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Mons. Aguer en Roma. Habló en la Academia Santo Tomás de Aquino
Lunes 2 Jul 2012 | 10:54 am
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Monseñor Héctor Aguer ver más
La Plata (Buenos Aires) (AICA): El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, participó ayer, domingo 1º de julio, en Roma de la XII sesión plenaria de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino, de la que es miembro académico honorario. El tema de las deliberaciones fue ¨La herencia tomasiana del beato Juan Pablo II y la refundación de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino¨. Al ocupar la cátedra académica, el prelado platense pronunció una conferencia en la que expuso sobre “La providencia educativa de la familia”, un tema que como presidente de la Comisión de Educación Católica de la Conferencia Episcopal Argentina, trató y escribió sobre él en diversas oportunidades. Entre otras cosas puso el acento en el derecho de los padres a que sus hijos no sean ideologizados, y en el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos.
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El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, participó ayer, domingo 1º de julio, en Roma de la XII sesión plenaria de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino, de la que es miembro académico honorario. El tema de las deliberaciones fue "La herencia tomasiana del beato Juan Pablo II y la refundación de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino".

Al ocupar la cátedra académica, el prelado platense pronunció una conferencia en la que expuso sobre “La providencia educativa de la familia”, un tema que como presidente de la Comisión de Educación Católica de la Conferencia Episcopal Argentina, trató y escribió sobre él en diversas oportunidades.

“El beato Juan Pablo II -comenzó diciendo monseñor Aguer- ha dejado a la Iglesia un amplísimo magisterio sobre la realidad humana y cristiana de la familia, y ha ofrecido al mundo con sus enseñanzas sobre el particular un testimonio verdaderamente profético. En esta comunicación quiero dedicar mi atención a un capítulo del corpus doctrinal sobre la familia: la educación de los hijos, que el pontífice presenta, en diversos documentos, como un derecho, un deber, una tarea, una misión que tiene sus raíces en la vocación primordial de los esposos a participar en la obra creadora de Dios”.

La tarea educativa familiar participa de la providencia divina
Al afirmar que el derecho y también el deber educativo de los padres surge naturalmente de su función generativa, cita a Santo Tomás quien afirma “que la naturaleza tiende no sólo a la generación de los hijos, sino también a su crianza y educación hasta la madurez perfecta que corresponde al ser humano, que es la formación en la virtud”, agregando “que la tarea de la educación de los hijos, que es una exigencia de la ley natural, requiere la vida común de los esposos, la permanencia de la unión matrimonial y una colaboración total del padre y la madre para cumplir ese empeño”.

“Los padres -dijo el arzobispo platense- participan del poder creador de Dios y lo imitan al engendrar a los hijos; son propagadores de la vida… Conservan la vida que han engendrado y la continúan engendrando ulteriormente en sentido espiritual mediante la educación, tarea que participa de la providencia divina que gobierna al mundo: el hijo necesita por mucho tiempo del gobierno del padre… Son educadores porque son padres; en la raíz de este deber que es también un derecho, se encuentra el amor paterno y materno, por cuyo ejercicio los esposos hacen pleno y perfecto su servicio a la vida, colaboran en la obra de la creación y en la edificación de la Iglesia.

“El amor de los padres, recuerda Juan Pablo II, es la fuente y el alma de la acción educativa, y por consiguiente, la norma que la inspira; este amor paterno y materno debe tratar de asemejarse en algo al amor de Dios, que infunde y crea la bondad en las cosas. Si al dar la vida, enseña también el pontífice, los padres participan en la obra creadora de Dios, mediante la educación ellos se asocian a su pedagogía, que es a la vez paternal y maternal; así, por medio de Cristo esa tarea educativa se inserta en la dimensión salvífica de la pedagogía divina”.

Derecho de los padres a que sus hijos no sean ideologizados
En otro momento de su exposición, monseñor Aguer se detuvo en el aspecto jurídico de la misión educativa de la familia; jurídico en el sentido del derecho natural. Juan Pablo II, expresó, “lo presenta inseparablemente como derecho y deber, y lo califica de esencial, original y primario, insustituible e inalienable. Es esencial por su relación con la transmisión de la vida; original y primario respecto al de otros agentes de la educación; insustituible e inalienable porque no puede ser delegado totalmente o usurpado por otros”.

“El pontífice -añadió Aguer- reivindicó en numerosas intervenciones suyas este derecho, y lo hizo especialmente en ocasión de sus viajes apostólicos y en sus discursos ante las autoridades culturales y políticas, lo defendió frente a los regímenes de corte totalitario y recordó su carácter de derecho democrático en el caso de sociedades en las que el relativismo y el laicismo podían hacer peligrar el efectivo ejercicio de ese derecho.

“En la mayor parte de sus mensajes sobre el particular, se trata del derecho que asiste a las familias católicas de asegurar para sus hijos una formación escolar conforme a la fe y a la visión cristiana del mundo. Así lo hizo, por ejemplo, en el discurso a la UNESCO el 2 de junio de 1980: ‘Permítaseme reivindicar en este lugar –decía en esa ocasión– para las familias católicas el derecho que toda familia tiene de educar a sus hijos en las escuelas que correspondan a su propia visión del mundo, y en particular el estricto derecho de los padres creyentes a no ver a sus hijos en las escuelas sometidas a programas inspirados por el ateísmo. Ese es, en efecto, uno de los derechos fundamentales del hombre y de la familia’. Hacía entonces referencia, como lo hizo en otras oportunidades, al artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

Derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos
“En el magisterio de Juan Pablo II -continuó exponiendo monseñor Aguer- se registra la insistencia en la libertad de elección de los padres respecto a la orientación de la enseñanza que reciben sus hijos. Este derecho es enunciado en términos amplios: es el derecho de transmitir a sus hijos los valores en que creen, especialmente la religión, en escuelas apropiadas para ello, pero el pontífice se refiere, en concreto, a las familias católicas.

“En varias intervenciones de los años 1984 a 1988, el Papa pone de relieve una nota de particular: que esa posibilidad de escoger no pese económicamente sobre los hogares. Las fórmulas adoptadas en estos pronunciamientos son prácticamente idénticas: no debe comportar esfuerzos económicos demasiado costosos, sin soportar por ello cargas económicas adicionales, sin indebidos pesos económicos, sin tener que soportar cargas inaceptables.

“Esta reiterada afirmación contiene un mensaje dirigido a las autoridades públicas. El Estado puede favorecer de diversas maneras el ejercicio de ese derecho de los padres de familia: creando escuelas destinadas especialmente a alumnos católicos, brindando aportes financieros para sostener las escuelas de propiedad y gestión eclesial, ofreciendo enseñanza religiosa curricular en las escuelas estatales.

“En muchos países, la organización monopólica estatal de la instrucción pública y la tradición laicista han tornado problemático y accidentado este servicio de subsidiariedad, que desaparece totalmente en las regiones y períodos en los que se ha impuesto el ateísmo de Estado, o cuando se niega la libertad religiosa”.

“La escuela pública –entiéndase: la estatal– no debe poner en peligro la fe de los alumnos católicos. Esa garantía es violada sistemáticamente por el Estado cuando impone contenidos curriculares contrarios a la fe y a la visión cristiana del hombre y del mundo. Se trata de un desliz frecuente, que se verifica de manera más o menos manifiesta según los casos, en un contexto cultural en el que impera el escepticismo acerca de la verdad y el relativismo moral. Es ésta una característica de las sociedades liberales posmodernas que tiene sus raíces en una teoría constructivista del conocimiento”.

“Esta ideología -dijo en la parte final de su ponencia monseñor Aguer-, que se introduce en las aulas de las escuelas estatales a través de los diseños curriculares, suele ser justificada en nombre del pluralismo y la tolerancia propios de un régimen democrático. Al respecto, vale la advertencia de Juan Pablo II: una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto; en nombre de la democracia se impone un pensamiento único contrario a la verdad del hombre y a la fe cristiana. Lo peor ocurre cuando el Estado, que hace un aporte económico al sostenimiento de la escuela católica, pretende imponer en ella contenidos y orientaciones de enseñanza que contradicen las convicciones de los padres de familia y ponen en riesgo la libertad de la Iglesia en la transmisión de la verdad”.+
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