Mons. Han Lim Moon: "El Señor te necesita para su milagro"
Sabado 22 Jun 2019 | 07:58 am
San Martín (Buenos Aires) (AICA):
En su reflexión para la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el obispo auxiliar de San Martín, monseñor Han Lim Moon, comparó la situación social actual con el relato evangélico que narra San Lucas: “gente necesitada de la sanación física, afectiva, espiritual, de la alimentación en el cuerpo y en el alma y de ser acompañada por un pastor compasivo y cercano en medio del ambiente desértico”.
Al comenzar su reflexión para la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, el obispo auxiliar de San Martín, monseñor Han Lim Moon, comparó la situación social actual con el relato evangélico que narra San Lucas. “Gente necesitada de la sanación física, afectiva, espiritual, de la alimentación en el cuerpo y en el alma y de ser acompañada por un pastor compasivo y cercano en medio del ambiente desértico”, describió.

En el Evangelio, “Jesús devuelve la salud a la gente y le anuncia la Buena Noticia del Reino”. Luego, cuando los discípulos lo invitan a despedir a la multitud, Él les dice: “Dénles de comer ustedes mismos”. Así los discípulos se convirtieron en “testigos alegres” y “futuros protagonistas” del milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Entonces, el prelado de San Martín se preguntó: “¿Cuál fue el secreto del milagro de Jesús?”. “Tomar de los discípulos lo poco pero todo lo que tenían para ofrecer”, indicó. Monseñor Moon definió al milagro como “el anticipo del gran milagro de la Última Cena donde Jesús se hace pan eucarístico”.

“Por eso, en este momento actual, el Señor necesita para su milagro cinco panes, dos pescados; es decir, personas generosas, confiadas y valientes que se entreguen en las manos del Señor”, mencionó el prelado, e invitó a la comunidad diocesana a ofrecer sus dones al servicio “aunque sean muy pocos, para saciar la gran necesidad de multitudes”.

“Él puede hacer el mismo milagro de multiplicar los panes. Pero necesita personas muy confiadas en su poder y misericordia, absolutamente generosas sin reservas y valientes, dispuestas a ser ‘partidas en pedazos’ pero con la certeza de ser portadoras del milagro del Señor que sana, alimenta y acompaña en los momentos de dolor y de alegría de nuestra gente”.+