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POR UNA PATRIA DE HERMANOS
Carta de
monseñor Juan Alberto Puiggari, obispo de Mar del Plata, con motivo
de la Solemnidad de “Corpus Christi”
(15 de abril de 2008)
Queridos
hermanos:
Cercanos a la
Solemnidad de “Corpus Christi”, les escribo para invitarlos a
celebrar con gratitud y adoración el don de este sacramento
maravilloso que “el Señor Jesús, la noche en que fue entregado”(1
Cor 11,23), nos dejó como memorial de su Pascua. Sacramento
Eucarístico mediante el cual “anunciamos su muerte y proclamamos su
resurrección hasta que Él vuelva”. (cf. Plegaria eucarística,
aclamación del Pueblo)
“La Santísima
Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos
el amor infinito de Dios por cada hombre… En el Sacramento
eucarístico Jesús sigue amándonos “hasta el extremo”, hasta el don
de su cuerpo y de su sangre. ¡Qué emoción debió embargar el corazón
de los Apóstoles ante los gestos y palabras del Señor durante
aquella Cena! ¡Qué admiración ha de suscitar también en nuestro
corazón el Misterio eucarístico! (Sacramentum Caritatis,
introducción)
“La fuerza del
sacramento de la Eucaristía va más allá de las paredes de nuestras
iglesias. En este sacramento el Señor está siempre en camino hacia
el mundo. Este aspecto universal de la presencia eucarística se
aprecia en la procesión de nuestra fiesta. Llevamos a Cristo,
presente en la figura del pan, por las calles de nuestra ciudad.
Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra vida diaria, a su
bondad. Que nuestras calles sean calles de Jesús. Que nuestras casas
sean casas para Él y con Él. Que nuestra vida de cada día esté
impregnada de su presencia. Con este gesto, ponemos ante sus ojos
los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los jóvenes y los
ancianos, las tentaciones, los miedos, toda nuestra vida. La
procesión quiere ser una gran bendición pública para nuestra ciudad:
Cristo es, en persona, la bendición divina para el mundo. Que su
bendición descienda sobre todos nosotros. (Benedicto XVI, Homilía de
Corpus Christi, 26 de mayo de 2005)
La solemnidad de
“Corpus Christi” coincide este año con la fiesta patria del 25 de
Mayo, por eso hemos puesto como lema para la procesión: “Por una
Patria de hermanos”. ¡Qué mejor oportunidad que esta, tan
providencial, para que “desde nuestra fe acudamos a Jesucristo,
Señor de la historia, y le dirijamos una súplica confiada para poner
bajo su mirada protectora las preocupaciones, desvelos y esperanzas
de los argentinos”. (CEA, Reunión plenaria abril de 2008)
Estamos a dos años
de la celebración del bicentenario de nuestra Patria; la memoria
histórica nos recuerda que ella hunde sus raíces más profundas en la
fe cristiana, esta es la verdad que no excluye, porque sólo Cristo
puede dilatar los corazones y voltear las barreras del alma para
aceptar que todo hombre es un “don” para mí y por eso es mi hermano,
aun aquel que no piensa igual o que tiene otras creencias.
Caminemos como
hermanos hacia el bicentenario de la Patria, con la mirada y el
corazón puesto en Cristo. Caminemos hacia el Bicentenario “con el
empeño perseverante de construir la amistad social entre todos los
habitantes de nuestra Patria, desterrando desencuentros, odios,
rencores y enfrentamientos, promoviendo la equidad y la justicia
para todos… Con el diálogo respetuoso y fundado en la verdad,
afiancemos las instituciones democráticas de la República y el
federalismo, respetando la Constitución Nacional, garantía para
todos de una convivencia pacífica e incluyente”. (Cf. CEA, reunión
plenaria abril de 2008)
Desde los orígenes
de la Patria, la Virgen María, “Madrecita de Lujan”, cobijó a los
argentinos bajo su manto de amor, ella camina con nosotros y
nosotros caminamos con ella. Por eso junto a toda la Iglesia en
Argentina le pedimos que interceda por nosotros ante su Hijo Jesús
para que en este “Corpus Christi” el Señor derrame su bendición
sobre toda nuestra Nación, sobre los gobernantes y sobre el Pueblo,
especialmente sobre aquellos que más sufren. Que esta tierra,
generosa en la inmensidad de sus campos, fecundada en la nobleza del
trigo y perfumada por la belleza del vino, se vuelva generosa,
fecunda y bella por los frutos del amor, la reconciliación y la paz.
Monseñor Juan Alberto Puiggari,
obispo de Mar del Plata
Mar
del Plata, 15 de abril de 2008. |