|
LOS CATÓLICOS EN LA SOCIEDAD CIVIL
Y LA POLÍTICA
Mensaje
final del Primer Congreso de Evangelización de la Cultura
(Buenos Aires, noviembre de 2006)
1.
El espíritu del I CONEC.
"(...) Todos nos movemos por la misma motivación fundamental y
tenemos los ojos puestos en el mismo objetivo: un verdadero
humanismo, que reconoce en el hombre la imagen de Dios y quiere
ayudarlo a realizar una vida conforme a esta dignidad"
(Benedicto XVI. "Dios es amor", nº 30)
Estas palabras del Papa Benedicto XVI resumen el espíritu que nos
animó a los participantes del Primer Congreso de Evangelización de
la Cultura "Los Católicos en la Sociedad Civil y la Política"
organizado por la Pontificia Universidad Católica Argentina;
deseamos promover en conjunto un nuevo humanismo cristiano en la
cultura de nuestro tiempo. En cada conferencia, panel y comisión de
trabajo, vimos una permanente preocupación por un auténtico progreso
del hombre y de la sociedad, como hilo conductor que atravesó y
relacionó todo el Congreso. Con este espíritu, nos sentimos llamados
por el Santo Padre y por nuestros Obispos a vivir nuestra fe en la
vida pública a favor del hombre, de la justicia y de la verdad.
Creemos que promover el despertar de un verdadero humanismo, debe
ser el objetivo central de la unidad de nuestro pensamiento y de
nuestra acción en la sociedad civil y en la política. Deseamos
reafirmar así nuestro deber y nuestro derecho de vivir el Evangelio
sirviendo a la persona humana y a la sociedad.
2.
Los católicos en la vida pública.
Reconocemos que una renovada presencia de los católicos en la vida
pública, debe recomenzar desde la fe en Jesucristo, nuestro Maestro
de comunión y servicio. Debemos tener siempre presente que
"nuestra conducta social es parte integrante de nuestro seguimiento
de Cristo" (Documento de Puebla, 476) y para ello necesitamos "cultivar
una auténtica espiritualidad laical, que nos regenere como hombres y
mujeres nuevos, inmersos en el misterio de Dios e incorporados en la
sociedad (...) Es una espiritualidad que rehuye tanto el
espiritualismo intimista como el activismo social" (Compendio de
la Doctrina Social de la Iglesia, nº 545), ya que según como vivamos
nuestra fe, así también será nuestro testimonio en la vida pública.
3.
El respeto a la persona humana.
Creemos que la promoción de una nueva cultura del respeto a la
persona humana en todas sus dimensiones, es el mejor aporte que los
católicos podemos realizar en tiempos donde el destino de la
humanidad se ha tornado muchas veces irrelevante. Vivimos una
cultura que tiende a la deshumanización. Ante estos desafíos, los
católicos no podemos permanecer callados o indiferentes; una vez más
tenemos que reafirmar nuestra opción, nuestra pasión por la persona
humana, en especial por los pobres, débiles y sufrientes, teniendo
una especial atención por las nuevas formas de pobreza: "en
realidad, este estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre
se llama Evangelio, es decir Buena Nueva. Se llama también
cristianismo" (Juan Pablo II.
"Redemptor Hominis", nº 10).
Creemos que es hora de volver a encarnar en la realidad aquellas
palabras del Papa Pablo VI "todo lo que es humano tiene que ver
con nosotros" y ello se debe traducir en un nuevo estilo de vida
que promueva una cultura más humana. Hoy están plenamente vigentes
las enseñanzas del Concilio Vaticano II: "es la persona humana la
que hay que salvar, y es la sociedad humana la que hay que renovar"
(Gaudium et Spes, nº 3)
4.
La familia y la vida.
También la institución familiar mereció una especial atención en las
consideraciones de este Congreso. Al respecto, queremos expresar,
con las palabras de Juan Pablo II en Evangelium vitae el “deseo
que resurja o se refuerce a cada nivel el compromiso de todos por
sostener la familia, para que también hoy -aún en medio de numerosas
dificultades y de graves amenazas- ella se mantenga siempre, según
el designio de Dios, como ‘santuario de la vida’”.
5.
Un nuevo humanismo cristiano.
La gestación de un nuevo humanismo cristiano, es la gran causa que
nos debe movilizar en forma constructiva y creativa a los católicos
en la sociedad civil y en la política y ello forma parte de un
desafío cultural: "la recepción del mensaje de Cristo suscita así
una cultura, cuyos dos constitutivos fundamentales son, a título
radicalmente nuevo, la persona y el amor (...) Cristo es la fuente
de la civilización del amor" (Pontificio Consejo de la Cultura.
"Para una pastoral de la cultura", nº 3) Ante los desafíos del
cambio de época, deseamos ser "discípulos y misioneros de
Jesucristo" en la cultura de nuestro tiempo, sabiendo que "es
mejor evangelizar las nuevas formas culturales en su mismo
nacimiento y no cuando ya están crecidas y estabilizadas"
(Documento de Puebla, 391 y 393).
Necesitamos promover una cultura más humana, porque observamos
signos culturales donde muchas veces se promueve el aislamiento, el
individualismo, la pasividad y la indiferencia ante el destino de la
persona humana. Muchos de nuestros hermanos sienten que su propia
vida no tiene sentido y no logran tener proyectos más allá del día
de hoy y por ello se ha desdibujado todo proyecto comunitario.
Observamos que está seriamente dañada la capacidad relacional y la
dimensión trascendente y social de la persona actual y se ha perdido
el sentido de la convivencia humana y del futuro común. Ellos son
serios obstáculos para una plena participación en la sociedad civil
y en la política que debemos contribuir a superar desde el
pensamiento y la acción, y con adecuados estudios e investigaciones
sobre las causas que limitan un pleno compromiso ciudadano.
Nos preocupa que la deshumanización de la cultura, pueda llevar
muchas veces a la deshumanización de la política cuando se
considera a las personas -especialmente a las más pobres, débiles e
indefensas- como manipulables y descartables y cuando no llegan a
vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios.
6.
El criterio del amor y la solidaridad.
Muchas veces observamos una ausencia de responsabilidad del hombre
hacia sus semejantes y creemos necesario crear las condiciones
culturales para disponer a la persona a la solidaridad y al servicio
al prójimo: "el amor se convierte en el criterio para la decisión
definitiva sobre la valoración positiva o negativa de una vida
humana" (Benedicto XVI. "Dios es amor", nº 15). Asimismo
valoramos como "fenómeno importante de nuestro tiempo el
nacimiento y difusión de muchas formas de voluntariado. Esta labor
tan difundida es una escuela de vida para los jóvenes que educa a la
solidaridad y a estar disponibles para dar no sólo algo, sino a sí
mismos" (Benedicto XVI. "Dios es amor", nº 30). Transmitir la
belleza, la alegría y el lenguaje del servicio gratuito a nuestros
hermanos es la mejor forma de comunicar el Evangelio en la cultura
actual, especialmente a las nuevas generaciones: “se puede
legítimamente pensar que la suerte de la humanidad futura se
encuentra en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras
razones para vivir y para esperar” (Gaudium et Spes, nº 31)
Buscamos contribuir así a gestar una auténtica cultura cristiana, no
sólo a nivel intelectual, sino sobre todo en nuestra vida práctica,
proponiendo nuevas formas de pensar, de vivir y de servir centradas
en la dignidad de la persona humana, misión que desde nuestra
identidad católica deseamos realizar en conjunto con todos aquellos
que comparten la pasión por el destino de la humanidad, en especial
con las mujeres y hombres de fe de otras convicciones religiosas y
de buena voluntad. En este sentido, creemos que necesitamos
promover el valor de la cooperación en la cultura actual: "la
cooperación, incluso en sus formas menos estructuradas, se delinea
como una de las respuestas a la lógica del conflicto y de la
competencia sin límites, que aparece hoy como predominante. Las
relaciones que se instauran en un clima de cooperación y solidaridad
superan las divisiones ideológicas, impulsando a la búsqueda de lo
que une mas allá de lo que divide" (Compendio de la Doctrina
Social de la Iglesia, nº 420)
7.
La evangelización de la cultura.
Creemos que una renovada presencia de los católicos en la vida
pública se debe dar en los escenarios donde se gesta la cultura
actual: "la cultura debe constituir un campo privilegiado de
presencia y de compromiso para la Iglesia y para cada uno de los
cristianos (...) La fe en Jesucristo, que se definió a sí mismo «el
Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6), impulsa a los cristianos a
cimentarse con empeño siempre renovado en la construcción de una
cultura social y política inspirada en el Evangelio" (Compendio
de la Doctrina Social de la Iglesia, nº 554 y 555)
8.
La misión de los laicos.
Para promover una nueva cultura social y política inspirada en el
Evangelio, creemos que es fundamental profundizar en el pensamiento
y en la acción la dimensión social y política de la caridad: "la
caridad debe animar toda la existencia de los fieles laicos y, por
tanto, su actividad política, vivida como caridad social"
(Benedicto XVI. "Dios es amor", nº 29). Expresamos aquí nuestra
esperanza de que la participación de los laicos, guiados por la fe
como ‘fuerza purificadora’, ponga de manifiesto su misión de ser luz
y sal en las estructuras temporales. Asimismo, consideramos que
necesitamos buscar nuevas formas para hacer presente y operante la
doctrina social de la Iglesia, considerándola como uno de los
elementos constitutivos de la Nueva Evangelización: "cuando el
Magisterio de la Iglesia interviene en cuestiones inherentes a la
vida social y política (...) busca instruir e iluminar la conciencia
de los fieles (...) para que su acción esté siempre al servicio de
la promoción integral de la persona y del bien común" (Compendio
de la Doctrina Social de la Iglesia, nº 571)
9.
Cultivar la amistad social.
Nos preocupa también el deterioro de la convivencia ciudadana, y
consideramos la necesidad de gestar una nueva cultura cívica, que
requiere una activa y libre participación de todos en la vida
pública: "la amistad civil, es la actuación más auténtica del
principio de fraternidad, que es inseparable de los de libertad e
igualdad" (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº
390). Deseamos también promover y fortalecer nuevos espacios de
sociabilidad y de convivencia fraterna: "es imposible promover la
dignidad de la persona si no se cuidan la familia, los grupos, las
asociaciones, las realidades territoriales locales, en definitiva,
aquellas expresiones agregativas de tipo económico, social,
cultural, deportivo, recreativo, profesional político, a las que las
personas dan vida espontáneamente y que hacen posible su efectivo
crecimiento social" (Compendio de la Doctrina Social de la
Iglesia, nº 185). Valoramos el desarrollo de las redes de laicos y
nos comprometemos a fortalecer y a trabajar en conjunto con las
mismas, ya que expresan un nuevo fenómeno de asociatividad laical.
10. Distintas formas de la pobreza.
Reconocemos que "en la raíz de la pobreza de tantos pueblos se
hallan también formas diversas de indigencia cultural (...) el
compromiso por la educación y la formación de la persona constituye,
en todo momento, la primera solicitud de la acción social de los
cristianos" (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº
557). Asumimos el desafio de colaborar en conjunto en la educación
integral de la persona humana y de repensar creativamente la
formación de nuevos dirigentes promotores del humanismo cristiano.
Creemos que la inclusión social, educativa y cultural de nuestros
hermanos, es uno de los grandes desafíos que debemos asumir los
católicos en la vida pública: "la Iglesia recuerda a todos que la
cultura se ha de relacionar con la íntegra perfección de la persona
humana, con el bien de la comunidad y de la sociedad entera (...)
cultivando al mismo tiempo, el sentido religioso, moral y social"
(Gaudium et Spes, nº 59).
11. Acción interdisciplinar.
La experiencia que vivimos en este Primer Congreso de Evangelización
de la Cultura, nos hace tomar conciencia de la necesidad de
contribuir a desarrollar una plena integración y articulación en
nuevos espacios entre el mundo académico-educativo y el mundo
sociopolítico, los complejos desafíos y la promoción de una cultura
más humana, requieren de una visión y de una acción interdisciplinar
de conjunto y a largo plazo: "la cultura debe considerarse como
el bien común de cada pueblo, la expresión de su dignidad, libertad
y creatividad, el testimonio de su camino histórico. En concreto,
solo desde dentro y a través de la cultura, la fe cristiana llega a
hacerse histórica y creadora de historia" (Juan Pablo II.
"Christifideles
Laici, nº 44).
Desarrollar nuevos espacios culturales de pensamiento y articulación
interdisciplinarios que promuevan el humanismo cristiano, es uno de
los desafíos que asumimos en conjunto con vistas al futuro.
Próximos a la Vº Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe, deseamos poner en manos de Jesucristo los frutos de
este Congreso, pidiéndole: "Danos siempre el fuego de tu Espíritu
Santo, que ilumine nuestras mentes y despierte entre nosotros el
deseo de contemplarte, el amor a los hermanos, sobre todo a los
afligidos, y el ardor por anunciarte al inicio de este siglo".
Buenos Aires,
noviembre
de 2006. |