El Papa destacó el testimonio profético de la beata Armida Barelli

  • 22 de abril, 2023
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Unos 12.000 fieles de toda Italia se reunieron en la Plaza de San Pedro para dar gracias por el primer aniversario de su beatificación.

“Hoy necesitamos mujeres que, guiadas por la fe, sean capaces de dejar huella en la vida espiritual, en la educación y en la formación profesional”, expresó el Santo Padre Francisco, este sábado 22 de abril, frente a los miles de peregrinos de toda Italia, reunidos en la Plaza de San Pedro para celebrar la vida y el testimonio de la beata Armida Barelli. El Papa reafirmó en esa ocasión su trabajo y compromiso de empoderar a las mujeres católicas a través de la educación, la autoconciencia y la fe.

Barelli, quien fue la fundadora de los primeros círculos juveniles femeninos de Acción Católica y la cofundadora en 1921, junto con el padre Agostino Gemelli de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, además de haber fundado el Instituto Secular de las Misioneras de la Realeza de Cristo, recibio la aprobación para su beatificación en abril de 2022, en reconocimiento a su papel en la Iglesia del siglo XX y su experiencia con respecto al papel de los laicos, las mujeres y los movimientos en la Iglesia.

En su saludo a los presentes, el pontífice reflexionó sobre el tema del liderazgo femenino en el ámbito eclesial y social, del que dijo que Barelli puede ser considerada una formidable precursora.

“Necesitamos un modelo integrado, que combine la competencia y el desempeño, muchas veces asociado al rol masculino, con el cuidado de los lazos, la escucha, la capacidad de mediar, de trabajar en red y de fomentar las relaciones”, dijo, rasgos que se han considerado durante mucho tiempo como prerrogativas del género femenino y a menudo han sido subestimados.

Empoderamiento de las mujeres
En ese sentido, el Papa reafirmó el trabajo de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, que celebra su 99º Día Nacional, y señaló que, a través del Ateneo, la beata Armida Barelli contribuyó a formar la conciencia civil en cientos de miles de jóvenes, incluidas muchas mujeres”.

Esto, continuó, se hizo particularmente visible cuando, después del final de la guerra, el país necesitaba reconstruirse de acuerdo con un proceso democrático: “Hoy todavía necesitamos mujeres que, guiadas por la fe, sean capaces de dejar huella en la vida espiritual, en la educación y en la formación profesional”, exhortó el Papa.

Francisco también destacó el impacto de la beata Armida Barelli como apóstol. Refiriéndose en particular a su trabajo con la Acción Católica, dijo que su labor nos muestra “cómo el Señor realiza grandes cosas cuando las personas se ponen disponibles y dóciles a su voluntad, comprometiéndose con humildad, creatividad e iniciativa”.

“Su biografía habla de una gran perseverancia en la búsqueda de permanecer con el Señor, como un sarmiento en la vid, y muestra su deseo de compartir esta experiencia con muchos otros”.

Recordó que Armida escribió que “tras aceptar la propuesta del Papa de fundar la Juventud Femenina en Italia, sintió 'que ya no se pertenecía a sí misma', que tenía que hacer de su propia existencia un don para los demás, que ella misma era 'una misión', más allá de sus limitaciones e imperfecciones”, y así Francisco invitó a los presentes a vivir como apóstoles de la alegría.

Ser apóstoles, añadió, significa “ser laicos apasionados por el Evangelio y la vida, cuidando el buen vivir de todos y construyendo caminos de fraternidad para dar alma a una sociedad más justa, más inclusiva, más solidaria”.

Y como hizo Armida Barelii, prosiguió, es importante hacer este caminar juntos “en los ámbitos de la economía, la cultura, la política, la escuela y el trabajo, en la atención constante a los más pequeños, a los frágiles y a los pobres”.

Institutos Seculares
El Sucesor de San Pedro también destacó la contribución de la beata como fundadora de los “Misioneros de la Realeza de Cristo”, que llevó a la aprobación de institutos seculares (como declaró el papa Pío XII en la Constitución Apostólica de 1947 Provida Mater Ecclesia), a los que decribió como “una opción revolucionaria en la Iglesia, un signo profético”.

“La consagración secular es paradigma de una nueva forma de vivir como laicos en el mundo: laicos capaces de discernir las semillas de la Palabra en los pliegues de la historia, comprometidos a animarla desde dentro como levadura, capaces de valorizar los gérmenes de buenos, presentes en las realidades terrenas, como preludio del Reino venidero, promotores de los valores humanos, tejedores de relaciones, testigos silenciosos y activos de la radicalidad evangélica”, dijo.

Recordó al respecto las palabras del papa san Pablo VI, quien afirmó: “Si permanecen fieles a su propia vocación, los Institutos Seculares serán como un laboratorio experimental en el que la Iglesia verifica las modalidades concretas de sus relaciones con el mundo”. 

Así, prosiguió, la beata Armida, propuso un modelo, también en la vida consagrada, de mujer 'nueva', “no para ser 'protegida' y apartada, sino para ser enviada a construir el Reino, confiando en ella plenamente”.

La capacidad de leer los signos de los tiempos
“Armida supo leer los signos de su tiempo y las necesidades más urgentes: pensar en la necesidad de un renovado cuidado de la espiritualidad; pensar en la formación y la llamada al compromiso de las mujeres jóvenes; pensar en el desafío educativo y el sueño de una universidad católica en Italia; pensar en la pasión por el mundo, a partir de la certeza de la universalidad del mensaje de Cristo. Estas necesidades fueron, para Armida Barelli, terreno de compromiso y misión”, dijo.

El Papa señaló que, de alguna manera, Armida se anticipó a los tiempos del Concilio Vaticano II, “poniendo en práctica un estilo comunitario en el que mujeres y hombres, jóvenes y adultos, laicos y sacerdotes, trabajen juntos por la finalidad apostólica de la Iglesia.”

“Si Armida estuviera hoy aquí hablando, todavía nos diría que si nos encomendamos al Señor nada es imposible. Encomendarse a Él no es una delegación, sino un acto de fe que da vigor e impulso a la esperanza y a la acción”.+