Miércoles 15 de julio de 2020

Carta Pastoral de Mons. Dus: "Iglesia de Resistencia en camino sinodal"

  • 13 de diciembre, 2019
  • Resistencia (Chaco) (AICA)
Carta pastoral a los fieles de la arquidiócesis al concluir la Asamblea Arquidiocesana

Al finalizar un nuevo año, el arzobispo de Resistencia, monseñor Ramón Alfredo Dus, envió una carta pastoral al pueblo de Dios que peregrina en la arquidiócesis documento conclusivo de la Asamblea Arquidiocesana que se llevó a cabo en agosto.

“En esta asamblea hemos sentido la necesidad de recuperar el valor, la belleza y el significado evangélico de los vínculos humanos; cordiales, confiados y transparentes para con Dios y entre nosotros. Porque no queremos ser solo una sociedad organizada, o una institución con personería jurídica”, expresó, planteando la necesidad de “redescubrirnos como Iglesia, Pueblo de la Pascua, reunido por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” para renovar la vocación de “ser Pueblo santo, peregrino y servidor. Signo de fraternidad según el mandamiento del amor recíproco de Jesús, que es fuente y da sentido a todo lo que somos y hacemos”.

El prelado manifestó también la necesidad de ser una Iglesia “más familia”, que crea espacios de inclusión, “centrada en la espiritualidad y necesitada de salir al encuentro en los diversos ambientes. Una Iglesia que en el vínculo con los pobres revive su identidad y su misión”.

“Antes que nada ser casa de todos los que aceptan y quieren vivir el proyecto que anunció e inició Jesús de Nazaret. Iglesia, casa de familia, habitada por personas concretas, que con su vida son anuncio de salvación en la misma comunidad, hacia adentro, según las circunstancias y situaciones particulares de cada uno. Y como familia, todos - fieles laicos, miembros de la vida consagrada, y los llamados para ejercer el Ministerio sagrado- desafiados a testimoniar la comunión misionera en nuestro mundo”, puntualizó. En ese sentido, planteó el desafío de “renunciar a ese estilo de relaciones distantes, impersonales, interesadas y clericalistas” porque “vivir como Iglesia – familia implica recuperar vínculos de confianza, de respeto; construir relaciones en la sencillez, en la honestidad y el desinterés para recuperar nuestras comunidades”.

“Como Iglesia tenemos la posibilidad de brindar espacios a situaciones de familia, que exigen un acompañamiento especial: familias pobres, postergadas, con falta de trabajo, en conflictos, en situación de calle”, destacó, y consideró que “para atender esta realidad de modo más maduro y sabio, resuena tan actual volver oír la voz del Señor que nos invita a convertirnos y volver al entusiasmo y la entrega del amor primero”.

“Optemos, entonces, en las puertas del año pastoral que viene, por edificar juntos una Iglesia que en comunión se distinga por la sencillez, la austeridad, la espontaneidad, la creatividad, con la alegría y la confianza de vernos ya como una única familia”, animó.

Al referirse al camino sinodal, monseñor Dus recordó que “la Iglesia es sínodo por naturaleza. Es decir, familia de Dios en la que todos sus miembros, laicos y pastores, según la única, radical y común dignidad, caminan juntos, cada uno según su tarea y responsabilidad”.

“La Iglesia es sinodal, compartiendo la misma condición filial, anunciando el Evangelio, celebrando la fe y poniendo al servicio los dones y talentos recibidos por la gracia y asistencia del Espíritu. En ella, caminando como único Pueblo santo de Dios, sabemos, sentimos y actuamos como sujetos corresponsables de la propagación del Reino”, señaló.

“Iglesia sinodal significa caminar juntos activando procesos descentralizados, en los que todos aportan, escuchan, dialogan; donde todos buscan discernir con parresía misionera y audacia evangélica. La intención fundamental será ‘no apagar el Espíritu, no despreciar la profecía, discerniéndolo todo para quedarse con lo mejor’”, consideró.

Por otra parte, destacó que la actitud esencial en todo proceso eclesial auténtico es la escucha, “porque sin escucha no hay participación madura, no acontece la sinodalidad. Escuchar con atención y prudencia evangélica a los otros hermanos ayuda a discernir con cuidado, procurando el mayor bien posible. En relación a esto, Iglesia sinodal no es la que necesariamente convoca y realiza sínodos”, advirtió.

“Sinodalidad es practicar la naturaleza misma de la Iglesia, que se activa y se visibiliza en la medida en que todos, reconociéndose auténticos hermanos, sin mayor ni menor dignidad que la de la filiación bautismal, caminan juntos en el anuncio, la celebración y el testimonio, mientras peregrinan en la esperanza. Sinodalidad no son momentos o eventos puntuales y aislados en la agenda arquidiocesana, sino un estilo, un proceso para vivir acorde con nuestra identidad recibida”.

“Necesitamos humildad y valentía para convertir nuestra mentalidad a este estilo sinodal, más evangélico y coincidente con el espíritu de la Iglesia primitiva. Necesitamos recuperar el modo tan propio y específico de la Iglesia de abrazar la vida y la realidad con franqueza y sencillez, para activar caminos de encuentro y de evangelización”, afirmó, recordando que “Iglesia, Sínodo, Misión, son palabras y realidades inseparables”.

En cuanto a la misión el arzobispo observó: “Es la vida ordinaria de nuestras comunidades eclesiales, la que manifiesta y realiza el plan de Dios en el mundo y en la historia, y que hace acontecer de la salvación prometida. La misión es reclamo y exigencia para la Iglesia de su íntima conciencia y vocación; es su estado permanente”. El desafío de la misión, sostuvo, “no es otra cosa que la necesidad de ser fieles a lo que en realidad somos”.

En ese orden, advirtió la necesidad de “estar especialmente atentos para descentrar los círculos autorreferenciales que, a veces, atrofian y postergan a nuestras comunidades eclesiales. Tenemos que mirar más allá de nosotros mismos, ir hacia todos: integrar el campo y la ciudad, las periferias barriales y los lugares más alejados de la diócesis, para descubrir esos ámbitos socioculturales como posibilidades de salida, de diálogo y de anuncio”. Esta opción, continuó, “reclama actitud sinodal de participación y acción organica de laicos y ministros ordenados, para ayudarnos a repensar nuestros objetivos, nuestros criterios, organizaciones y métodos, evitando tantas reuniones infecundas y prolongados discursos vacíos”.

Finalmente, el pastor de Resistencia expresó “gratitud y compromiso”. Por un lado, se mostró agradecido “por la experiencia, la escucha recíproca y la alegría de haber compartido en asamblea este espíritu sinodal y de familia en el encuentro de agosto”. En segundo lugar, advirtió que “hay muchas exigencias y a la vez todos somos conscientes de la desproporción en los medios, pero podemos renovar nuestro compromiso a la gracia que nos fue dada. Disponernos a ser instrumentos del Reino de Dios en esta hora de la historia y en esta Iglesia local, donde la providencia nos sitúa. Podemos ser, aquí y ahora, miembros y constructores de la Iglesia chaqueña donde se puedan visibilizar ya vínculos de comunión, de confianza y de solidaridad. Esta opción puede iniciar verdaderos procesos sinodales de participación, discernimiento y de acción orgánica”.

“En conclusión, estamos invitados a ser Iglesia Madre, como María con un amor sin límites, ¡Iglesia de puertas abiertas, realista y cálida! Como ella comunicadora de la alegría y del dinamismo misionero, como ella Iglesia del servicio y del encuentro, que abre el corazón a todos y acompaña el camino hasta la cruz y la resurrección. Una Iglesia rica de la presencia del Espíritu, con la parresía que expulsa su temor de salir, y con audacia para ofrecer la alegría del encuentro con un Dios vivo a los que buscan el sentido de sus vidas”, expresó, porque “quienes se encuentran con Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío existencial, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.+

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