Francisco explica cómo debemos rezar
Jueves 11 Oct 2018 | 10:45 am
Ciudad del Vaticano (AICA):
“La oración no es como una varita mágica, es un trabajo que nos pide voluntad, nos pide constancia, nos pide ser determinados, sin vergüenza. Porque yo estoy llamando a la puerta de mi amigo. Dios es amigo, y con un amigo yo puedo hacer esto”, explicó esta mañana el papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta.
El papa Francisco dedicó hoy su homilía, de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta, al tema de la oración, y de cómo debemos rezar.

El Santo Padre centró su reflexión en el pasaje del Evangelio de hoy que relata la parábola del hombre que, a medianoche, llama a la puerta de la casa de un amigo suyo para pedirle algo de comer. Y el amigo responde que no es el momento oportuno, que ya está en la cama, aunque después se levanta y le da lo que le pide.

Sobre este texto el pontífice subrayó tres elementos: un hombre con necesidades, un amigo y un poco de pan. Es una visita sorpresiva la del amigo necesitado y la suya es una petición insistente porque confía en su amigo que tiene lo que él necesita. Pide con insistencia y de este modo –dijo Francisco– el Señor quiere enseñarnos cómo se reza:

“Se reza con coraje, porque cuando rezamos tenemos una necesidad, normalmente, una necesidad. Un amigo es Dios: es un amigo rico que tiene pan, tiene eso de lo nosotros tenemos necesidad. Como si Jesús dijera: ‘En la oración sean insistentes. No se cansen’. Pero, ¿no se cansen de qué? De pedir. 'Pidan y se les dará’”.

Pero “la oración –continuó explicando el Papa– no es como una varita mágica”, no es que apenas pedimos, obtenemos. No se trata de decir dos “Padrenuestros” y después irse:

“La oración es un trabajo: un trabajo que nos pide voluntad, nos pide constancia, nos pide ser determinados, sin vergüenza. ¿Por qué? Porque yo estoy llamando a la puerta de mi amigo. Dios es amigo, y con un amigo yo puedo hacer esto. Una oración constante, insistente. Pensemos en Santa Mónica por ejemplo, cuántos años rezó así, incluso con las lágrimas, por la conversión de su hijo. El Señor, al final, abrió la puerta”.

Al respecto el Papa relató un hecho acaecido en Buenos Aires: un hombre, un obrero, tenía una hija que estaba muriendo. Los médicos no le habían dado ninguna esperanza y él recorrió 70 kilómetros para ir hasta el Santuario de la Virgen de Luján. Llegó cuando era noche y el Santuario estaba cerrado, pero él rezó afuera durante toda la noche implorando a la Virgen: “Yo quiero a mi hija, yo quiero a mi hija. Tú puedes dármela”. Y cuando a la mañana siguiente volvió al hospital se encontró con la esposa que le dijo: “Sabes, los médicos la han llevado a hacer otro examen. No tenían explicación, porque se despertó y pidió de comer. Y no tiene nada, está bien, está fuera de peligro”. Aquel hombre –concluyó el Papa– sabía cómo se reza.

El Santo Padre invitó a pensar también en los niños caprichosos, cuando quieren algo y gritan y lloran diciendo: “¡Yo lo quiero! ¡Yo quiero!”. Y al final los padres ceden. Y alguien podría preguntarse: ¿Pero Dios no se enojará si hago así? Es el mismo Jesús –recordó el Papa– quien previendo esto nos ha dicho: “Si ustedes que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más su Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden”.

“Es un amigo: siempre ofrece el bien. Da más: yo te pido que resuelvas este problema y él lo resuelve y también te da el Espírito Santo. Es más. Pensemos un poco: ¿Cómo rezo? ¿Como un loro? ¿Rezo precisamente con la necesidad en el corazón? ¿Lucho con Dios en la oración para que me conceda eso de lo que tengo necesidad si es justo? Aprendamos de este pasaje del Evangelio cómo rezar”. +