Una Iglesia viva que renueva su fe
Viernes 22 Feb 2013 | 11:25 am
Añatuya (Santiago del Estero) (AICA):
En su carta pastoral de Cuaresma, el obispo de Añatuya, monseñor Adolfo Uriona FDP, propuso que el lema ¨Seamos una Iglesia viva renovando nuestra fe” marque el rumbo pastoral diocesano en 2013, en el marco del Año de la Fe. Tras desgranar su significado, sintetizó que “en el camino de la fe es Dios quien toma la iniciativa de venir a nuestro encuentro y nosotros debemos responderle, con el auxilio de la gracia, desde nuestra libertad. La opción confiada por el Dios-Amor, a pesar de que muchas veces no entendemos sus planes desconcertantes, nos saca de nosotros mismos, nos llena de alegría, nos compromete a amar de corazón a nuestros hermanos y alimenta la esperanza de encontrarnos un día con Él”, subrayó. “Esa fe que parte de una decisión personal siempre se hace en el marco de la comunidad eclesial y me une a otros hermanos con quienes comparto la misma creencia. Además, me compromete a vivir en santidad y a anunciarla a todos los hombres, en especial a los indiferentes y alejados”, destacó. Por eso, insistió es “preciso conocer y amar cada día más nuestra Iglesia, donde recibimos y vivimos la fe. Es imprescindible que todos los bautizados demos nuestro aporte para renovarla y embellecerla”.
En su carta pastoral de Cuaresma, el obispo de Añatuya, monseñor Adolfo Uriona FDP, propuso que el lema “Seamos una Iglesia viva renovando nuestra fe” marque el rumbo pastoral diocesano en 2013, en el marco del Año de la Fe.

El prelado explicó que ser una Iglesia viva implica “ante todo fe en la Iglesia” y creer que ésta es “una, santa, católica y apostólica”, y precisó lo que implican estas cuatro notas de su esencia.

Asimismo, puntualizó que ser una Iglesia revitalizada conlleva una “conversión eclesial” o “conversión pastoral”, que ayude a superar las “estructuras caducas y envejecidas” que existen en ella y le impiden el anuncio eficaz del evangelio.

Para hacerlo se requiere, indicó, de una misión permanente, de una renovación de las parroquias y del compromiso laical como protagonistas de la evangelización.

Al referirse a la renovación de la fe, monseñor Uriona sostuvo que “es una invitación a renovar la fe que recibimos en el bautismo y que quizás esté apagada o dormida” e indicó que “la fe es un asentimiento con el que nuestra mente y nuestro corazón dicen su sí a Dios, confesando que Jesús es el Señor. Y este «sí» transforma la vida de toda persona que lo pronuncia, le da un nuevo sentido, la hace rica de alegría y de esperanza”.

“La fe, por tanto, es acoger este mensaje transformador en nuestra vida, es acoger la revelación de Dios, que nos hace conocer quién es Él, cómo actúa y cuáles son sus proyectos de amor para nosotros”, subrayó.

El obispo detalló que la fe es personal y comunitaria, y que un rasgo característico es la oscuridad, además de enumerar los frutos del camino de la fe; el deseo de Dios, un conocimiento de Dios que lleva al amor y santificación y testimonio.

A modo de síntesis, monseñor Uriona enfatizó que para este Año de la Fe el papa Benedicto XVI invita a “revitalizar la fe, partiendo de un encuentro personal con Jesucristo. En el camino de la Fe es Dios quien toma la iniciativa de venir a nuestro encuentro y nosotros debemos responderle, con el auxilio de la gracia, desde nuestra libertad. La opción confiada por el Dios-Amor, a pesar de que muchas veces no entendemos sus planes desconcertantes, nos saca de nosotros mismos, nos llena de alegría, nos compromete a amar de corazón a nuestros hermanos y alimenta la esperanza de encontrarnos un día con Él.

“Esa fe que parte de una decisión personal siempre se hace en el marco de la comunidad eclesial y me une a otros hermanos con quienes comparto la misma creencia. Además, me compromete a vivir en santidad y a anunciarla a todos los hombres, en especial a los indiferentes y alejados”, agregó.

Por eso, insistió que es “preciso conocer y amar cada día más a nuestra Iglesia, donde recibimos y vivimos la fe. Es imprescindible que todos los bautizados demos nuestro aporte para renovarla y embellecerla”.

Monseñor Urione dijo que “concretamente, en la diócesis de Añatuya lo haremos trabajando en las cuatro líneas de acción que nos propusimos en el Jubileo Diocesano” y pidió que “María Santísima, Madre de Dios y de la Iglesia, nos acompañe en este Año de la Fe y nos ayude a vivirla con nuevo vigor en nuestra Iglesia particular”.+

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