Mons. Canecín animó a "creer en las promesas de Dios"
Miercoles 15 May 2019 | 12:03 pm
Goya (Corrientes) (AICA):
El obispo de Goya, monseñor Adolfo Canecín, presidió la misa de clausura de la Jornada del Buen Pastor en la catedral Nuestra Señora del Rosario, de Goya. El prelado invitó a los jóvenes a discernir cuál es la vocación concreta que Dios quiere para cada uno en la sociedad y en la Iglesia. Durante la jornada, en la costanera del Riacho Goya, los grupos juveniles realizaron dinámicas de reflexión animados por el padre Adrián Roelly, de la congregación del Santísimo Redentor.
La diócesis de Goya compartió el domingo 12 de mayo la Jornada del Buen Pastor, que incluyó actividades de reflexión para jóvenes en la costanera del Riacho Goya, animadas por el padre Adrián Roelly, de la congregación del Santísimo Redentor, y una misa presidida por el obispo, monseñor Adolfo Ramón Canecín.

En su homilía, el obispo transmitió “el saludo y la bendición del papa Francisco”, al tiempo que agradeció el acompañamiento con la oración en su reciente visita Ad límina apostolorum que realizó junto con otros 32 obispos de la Argentina, y destacó que “gracias a los medios hemos estado en contacto permanentemente” donde se reflejaban las crónicas de su visita a Roma.

“Toda la diócesis de Goya, con su vasta y rica realidad, ha estado presente en la persona del obispo saludando y abrazando al Santo Padre, así que siéntanse todos abrazados y bendecidos por el sucesor de Pedro a quien he visitado en estos días” aseguró monseñor Canecín.

En alusión a la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el prelado destacó el lema que identifica este año a la diócesis que transita el Año Vocacional Diocesano: “Qué es el joven para que te fijes en él” y por ese motivo empezó a recorrer los colegios secundarios de todos los departamentos llevando una propuesta e invitación.

“Qué lindo es escuchar el Evangelio de hoy cuando Jesús dice 'Yo soy el buen pastor' -dijo- y, cuando nos dice 'yo conozco a mis ovejas y las llamo por su nombre”, porque no hay dos seres humanos iguales e irrepetibles. Jesucristo, que es una sola persona con el Padre, desde la eternidad conoce a cada ser humano” porque cada uno “fue pensado, soñado y amado desde la eternidad personalmente por Dios Padre”.



El obispo profundizó su concepto al decir: “El nombre de cada uno de nosotros está escrito en la palma de nuestro Dios”, significando que, “siempre estamos en la presencia de Dios” por eso llamó a valorizar la existencia de cada persona con la característica que tiene la vida de cada uno, con la historia que es valiosa e importante porque “Dios nos amó y nos ama personalmente”.

“Dios puso en cada uno de nosotros de manera germinal, como una semilla, el sueño suyo desde la eternidad, para cada ser humano, por eso, Jesús puede revelarnos, enseñarnos y mostrarnos cuál es el sueño del Padre para cada uno, y en el encuentro personal con él, puede ir manifestándonos cuál es el sentido de la vida para cada uno” enfatizó.

Por otra parte, monseñor Canecín animó a discernir cuál es la vocación concreta que Dios quiere para cada uno de nosotros en la sociedad y en la Iglesia. En ese sentido, llamó a pedir “desde el inicio” el don del discernimiento, sobre todo en la actualidad donde “se vive una cultura de muchas palabras, una cultura hiperconectada y comunicada, no siempre bien informada”.

“Que sepamos discernir quién es el que tiene palabras de vida eterna”, instó, y pidió a los jóvenes “mirar a Jesucristo, el Buen Pastor, que tiene autoridad porque Él es la promesa del Padre y es el que nos da la valentía para arriesgar por la promesa de Dios”.

“Jesucristo nos reveló cuál es la promesa del Padre: estar con Él por la eternidad, su promesa es vida eterna, realización, plenitud y felicidad” subrayó.

Finalmente, alentó a “creer en las promesas de Dios, porque desde allí brota la capacidad de ser valientes para arriesgar. Fiarnos, creer y llevar adelante el proyecto de Dios para cada uno es lo mejor que nos puede ocurrir”, sostuvo, advirtiendo que implica “riesgo y jugarnos, lanzarnos al vacío con valentía”, y animando a “ser valientes para arriesgarse por la promesa de Dios”, y a abandonarse en las manos de Dios, “como lo hizo la Virgen María que se fio de Dios”.+