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AÑO PAULINO UNIVERSAL EN LA DIÓCESIS
DE ZÁRATE-CAMPANA
Carta
pastoral de monseñor Oscar Sarlinga,
obispos de Zárate-Campana,
con motivo del Año Paulino (13 de junio de 2008)
I
PROCLAMACIÓN
DEL AÑO PAULINO UNIVERSAL, EN LA VÍA DE «JESÚS-CAMINO»
El Santo Padre
nos ha dado una gran alegría y una oportunidad de reavivar en
nosotros la gracia de la unidad y de la evangelización. Así pues, en
la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma, el 28 de junio de 2007,
durante la celebración de las primeras vísperas de la solemnidad de
los santos apóstoles Pedro y Pablo, el Papa Benedicto XVI ha
convocado a toda la Iglesia al Año Jubilar Paulino
,
el cual tendrá lugar desde el 28 de junio de 2008 al 29 de junio de
2009, con motivo del bimilenario del nacimiento del Apóstol Pablo.
El nacimiento
de Saulo, en efecto, que según los historiadores se sitúa
entre el año 7 y el año 10 de nuestra era, marca un acontecimiento
providencial en lo profundo eclesial, puesto que Pablo, una vez
convertido a Jesucristo, se transformó en «Apóstol de las Naciones»
y extensor de la Iglesia peregrina, llamada a testimoniar a
Jesucristo ante todos los pueblos.
Porque,
habiendo sido celante cumplidor de la Ley, según la interpretación
que efectuaba, y creyendo de verdad actuar según los preceptos de
aquélla, Saulo, el perseguidor, pidió licencias para ir en búsqueda
de los discípulos de Cristo, en Damasco, con la finalidad de
apresarlos (cf. Hech 9, 2). Pero el acontecimiento que irrumpió él
no podía preverlo: era su nuevo nacimiento, el ser nuevo que se
hacía presente.
En el camino,
por la acción del Espíritu Santo, experimentó un decisivo encuentro
con Cristo, quien lo convirtió en un Enviado para propagar Su
Evangelio en medio de los paganos (cf. Hech 9,3ss). De hecho, la
fiesta de la «conversión» de San Pablo nos habla de este «vaso de
elección» escogido por Dios para serle "testigo ante todos los
hombres" (Hech 22,15). Testigo con una visión y anhelo
universal, como la Iglesia misma, «…necesaria para la Salvación»,
la cual, desde el día de Pentecostés, ha manifestado la
universalidad de su misión, que es, a la vez que asumiente de las
insondables riquezas de la humanidad
.
Por eso,
hermanos y hermanas de esta diócesis, el objetivo del Año Paulino es
profundizador y evangelizador, esto es, además de ser tiempo
propicio para dar a conocer más y mejor la persona, ser, obra y
acción del «Apóstol de las Gentes», lo es sobre todo para invitar a
todos los creyentes en Cristo y a los hombres de buena voluntad a
profundizar en el inspirado paulino mensaje de vida en Cristo, el
mensaje de Salvación. Lo es para dejarnos hacer por Dios y su
gracia, para producir una eclosión de fe, esperanza y
caridad (sin olvidar la dimensión social de ésta, la
solidaridad), en un mundo que tanto necesita de estas virtudes.
Este tiempo de
gracia es ocasión propicia también para que reflexionemos en la
relación esencial entre justicia y caridad, virtudes inseparables,
tema al cual el Papa le ha dedicado una especial consideración en la
segunda parte de su Encíclica «Deus Caritas est».
No existe caridad sin justicia. Al mismo tiempo, el cristiano está
llamado a buscar siempre la justicia, llevando dentro de sí el
impulso superador que proviene del Amor, que supone la justicia y la
trasciende. Reaprender a ser justos, a compartir, a crear
condiciones de justicia y paz, implica abrir el corazón a Dios y a
los hermanos. Que sea éste un tiempo en que podamos ver cómo la fe
abre puertas extraordinarias al trabajo por un orden justo en la
sociedad, a una «caridad social» rectamente entendida y aplicada, y
en particular en lo referente a los fieles laicos, en la
participación personal en la vida pública, cooperando con los demás
ciudadanos
.
De tal modo, el
Año paulino proclamado por Benedicto XVI tiene mucho de aquella
exhortación a la transformación en el Amor y a la «nueva imaginación
de la caridad» a la que nos llamara Juan Pablo II en Novo
Millenio ineunte, ese gran programa pastoral para el IIIer. Milenio..
Desde esta
perspectiva, este año de gracia 2008-2009 viene a consistir para
nosotros en un ponernos en la vía de «Jesús-Camino», con la
significación, por ende, de ser ocasión privilegiada para la
pastoral, para todos los agentes de ésta, sean los curas párrocos y
sus colaboradores, los catequistas, religiosos y religiosas, laicos
y laicas comprometidos, con el fin de profundizar en el pensamiento
de San Pablo y en la obra de la gracia en él, de promover la lectura
espiritual y los estudios acerca de las Cartas, paulinas, las
cuales, en y desde el Espíritu, nos confirmarán en la fe, haciendo
que podamos cada día crecer en el testimonio de vida de «hijos de
la luz» (cf. Ef. 5,8), afianzándonos también en nuestra «cordial
pertenencia a la Iglesia» (sabiendo que «cordial» proviene de
«corazón», y apartando de nosotros toda dañosa división). Ello nos
afianzará, al mismo tiempo, en nuestra misión como evangelizadores y
en nuestro empeño por un ecumenismo verdadero y por un fructífero
diálogo interreligioso, en la Justicia y en la Paz, en apertura
amorosa al Espíritu del Señor.
Es ese mismo
Espíritu el que " (…) nos identifica con Jesús-Camino,
abriéndonos al misterio de salvación para que seamos hijos del Padre
y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad,
enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones, y
nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos abrazar su plan de
amor y entregarnos para que todos tengan vida en Él"
,
como nos lo refiere el Documento de Aparecida. Parece como un
resumen del apostolado de Pablo.
II
SER,
PENSAMIENTO Y ACCIÓN DE SAN PABLO
La conciencia
psicológica y moral de Pablo como Apóstol de Jesucristo es
manifiesta en su pensamiento, tal como lo expresa en algunos de sus
escritos (como por ejemplo en Rom 1,1). Dicha conciencia parte de un
Llamado (como lo expresa en Rom 1,1: “siervo de Cristo Jesús,
apóstol por vocación”) el cual selló su misma existencia, para
anunciar el evangelio. Este anuncio manifestaba «la razón de su
vida», pues no era otra cosa que la expresión de su total conversión
a Jesucristo y su total reconocimiento de Él como Mesías y Señor.
Es lo que podemos llamar el «Cristo-centramiento» de San Pablo, a
partir de la centralidad de Cristo Señor, el Cual tomó su entera
vida, al punto que así lo exclama en la carta a los Gálatas: "No
soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí" (2,20).
La conciencia
psicológica y moral a la que nos referimos era tanto más clara
cuanto que Pablo, elegido “para anunciar el evangelio de Dios”,
no poseía una presencia significativa y, según parece, su palabra
(pienso que en el sentido de elocuencia o retórica) era considerada
«despreciable» para sus adversarios.
El Papa
Benedicto no duda en afirmar que el éxito del apostolado paulino
dependió sobre todo de un empeño personal en anunciar el Evangelio
con total y valiente «dedicación» a Cristo, sin reparar en
dificultades y peligros
,
a imagen de cómo era, por otro lado, la vida de los XII Apóstoles,
quienes, «movidos por el Espíritu Santo, invitaban a todos a
cambiar de vida, a convertirse y a recibir el bautismo»
,
en una predicación también riesgosa y en nada exenta de
contradicciones de parte del ambiente. El servicio evangelizador de
Pablo se caracteriza por la santa insistencia en la «conversión» («metánoia»)
exigida por la fe en Jesucristo, conversión que lleva a revestirse
de Él y a caminar en la novedad de vida en el Espíritu (a la cual se
refiere en el capítulo 8 de la Carta a los Romanos).
Pablo anunció
con valentía («parresía»), y sin temor al rechazo o al
desentendimiento, que es la Cruz de Jesucristo posee valor salvador
y que es Su gloriosa resurrección la que nos da la «novedad»
perpetua del cristianismo, la religión de una vida nueva, la del
Amor (cf. Rom 6,4), ese Amor que derriba los muros del odio y de la
división y hermana a los seres humanos, hechos «creaturas nuevas»
(cf. Efes 2,14), liberados (Cf. Gal 5,1) e iluminados por Jesús (cf.
Efes 5,8) en el Espíritu. Así, el Apóstol exhortaba a todos a no
tener miedo en el cumplimiento del ministerio eclesial,
basado en que el Señor no ha dado a sus discípulos un espíritu de
«timidez» -y menos todavía de pusilanimidad- (Cf 2 Tim 1,7), y
fundado en la convicción de que la gracia de Cristo siempre nos
acompaña, incluso en medio de las fatigas y cansancios (Cf 1 Cor
15,10).
Si Cristo era
la fuente de la vida de Pablo y de la acción apostólica que
desenvolvía, por ello mismo él supo ver en la Iglesia el «Cuerpo de
Cristo» (Cf. Ef 4,4) al que amó y sirvió con todo su ser. Pablo se
dedicó a edificar la Iglesia, a fundar y consolidar las comunidades
eclesiales que estaban a su cargo (Cf 1Tes 1,2ss). En la Iglesia,
todos los miembros están unidos por la gracia del bautismo y
animados por la fuerza del Espíritu Santo. Así, evangelizar y
extender la Iglesia llevó lo esencial de la vida de Pablo, como
exclama en la carta primera a los Corintios: "Ay de mí si no
evangelizara" (1 Cor 9,16). Un evangelizar para nada reducido a
un mero anuncio teórico sino centrado en el discipulado, en el
conocimiento y vivencia de la Palabra de Dios (Cf. Mt 28,19-20). En
esto, en su «pasión por la Iglesia», nunca cesó, incluso durante el
aprisionamiento previo a su muerte (cuando estaba en custodia
pública como delincuente común), habiendo proseguido en interesarse
personalmente por la marcha de las iglesias y el apostolado (Cf 2
Tim 4,11). El Apóstol era Pastor de las Ovejas.
Por fin, al
final de su vida en esta tierra, aproximadamente en el otoño del 66,
como dijimos, nuevamente prisionero en Roma (Cf 2 Tim 4,9.21),
sufrió una expeditiva condena condena capital de resultas de la cual
fue decapitado, según la tradición, junto a Tre Fontane (Acquae
Salviae), probablemente en el año 67. Combatió el buen combate,
conservó y nos dejó la fe.
III
LA UNIÓN DE
PEDRO Y
PABLO
A riesgo de
alargar un poco estas páginas, deseo también atraer la atención de
ustedes sobre la unión inseparable de la misión paulina respecto de
la misión petrina. La misión de Pablo es indivisible de la misión de
Pedro, la «piedra» sobre la cual el Señor quiso edificar su Iglesia.
En este IIIer. Milenio que hemos iniciado, el mensaje de Pedro y
Pablo es más actual que nunca. Ambos Apóstoles son inseparables en
su ser y en su acción. Nuestros oídos siguen escuchando la voz de la
invitación que Pedro, junto con su hermano Andrés y con los primeros
discípulos, escuchó de Jesucristo mismo: «rema mar adentro, y
echen sus redes para pescar» (Lc 5, 4)
.
Ha sido la invitación que en el la carta apostólica «Novo Millenio
ineunte» nos dirigiera el Papa Juan Pablo II, como incentivo para el
proyecto pastoral en el tercer Milenio de la era cristiana, tal como
lo indicáramos más arriba.
Pedro, después
de la pesca milagrosa, recibió el anuncio de su vocación y elección:
se convertiría en «pescador de hombres» (Lc 5, 10). Pablo,
que recibe su elección y misión camino a Damasco, nos pide hoy a
todos nosotros el reavivar la gracia recibida, como lo hizo a su
discípulo Timoteo, Obispo, a quien el «Apóstol de las Naciones» le
solicita reavivar continuamente «la gracia recibida por la
imposición de las manos» (cf. 2Tim 1,6). En uno y otro caso
podemos ver cuánto es necesario reafirmar (con fe, con humildad, con
valentía apostólica) nuestra pertenencia a la Iglesia, Cuerpo de
Cristo. Pero el éxito de este emprendimiento no depende de un
esfuerzo voluntarista. Podremos hacerlo sólo si antes dejamos entrar
la luz de la gracia y así reforzamos nuestra opción profunda de
seguimiento a Jesucristo, el Señor, «ho Kýrios». Siguiendo la
exhortación paulina, y «acordándonos de Jesucriso resucitado de
entre los muertos», así viviremos y tendremos parte en el Reino, con
Él (Cf 2Tim 2,8.11.12.).
Cual
consecuencia vivencial de lo anterior, la unión afectiva y efectiva
con el Sucesor de Pedro, el Papa, la comunión orgánica como Iglesia,
nos hará entrar de lleno en la corriente de gracia de la misión de
Pedro y Pablo y traerá grandes frutos de evangelización y de
promoción de la persona humana.
IV
LAS
CELEBRACIONES Y ACTIVIDADES EN NUESTRA DIÓCESIS
Como sabemos,
en la Iglesia particular se dan todas las notas de la Iglesia
universal.
Nuestra
diócesis de Zárate-Campana fue creada 21 de Abril de 1976 por su
Santidad Pablo VI (quien tomó ese nombre por el Apóstol de las
Gentes), y abarca una vasta zona, densamente poblada, la cual por lo
demás ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años. Como
diócesis es «joven» (recordamos aún la celebración del XXXmo.
aniversario, en 2006), geográficamente muy variada, y a la que todos
nosotros hemos querido encaminar, en profundo consenso pastoral, en
«estado de misión».
Como región, en
cambio, tiene en su haber algunas de las circunscripciones
parroquiales más antiguas de Buenos Aires, localizadas
principalmente en el «decanato rural», tales como Santiago del
Baradero –que, con 370 años, es la más antigua de la actual
Provincia civil-, San Antonio de Areco y Exaltación de la
Cruz. Las
ciudades principales y más populosas, en cambio, pertenecen a los
tiempos del proyecto-país de la Argentina de los ferrocarriles, del
desarrollo industrial y portuario, y ha recibido en estos últimos
tiempos una fuerte inmigración desde las provincias, y desde los
vecinos países del Paraguay y Bolivia.
Recientemente
el Santo Padre Benedicto XVI, conservando la iglesia catedral de
Santa Florentina en Campana, y la sede del Obispado en la misma
ciudad, nos ha hecho el don de la Co-catedral de la Natividad del
Señor, en Belén de Escobar (cuyo Templo cumple 100 años en este
2008). Es gracia y don para todos nosotros y halla sentido en el
«estado de misión» diocesano y en el cordial empeño por una
evangelización renovada.
El «estado de
misión» tiene mucho, muchísimo, del espíritu paulino de la
evangelización, vista como posibilidad de enriquecimiento no sólo
para sus destinatarios sino también para quien la realiza, en esta
diócesis nuestra y con frutos también para la Iglesia entera, pues «la
misma Iglesia universal se enriquece con expresiones y valores en
los diferentes sectores de la vida cristiana, […] conoce y expresa
aún mejor el misterio de Cristo, a la vez que es alentada a una
continua renovación».
Dentro de esta
continua renovación, en y desde el Misterio de Cristo: ¿Cómo
podríamos dejar de esperar, queridos hermanos y hermanas, que este
Año Paulino, don y regalo del Santo Padre, sea un tiempo más que
propicio para que nuestras comunidades, nuestros organismos
eclesiales de comunión orgánica, confirmen su fe, en el Amor y en la
esperanza que nos vienen del Señor Jesús?.
Por eso, quien
les habla, como vuestro Obispo, va a realizar la «apertura de este
Año Paulino» en la diócesis, con la celebración eucarística en fecha
del 28 de junio, por la tarde, en la única circunscripción diocesana
(creada en 2007) que tiene el «título de los Apóstoles»: la cuasi-parroquia
de Nuestra Señora de Luján y de los Santos Apóstoles Pedro y
Pablo, en la ciudad de Campana. Tendremos allí las Fiestas
Patronales, bendición de la nueva pila bautismal y confirmaciones de
adultos. La celebración de apertura se completará al día siguiente,
el 29, con la consagración e inauguración de la nueva iglesia de
peregrinos, dedicada a San José, contigua al santuario de
Schoenstatt, en Belén de Escobar.
Durante el año
realizaremos nuestro encuentro judeo-cristiano con las comunidades
de las ciudades de Zárate y de Campana, hermanos con los cuales ya
se ha hecho una amistosa tradición el encontrarnos. Tendrá lugar en
la recientemente inaugurada sala «Nuestra Señora de Guadalupe» de
nuestro Obispado (el jueves 10 de julio, con el tema: «San Pablo y
la ética de Occidente»). Asimismo mantendremos durante el año de San
Pablo diversos encuentros de oración, conferencias, actos, en
algunos decanatos.
Esto sin
olvidar la «misión joven» que, esta vez especialmente impregnada del
espíritu paulino, tendrá lugar en Belén de Escobar este año 2008, en
el mes de septiembre.
Pido a todos
los curas párrocos que, en unión con el Santo Padre Benedicto XVI y
con su Obispo, abran solemnemente el año paulino sea el 28 de junio
en la misa vespertina, o el 29 durante todo el día, en sus iglesias
parroquiales. Puesto que la única entidad educativa perteneciente al
Obispado que lleva el nombre de «San Pablo» es el colegio católico
homónimo, en la ciudad de Zárate, el cual cuenta con una bellísima e
insigne imagen del Apóstol, pintada artísticamente en tela y
encuadrada, ésta será como una «imagen peregrina» que podrá ser
trasladada, a pedido de los curas párrocos, a las distintas
parroquias e iglesias designadas para ganar las indulgencias, a los
fines de resaltar la figura del Apóstol y para que esté presente en
los actos y encuentros mencionados.
Los lugares
para lucrar las indulgencias que ha concedido el Santo Padre para
este año de gracia, serán, en nuestra diócesis de Zárate-Campana, la
iglesia catedral de Santa Florentina (Campana) y la iglesia
co-catedral de la Natividad del Señor (Belén de Escobar),
junto con las iglesias matrices de los partidos de Baradero (Santiago
Apóstol), San Antonio de Areco (San Antonio de Padua),
Exaltación de la Cruz (Cristo Crucificado), Pilar (Nuestra
Señora del Pilar), Zárate (Nuestra Señora del Carmen),
como asimismo la sede cuasiparroquial de Nuestra Señora de Luján
y los Santos Apóstoles Pedro y Pablo (ciudad de Campana), la
iglesia de la Inmaculada Concepción (de la localidad de Maq.
Savio), la iglesia de Jesús Misericordioso (en Garín, partido
de Escobar) y la iglesia de los peregrinos, dedicada a San
José (en el partido de Escobar), perteneciente al Movimiento de
Schoenstatt, que, como he dicho, consagraré el 29 de junio, en la
Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
Habiendo
escuchado al consejo episcopal, he establecido también que, junto
con la fecha de apertura del Año Paulino, y de su clausura (el 29 de
junio de 2009), se podrá lucrar la indulgencia plenaria en dichas
iglesias mencionadas, los días siguientes: el 18 de noviembre del
corriente año (Dedicación de las Basílicas de los Santos Pedro y
Pablo en Roma), el 25 de enero de 2009 (Fiesta de la
Conversión de San Pablo) y los días festivos de las
celebraciones de las Fiestas Patronales de las iglesias
arriba indicadas.
Tal como bien
sabemos, gracias a la enseñanza de Pablo y a su apostolado, las
primeras comunidades cristianas fueron creciendo en el Amor de Dios
y en la conciencia del «ser Iglesia». Con los desafíos de la «Nueva
Evangelización», el «Apóstol de las Gentes» nos interpela una vez
más, hoy, a nosotros, hombres y mujeres de este tiempo y de este
lugar: el centramiento de nuestra fe en Jesucristo, en el
cual y por el cual somos lo que somos (Cf 1 Cor. 15,10) y el
compromiso del condiscipulado evangelizador.
Ponemos en las
manos de la Virgen Santísima, en su advocación de Nuestra Señora de
Luján, Patrona de la Argentina y Patrona de esta diócesis de
Zárate-Campana todas nuestras buenas intenciones, nuestros
propósitos pastorales y las actividades programadas para este Año
Paulino.
Con afecto en
Cristo y María, los bendice y pide la oración de ustedes,
Mons.
Oscar Sarlinga,
obispo de Zárate-Campana
13 de junio de
2008, Festividad de San Antonio de Padua
Notas
Cf BENEDICTO XVI, Homilía del Santo Padre durante la celebración
de las primeras vísperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo,
en la Basílica papal de San Pablo Extramuros, Roma, 28 de junio de
2007.
CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen Gentium, n. 14; cf.
Id. Decreto Ad gentes, n. 7; Id., Decreto Unitatis
redintegratio, n. 3. La visión de la Iglesia necesaria para la
salvación no es en modo alguno contraria a la voluntad salvífica de
Dios, que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento pleno de la verdad» (1 Tim 2, 4). Son verdades
convergentes, razón por lo cual, «es necesario, pues, mantener
unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la
salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la
Iglesia en orden a esta misma salvación» (JUAN PABLO II, Carta
Encíclica Redemptoris missio, n. 9: AAS 83 [1991], 258).
Cf. JUAN PABLO II, Carta Encíclica
Slavorum
Apostoli (2 de junio de 1985), n.18: AAS 77 (1985),
800.
CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM),
CONFERENCIA DE OBISPOS DE LATINOAMÉRICA Y DEL CARIBE, EN APARECIDA
(Brasil), «Documento de Aparecida», 2007, n. 137.
CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM),
CONFERENCIA DE OBISPOS DE LATINOAMÉRICA Y DEL CARIBE, EN APARECIDA
(Brasil), «Documento de Aparecida», 2007, n. 137.
CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM),
CONFERENCIA DE OBISPOS DE LATINOAMÉRICA Y DEL CARIBE, EN APARECIDA
(Brasil), «Documento de Aparecida», 2007, n. 137.
JUAN PABLO II, Carta Encíclica Redemptoris missio (7 de
diciembre de1990), n. 47: AAS 83 (1991), 293.
Cf. JUAN PABLO II, Carta Apostólica Novo millenio ineunte (6
de enero de 2001, n. 1: AAS 93 (2001), 266.
JUAN PABLO II, Carta Encíclica Redemptoris missio, n.52: AAS
83 (1991), 3000. |