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LA DROGA EN LAS VILLAS:
DESPENALIZADA DE HECHO
Mensaje de los sacerdotes para las villas de emergencia
(25 de marzo de 2009)
Queridos Hermanos:
Queremos compartir con ustedes un documento que elaboramos sobre el
flagelo de la droga en las Villas. Tal vez alguna cosa sea de
utilidad para otros barrios. Muchas gracias por su cercanía, ayuda y
oración.
Equipo de
sacerdotes para las Villas de emergencia.
Miles de mujeres y de hombres hacen filas para viajar y trabajar
honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar
e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa. Se va
dando así esa dinámica linda que va transformando las Villas en
barrios obreros. Miles y miles de niños con sus guardapolvos
desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la
escuela, y de esta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes
atesoran la sabiduría popular, se reúnen a la sombra de un árbol o
de un techo de chapa a compartir un mate o un tereré y a contar
anécdotas. Y al caer la tarde muchos de todas las edades se reúnen a
rezar las novenas y preparar las fiestas en torno a las ermitas
levantadas por la fe de los vecinos.
La
contracara, el lado oscuro de nuestros barrios, es la droga
instalada desde hace años, quizás con más fuerza desde el 2001.
Entre nosotros la droga está despenalizada de hecho. Se la puede
tener, llevar, consumir sin ser prácticamente molestado.
Habitualmente ni la fuerza pública, ni ningún organismo que
represente al Estado se mete en la vida de estos chicos que tienen
veneno en sus manos.
Ante la confusión que se genera en la opinión pública con la prensa
amarilla que responsabiliza a la Villa del problema de la droga y la
delincuencia, decimos claramente: el problema no es la Villa sino el
narcotráfico. La mayoría de los que se enriquecen con el
narcotráfico no viven en las Villas,
en estos barrios donde se corta la luz, donde una ambulancia tarda
en entrar, donde es común ver cloacas rebalsadas.
Otra cosa distinta es que el espacio de la Villa –como zona
liberada- resulte funcional a esta situación.
La
vida para los jóvenes de nuestros barrios se fue tornando cada vez
más difícil hasta convertirse en las primeras víctimas de esta
despenalización de hecho. Miles arruinados en su mente y en su
espíritu se convencieron que no hay posibilidades para ellos en la
sociedad.
Por otra parte profundamente
ligado al tema de la droga se da el fenómeno de la delincuencia, de
las peleas, y los hechos de muerte violenta
(“estaba dado vuelta”).
Esto nos hace tomar conciencia de otro gran tráfico que hay en
nuestra sociedad que es el tráfico de armas, y que visualizamos como
fuera de control. Cuando vemos muertes causadas por menores adictos,
también nos preguntamos ¿quién es el que pone el arma en manos de
los menores? De este espiral de locura y violencia las primeras
víctimas son los mismos vecinos de la Villa.
La
destrucción pasó como un ciclón por las familias, donde la mamá
perdió hasta la plancha porque su hijo la vendió para comprar droga.
Estas familias deambularon por distintas oficinas del Estado sin
encontrar demasiadas soluciones año a año. Toda la familia queda
golpeada porque su hijo está todo el día en la calle consumiendo.
Asombra ver como ese niño que fue al catecismo, que jugaba muy bien
en el fútbol dominguero, hoy “está perdido”. Causa un profundo dolor
ver que esa niña que iba a la escuela hoy se prostituye para fumar
“paco”.
La
despenalización de hecho generó
inseguridad social. La raíz de la inseguridad social hay que
buscarla en la insolidaridad social.
A poco que nos pongamos a la luz de Palabra de Dios, descubrimos que
como sociedad no nos hemos movilizado suficientemente ante el hecho
dramático del hambre de los niños, que da lugar a adolescentes
débiles física y mentalmente. Con madres y padres angustiados sin
trabajo o changas mal remuneradas.
A
los que les resulta más difícil entusiasmar a sus hijos con
actividades en clubes y cursos o cualquier otra forma positiva de
ocupar el tiempo, ya que no cuentan con el apoyo y el dinero
necesario. Se generan así
situaciones infrahumanas aprovechadas a su vez, por los gananciosos
distribuidores de droga.
Como sacerdotes y vecinos de estas barriadas humildes, sentimos la
llamada evangélica de acompañar a aquellos niños, adolescentes y
jóvenes que en gran cantidad se encuentran en este infierno de la
droga y a la vez de exhortar a la conversión a los que pisotean la
dignidad de los mismos de esta inescrupulosa manera, avisándoles que
Dios y la Virgen les van a pedir cuentas.
Ahora escuchamos hablar
de despenalizar en el derecho el consumo de sustancias. Nos
preguntamos: ¿ministros y jueces conocen la situación en nuestros
barrios? ¿Han dialogado con el hombre común de la Villa? ¿Se han
sentado a elaborar con ellos proyectos liberadores –la droga
esclaviza- o simplemente se piensa en implementar recetas de otras
latitudes?
¿Cómo decodifican nuestros adolescentes y jóvenes el mensaje: se
puede consumir libremente, por ejemplo cocaína?
Algunas propuestas
Cuando un cura se acerca y saluda a los chicos y chicas que están en
los pasillos de consumo, en esos lugares de tristeza y
desesperación, recibe generalmente preguntas y pedidos de este tipo:
“¿Dios a mí me ama?” “¿Me voy para arriba o para abajo?” “Padre me
da la bendición de Dios”. “¿No me ayuda a salir de este lugar?, no
aguanto más esta vida”…
Apoyándonos en el Evangelio de Jesús nosotros creemos que cada
persona es sagrada, cada una tiene una dignidad infinita, ninguna
vida está de sobra.
Por eso nos resistimos a mirar esta realidad social desde los
papeles de las estadísticas, desde los fríos números. Desde esta
perspectiva un adolescente que comienza hoy a consumir paco, es sólo
uno más. ¿Qué importancia tiene esto si no afecta a los números y
estadísticas que aletargan nuestra conciencia y nuestro compromiso?
Tal vez esta mirada se inquieta si los números crecen demasiado,
nada más.
Nosotros queremos intentar mirar la realidad desde el corazón de
Dios. Es que Dios no quiere que ninguno de sus hijitos se pierda,
para todos quiere una vida plena.
Por eso sin ser expertos en la materia, aunque con cercanía diaria
con esta realidad, acercamos algunas propuestas-intuiciones en base
a las cuales estamos trabajando. De hecho en varias Villas venimos
transitando distintos caminos de prevención, recuperación y
reinserción; de acuerdo con cada realidad y con las posibilidades
que contamos.
Prevención
No
hay que ser ingenuos, la tríada hambre-criminalidad-droga es
demasiado fuerte. Frente a esta dramática situación tenemos que
tomar conciencia de que hay que realizar un trabajo de prevención
sistemático y a largo plazo.
Nos parece que se trata principalmente de crear ámbitos de
contención y escucha de nuestros niños, adolescentes y jóvenes -en
este sentido no es menor todo lo que se haga para fortalecer a sus
familias-. Ámbitos de recreación y de construcción de un proyecto
real para su vida. La verdad es que se logra poco con el no a la
droga sin un fuerte sí a la vida.
Muy unido al tema del consumo de droga, tal vez como una de sus
grandes causales esta la falta de sentido, de un horizonte hacia el
cual caminar. El aburrimiento, el tedio, el no tener que hacer, van
minando la pasión por la vida y donde no hay pasión por ella,
aparece la adicción. El gran trabajo de prevención nos parece que
tiene que tener como eje el mostrar que la vida tiene sentido. Por
eso nos parece que las adicciones son principalmente enfermedades
espirituales, sin negar obviamente su dimensión biológica y
psicológica.
Una persona espiritualmente saludable está convencida de que la vida
merece vivirse, le encuentra sentido a lo que hace, tiene la
“alegría de vivir”.
Nuestro país tiene una enorme deuda social. “La deuda social es
también una deuda existencial de crisis de sentido de la vida: se
puede pensar legítimamente que la suerte de la humanidad está en
manos de quienes sepan dar razones para vivir”.
El
sentido de la vida se adquiere por “contagio”, los valores se
descubren encarnados en personas concretas, por eso, la importancia
fundamental de generar en nuestros barrios líderes positivos que
puedan trasmitir valores vividos por la fuerza de su testimonio.
Mirar con esperanza esta difícil situación que vivimos en nuestros
barrios nos aleja de una mirada fatalista. Por otro lado nuestra fe
católica nunca dijo que algunos están predestinados a vivir bien y
otros a la miseria. Nuestra fe lee esta situación como una situación
de pecado que clama al cielo y que llamamos pecado social. Esta
situación de injusticia se contrapone al proyecto de amor del Buen
Dios. Con humildad pidamos perdón al Señor por nuestra complicidad
manifestada de tantas maneras y pidámosle la gracia de poner todo lo
que esté de nuestra parte para transformar esta dolorosa realidad.
Recuperación
Cuando las estadísticas nos dicen que son demasiados niños, jóvenes
y adultos que fuman pasta base, tengamos por seguro que llegamos
tarde. La pregunta es: ¿queremos seguir llegando tarde? Son
personas, seres humanos que mueren o quedan con una vida hipotecada.
Por ellos hay que hacer algo ya. Aunque sólo salvemos a uno.
Pedagogía de la presencia
El
primer paso es acercarse a los chicos, no esperar a que estos
golpeen las puertas de nuestras instituciones. Este primer paso es a
la vez una afirmación de la dignidad de estas chicas,
de estos chicos, del valor sagrado de sus personas; no son vidas que
‘estan de sobra’, que molestan, o que afean nuestros barrios. Este
primer paso es acercar el corazón. Corazón que se acerca es corazón
que ve y se deja tocar por este doloroso grito y por eso se pone a
su escucha. El hábito de la escucha no es algo común en nuestros
días y es esencial para un verdadero encuentro. Si escucháramos más,
seguramente el nivel de violencia que vivimos bajaría notablemente
Ponerse a la escucha no es buscar que rápidamente acaten las pautas
sociales. A veces queremos que rápidamente cumplan normas, que
respeten derechos para entrar en sociedad, cuando como sociedad no
les hemos respetado sus derechos más elementales.
Acercarse, caminar los barrios, escuchar, encontrarse es el primer
paso imprescindible.
Adaptar nuestros programas e instituciones a la realidad y no
la realidad a ellos
La
burocracia expulsa, pone trabas (excesivas entrevistas y
requisitos), en definitiva pone en riesgo la vida de muchas
personas. Además muchas veces la realidad de los procesos de
recuperación está marcada por los números-dinero (becas por un año,
ese sería el tiempo de recuperación), dejando a un segundo plano los
procesos personales.
Por consiguiente teniendo en cuenta el proceso de cada persona hay
que discernir que camino de recuperación proponerle: atención
ambulatoria en un centro de día; internación en una comunidad
terapéutica, etc.
Por otro lado es necesario adaptarse a la realidad de los más
pobres. Por ejemplo se da el caso de mamás que consumen y no tiene
con quién dejar a sus hijos; hay que plantearse entonces la
posibilidad de que ingresen juntos en un mismo lugar.
Hay que poner el centro de nuestro esfuerzo en adaptar nuestros
programas e instituciones a la realidad y no la realidad a ellos;
creando ámbitos que rompan las cadenas invisibles que esclavizan a
nuestros adolescentes y jóvenes.
Hoy vivimos la cultura de la imagen. De muchas maneras se busca
tener cautiva nuestra mirada. Si esto se logra en gran parte se
adueñan de nuestra vida.
A
veces se busca transmitir la idea de que: ‘estamos trabajando
fuertemente en la lucha contra la droga’. Es así que por ejemplo se
abre un solo centro de recuperación para toda una ciudad y se
empapela la misma para dar una buena imagen. Si se da imagen de algo
que no es, que en realidad se está haciendo insuficientemente, no
solo se corre el riesgo del autoengaño, sino que quedan vidas en el
camino.
En
relación a esto último hay una responsabilidad grande de los
publicistas y de los medios de comunicación en general, valga como
ejemplo este verano: Por un lado la propaganda de una bebida
alcohólica en la playa que al parecer era sinónimo de plenitud y
alegría, por otro lado la realidad de la violencia como consecuencia
del exceso de alcohol en muchos jóvenes en la costa.
Tal vez esto sea una llamada de atención para que veamos que como
sociedad estamos dejando muy solos a nuestros adolescentes y
jóvenes. No les enseñamos que hacer frente al aburrimiento, la
tristeza, la bronca o la soledad, etc. No les mostramos que no hay
que encontrar “algo” para combatirlas sino encontrar a “alguien” con
quien compartir y hablar de lo que les pasa. Hablar y compartir con
“alguien” que los puede ayudar es lo contrario a la adicción.
El
mundo adulto no puede ausentarse, no puede desproteger a los
niños/as y adolescentes. La justicia debe proteger a esos chicos que
tienen su libertad muy condicionada; prueba de ello es que dinero
que consiguen va a parar a aquellos que no les importa nada de sus
vidas y les ponen veneno en sus manos. La justicia tiene que
tenderle la mano a esas mamás que desesperadas no saben como ayudar
a sus hijos.
Pensar en el después del camino de recuperación.
No
alcanza con el pago de una beca de tratamiento. Hay jóvenes que no
pueden volver a sus barrios -cerca de su casa se compra y se consume
libremente droga- se da una suerte de factor cuasi-biológico que
favorece la recaída en el consumo. La no conveniencia de la vuelta
al barrio es señalada reiteradamente por muchas familias que los
aman y acompañan. Tenemos que ir tejiendo con ellos una propuesta de
real reinserción social. Desde el elemental derecho a la identidad o
sea que accedan a sacar su documento hasta una salida laboral y un
lugar para vivir con dignidad.
Sabemos también que muchos jóvenes que hoy están privados de su
libertad han cometido delitos a causa del consumo de droga. En ese
caso hay que replicar las experiencias que tratan su adicción;
utilizándose así positivamente el tiempo en prisión para que al
salir puedan reinsertarse en la sociedad. De alguna manera este
también es un trabajo de prevención.
Por último ponemos bajo la protección y el cuidado de la Virgen de
Luján, Madre de nuestro Pueblo, a las familias que en nuestros
barrios sufren el flagelo de la droga.
- José María Di Paola, Carlos Olivero, Facundo Berretta y Juan
Isasmendi de la Villa 21-24 y N.H.T. Zabaleta.
- Guillermo Torre y Martín Carrozza de la Villa 31.
- Gustavo Carrara, Adolfo Benassi y Joaquín Giangreco
de la Villa 1-11-14.
- Jorge Tome y Franco Punturo de la Villa 20.
- Sebastián Sury y José Nicolás Zámolo de la Villa 15.
- Pedro Baya Casal y Martín De Chiara de la Villa 3 y
del Barrio Ramón Carrillo.
- Nibaldo Valentín Leal de la Villa 6.
- Sergio Serrese de la Villa 19.
- Enrique Evangelista de la Villa 26.
- Jorge Torres Carbonell de la Villa Rodrigo Bueno.
Equipo de Sacerdotes para las villas de emergencia
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 25 de Marzo de 2009.
Notas:
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