Lunes 13 de julio de 2020

Llaman a la hospitalidad con venezolanos que regresan a su país por la pandemia

  • 7 de mayo, 2020
  • Caracas (Venezuela) (AICA)
"No me pesa, es mi hermano", se llama la campaña promovida por obispos de Venezuela y Colombia para alentar a la hospitalidad con migrantes venezolanos que retornan a su país.

“No me pesa, es mi hermano”, se llama la campaña promovida por obispos de Venezuela y Colombia para alentar a la hospitalidad en las fronteras donde transitan migrantes venezolanos que retornan a su país, debido a la crisis socioeconómica ocasionada por la pandemia del coronavirus.



La campaña, iniciativa del obispo de Guasdualito (Venezuela), monseñor Pablo Modesto, fue lanzada en la frontera con Alto Apure para alentar a la hospitalidad de los que llegan del país vecino.



Según informó la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), a través del puente internacional José Antonio Páez, ubicado en el estado de Apure, las autoridades del municipio reciben cerca de 250 personas todos los días, y que a la fecha, a través de este “corredor humanitario” ingresaron más de 3 mil venezolanos.



También, explicaron que al llegar, los venezolanos son llevados a centros especiales donde, según lo dispuesto por el gobierno, permanecen en cuarentena por 14 días bajo observación por si manifiestan síntomas relacionados con el Covid-19. Posteriormente, de encontrarse sanos, pueden mudarse a sus ciudades de origen.



Monseñor Modesto señaló a la agencia Fides que el objetivo de la campaña es “hacer un esfuerzo y crecer en la sensibilidad del corazón, para motivar la solidaridad hacia cualquiera que lo necesite”, refiriéndose a los venezolanos que retornan a su país en medio de la crisis mundial del Covid-19.



“Las cosas son difíciles, estamos en tiempos difíciles, pero esta vez podemos convertirlas en una oportunidad, no solo para ser más egoístas y cuidarnos a nosotros mismos, descuidando a los demás, sino que debemos despertar el corazón sensible que tenemos y compartir desde nuestra pobreza, desde nuestra necesidad”, señaló el prelado.



Por ello, “queremos invitar a nuestro pueblo, que es hospitalario por naturaleza, a activar en ellos ese corazón acogedor y afectuoso, que en estos tiempos difíciles en los que vivimos, no disminuye el don de hospitalidad”, añadió.



La diócesis de Arauca, en Colombia, se sumó a la promoción de la campaña en favor de los venezolanos migrantes. Es por ello, que a través de la Cáritas diocesana se pusieron en contacto para apoyar al alcalde de la región y lograron, con las autoridades de Arauca, conseguir colchonetas o colchones, haciendo todo lo posible para llevarlos a Guasdualito.



“Aprovecho esta circunstancia para agradecer el trabajo conjunto que se está llevando a cabo no solo entre los Estados, sino también con la Iglesia misma, que estamos mediando, apoyándonos mutuamente”, expresó monseñor Modesto, para agradecer la acogida que los colombianos tuvieron hacia los venezolanos.



“Ni voluntario ni seguro”

Por su parte el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) Colombia, en un informe, denunció que una gran cantidad de migrantes venezolanos se han visto presionados a retornar a su país por las autoridades locales y además “no cuentan con las mínimas garantías de protección y dignidad humana necesarias para regresar en medio de la pandemia”.



Con las medidas de aislamiento social obligatorio, la situación ha empeorado –señalan– porque “muchos de ellos viven del día a día, de trabajos informales, conviven hacinados en espacios muy reducidos o no tienen acceso a servicios públicos como el agua, un elemento vital durante esta pandemia”.



De hecho el JRS denunció que “las autoridades territoriales gestionan esta salida masiva argumentando voluntariedad en el retorno, sin percatarse de los riesgos ni prever las condiciones del traslado”, por tanto “el retorno no puede ser la alternativa para solucionar el reto que implica la presencia de migrantes”.



En este sentido han hecho “un llamado a las autoridades nacionales y locales, para que de manera decidida identifiquen acciones complementarias a las ya existentes, de tal modo que la población migrante y refugiada no se siga viendo doblemente afectada ni se vea obligada a retornar en las actuales condiciones de riesgo”.+