Martes 11 de agosto de 2020

Mons. Han Lim Moon: El secreto de María para ser "perfectamente pura"

  • 9 de diciembre, 2019
  • San Martín (Buenos Aires) (AICA)
Comentario del Evangelio del domingo

En la solemnidad de la Inmaculada Concepción y segundo domingo de Adviento, este 8 de diciembre, el obispo auxiliar de San Martín, monseñor Han Lim Moon, comenzó su reflexión comentando la preocupación de la contaminación del corazón y la mente del hombre: “Jesús afirma que el pecado que sale del interior del hombre es lo que contamina todo el resto”.



Al mencionar el día de la Virgen, la “concebida sin el pecado original en atención a los méritos de la muerte redentora de su Hijo Jesucristo”, recordó que “por la gracia de Dios, María ha permanecido pura de todo pecado personal a lo largo de toda su vida”.



Pero monseñor Moon se preguntó: “¿Cuál fue el propósito de Dios para hacerla perfectamente pura?”. Entonces, explicó: “Para que Ella fuera morada digna del Hijo de Dios, el autor que purifica la contaminación del pecado de toda la humanidad”. Y, por otro lado, “para que la pureza de la Virgen sin el pecado la hiciera colaboradora perfecta de la obra redentora de su Hijo ya que, justamente, el pecado es el rechazo a la voluntad de Dios”.



Luego hizo alusión al sentido de la fiesta de la Inmaculada Concepción en tiempo de Adviento: “Tener a la Virgen como modelo para lograr la mayor pureza de nuestro corazón y así, recibir a Jesucristo y colaborar activamente en su obra redentora”.



De este modo, indicó los medios principales para nuestra purificación: “Ante todo, dejarnos mirar por Dios bondadoso para que Él nos llene de gracia como le sucedió a la Virgen María; recibir el Bautismo, por el cual quedamos libres del pecado original, aunque no de todas sus consecuencias; la confesión sacramental; aceptar el sufrimiento; escuchar atentamente la Palabra de Dios”.



Monseñor Moon recomendó que así “recibiremos mejor a Jesucristo, luego lo ofreceremos para que por medio de su perdón purifique al ‘dueño de la casa común’, manchado por el pecado original y personal”.



Finalmente, el prelado pidió a la Madre Inmaculada “que nos traiga a Nuestro Señor Jesucristo, el autor de toda purificación”.+