Los mandamientos son las “palabras amorosas de Dios” a su pueblo para que camine bien
Miercoles 27 Jun 2018 | 07:49 am
Ciudad del Vaticano (AICA):
Durante la audiencia general de hoy, miércoles 27 de junio, el papa Francisco continuó con su catequesis sobre los mandamientos. En esta ocasión el pontífice se detuvo a reflexionar sobre el texto sagrado que precede al Decálogo: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la condición servil”. Esta primera declaración dijo el Santo Padre, “ilumina el decálogo de los mandamientos” y pone de manifiesto la generosidad de Dios, recordando que Dios liberó a su pueblo y lo sacó de la esclavitud. “Es una muestra más de que Nuestro Dios primero salva y después nos pide confianza”.
Durante la audiencia general de hoy, miércoles 27 de junio, el papa Francisco continuó con su catequesis sobre los mandamientos.

En esta ocasión el pontífice se detuvo a reflexionar sobre el texto sagrado que precede al Decálogo: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la condición servil”.

Esta primera declaración dijo el Santo Padre, “ilumina el decálogo de los mandamientos” y pone de manifiesto la generosidad de Dios, recordando que Dios liberó a su pueblo y lo sacó de la esclavitud. “Es una muestra más de que Nuestro Dios primero salva y después nos pide confianza”.

El Decálogo -explicó el Papa- “comienza con la generosidad de Dios. Dios nunca pregunta sin dar primero. Nunca. Primero salva, primero da, luego pregunta. Este es nuestro Padre, nuestro buen Dios”.

Asimismo el Santo Padre señaló la importancia de la primera declaración: “Yo soy el Señor tu Dios”. Que pone de manifiesto “un posesivo”, “hay una relación. Dios no es un extraño: él es tu Dios” e indicó que “a menudo nuestras obras fracasan porque partimos de nosotros mismos y no de la gratitud. Y quien comienza desde sí mismo, a dónde llega? ¡Llega a sí mismo! Es incapaz de hacer un camino sin regresar a sí mismo”.

“La vida cristiana es, ante todo, la respuesta agradecida a un Padre generoso. Los cristianos que solo siguen “deberes” no tienen una experiencia personal de ese Dios que es “nuestro”. Tengo que hacer esto, esto, esto ... Solo deberes. ¡Pero te estás perdiendo algo! ¿Cuál es la base de este deber? El fundamento de este deber es el amor de Dios el Padre, que primero da, luego ordena. Poner la ley antes de la relación no ayuda al camino de la fe. ¿Cómo puede un joven desear ser cristiano, si partimos de obligaciones, compromisos, coherencias y no de liberación? ¡Porque ser cristiano es un viaje de liberación! Los mandamientos te liberan de tu egoísmo y te liberan porque existe el amor de Dios que te lleva adelante. La formación cristiana no se basa en la fuerza de voluntad, sino en la aceptación de la salvación, en dejarse amar: primero el Mar Rojo, luego el Monte Sinaí. La salvación primero: Dios salva a su pueblo en el Mar Rojo; luego en el Sinaí, él le dice lo que debe hacer. Pero esa gente sabe que estas cosas se hacen porque fueron salvadas por un Padre que los ama”.

Seguidamente Francisco indicó qué hacer “si uno mira hacia adentro y solo encuentra un sentido del deber, una espiritualidad como sirvientes y no como niños”. “¿Qué hacer en este caso?, preguntó el pontífice: “podemos pedir ayuda a gritos: “Señor, sálvame, Señor, enséñame el camino, Señor, concédeme, Señor, dame un poco de alegría”, como lo hizo el pueblo de Israel. “Esto depende de nosotros: pedir ser liberados del egoísmo, del pecado, de las cadenas de la esclavitud. Este grito es importante, es oración, es conciencia de lo que todavía está oprimido y no liberado en nosotros. Hay muchas cosas que no están liberadas en nuestra alma. “Sálvame, ayúdame, líbrame”. Esta es una hermosa oración para el Señor. Dios espera ese grito”.

El Santo Padre concluyó subrayando que “la acción liberadora de Dios colocada al comienzo del Decálogo, es decir, de los mandamientos, es la respuesta a este lamento. No nos salvamos a nosotros mismos, sino que podemos pedir ayuda. Pedir ser liberados del egoísmo, del pecado, de las cadenas de la esclavitud. Este grito es importante, es oración, es conciencia de lo que todavía está oprimido y no liberado en nosotros”. Hay muchas cosas que no están liberadas en nuestra alma. "Sálvame, ayúdame, líbrame". Esta es una hermosa

“Dios espera ese grito porque puede y quiere romper nuestras cadenas; Dios no nos ha llamado a la vida para que permanezcamos oprimidos, sino para ser libres y vivir en gratitud, obedeciendo con alegría a Aquel que nos dio tanto, infinitamente más de lo que jamás le podemos dar a Él. ¡Que Dios sea bendecido siempre por todo lo que ha hecho, hace y hará en nosotros!”, concluyó el papa Francisco.+