Viernes 27 de noviembre de 2020

El obispo de Puerto Iguazú convocó a alentar el llamado de las vocaciones

  • 12 de febrero, 2013
  • Puerto Iguazú (Misiones) (AICA)
Monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, llamó a los fieles a alentar el llamado a las vocaciones de vida consagrada ofreciendo los hijos a Dios e invitando a los jóvenes a no tener miedo de responder a la vocación religiosa. Estimó que hoy se nos presenta la vocación a través de las figuras del profeta Isaías, san Pedro y san Pablo, y rescató de ellos la humildad, la obediencia, la disponibilidad y la valentía.
Monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, llamó a los fieles a alentar el llamado a las vocaciones de vida consagrada ofreciendo los hijos a Dios e invitando a los jóvenes a no tener miedo de responder a la vocación religiosa.

El prelado, que conduce pastoralmente a los fieles del norte de la provincia de Misiones, estimó que hoy se nos presenta la vocación a través de las figuras del profeta Isaías, san Pedro y san Pablo, y rescató de ellos la humildad, la obediencia, la disponibilidad y la valentía.

El obispo recuperó los sentimientos de Isaías, quien manifiesta sentirse impuro ante el conjunto de serafines que alaban a Dios. Sin embargo, al notar el llamado de Dios, el profeta responde "aquí estoy, Señor, envíame". "No puede haber pretextos para no hacerlo y menos aún poner como pretexto su indignidad".

Distinta fue la llamada a Pedro, indicó monseñor Martorell. Al apóstol lo aborda "un Dios hecho hombre, lleno de amor por todo lo que lo rodea, y que ha venido a compartir la vida de los hombres". Al recordar la escena bíblica en la que Jesús le ordena a Pedro echar las redes a pesar de no haber pescado nada en la noche, y sorprenderse por el milagro y pedir a Jesús que se aleje, "Pedro se humilla, y a este acto de reconocimiento en la vida le sigue la llamada definitiva". También valoró su humildad y obediencia.

En otro contexto sucede también la conversión de Pablo, indicó el obispo. "También Pablo, desde el camino de Damasco, donde fue llamado, quedó consternado, de tal forma, que se considera como el fruto de un aborto ?expresó-. Pero a pesar de esto, su correspondencia es plena y puede atestiguar que la gracia de Dios no fue en él estéril, sino que dio mucho fruto y fruto de salvación".

Son tres vocaciones diferentes, indicó el obispo, pero para un mismo fin: llevar al Señor al mundo. "El Señor sigue llamando y pide que la comunidad ore por aquellos que Él llama, pues el mundo necesita de la Eucaristía y del misterio de su misericordia en el perdón de los pecados", afirmó.

"Debemos recapacitar como familia, ofrecer nuestros hijos a Dios y si los llamara, alentar ese llamado, con el gozo y la alegría de saber que, aunque indignos, el Señor nos ha mirado y nos ama con un amor de predilección y especial afecto. Jóvenes, no tengan miedo de seguir a Cristo, recuerden las palabras del Señor: ¿a quién enviaré? Y tengan siempre presente que Jesús dijo que estaría siempre, hasta el final", concluyó.+

Texto completo de la homilía