmando que la ley para el hombre y
no el hombre para la ley Así, la solidaridad, en clave
cristiana, tiene como fundamento la premisa básica de la Declaración
“Universal de los Derechos Humanos” al afirmar en el primer párrafo
del prólogo que “el reconocimiento de la dignidad innata de todos
los miembros de la familia humana, así como la igualdad e
inalienabilidad de sus derechos es el fundamento de la libertad, de
la justicia y de la paz en el mundo”.
Es que la vida humana tiene valor absoluto. Es el
primer y fundamental derecho humano en torno al cual como en racimo
se agrupan todos los demás derechos de la persona humana.
Por la misma razón, tales derechos se refieren a todas las fases de
la existencia y en cualquier contexto político, social, económico,
cultural, religioso. De ahí que la primera instancia de la
solidaridad es la defensa y promoción de la vida humana desde su
concepción en el seno materno hasta su desaparición natural con la
muerte. Jamás se puede mediatizar a la persona humana por un
supuesto bien superior.
POR ESTA RAZÓN y fortalecido por la Fe Cristiana que ve en cada
persona y reconoce a alguien sagrado-templo vivo de Dios, cuando de
labios de altos jefes militares escuché que la tortura era el único
medio para extirpar la violencia guerrillera denuncié, arriesgando,
vida personal y fama, el crimen sacrílego de la tortura física o
psicológica. Ahora, cuando escucho a altos funcionarios
del actual gobierno hablar de aborto y eutanasia como medidas
saludables para la población, temo que se vuelva a caer en la
cultura de la muerte que hemos padecido y se vuelva a legalizar un
horrendo genocidio en higiénicos quirófanos. Y cuando, desde el
poder político -de modo programático a partir de lo años 90- se toma
el sistema de promocionar la macro economía con desmedro de la micro
economía familiar, denuncio por razón de solidaridad fraterna
-todo ser humano es mi hermano- la violencia de la extrema
pobreza y el hambre, falta de atención de la salud ó de vivienda
digna así como la difusión criminal de drogas y daños insensatos al
ambiente natural.
En fin, hago mía la definición de solidaridad de Juan Pablo II en su
visita a la Patagonia en la ciudad de Viedma: “Si hay un hombre o
una mujer, un niño, un joven o un anciano, necesitado, un cristiano
no puede vivir tranquilo”.
Mons. Miguel Esteban Hesayne,
obispo emérito de Viedma |