La Santa Sede reitera que la libertad religiosa es un derecho humano fundamental
- 6 de marzo, 2026
- Ginebra (Naciones Unidas) (AICA)
El observador permanente ante la ONU en Ginebra, destacó la persecución que enfrentan los cristianos en el mundo y enfatizó que las naciones deben garantizar la libertad religiosa.
"Las naciones tienen la responsabilidad de proteger, respetar y garantizar la libertad de religión", afirmó el arzobispo Ettore Balestrero, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales en Ginebra, en el acto "Apoyando a los cristianos perseguidos: defendiendo la fe y los valores cristianos" celebrado el pasado el 3 de marzo.
"Casi 400 millones de cristianos en todo el mundo sufren persecución o violencia, lo que los convierte en la comunidad religiosa más perseguida del mundo. Esto significa que uno de cada siete cristianos se ve afectado", declaró el arzobispo Balestrero. "Peor aún, casi 5.000 cristianos fueron asesinados por su fe en 2025, lo que equivale a un promedio de 13 por día", dijo.
El arzobispo explicó que para los cristianos, quienes son asesinados por su fe son "mártires", es decir "'testigos' de su credo que encarnan valores que desafían la lógica del poder", mientras que desde la perspectiva del derecho internacional, "son víctimas de atroces violaciones de los derechos humanos".
"Su testimonio no debe distraer la responsabilidad fundamental de los Estados que deberían haberlos protegido", destacó el Observador Permanente.
La libertad de religión es un derecho humano fundamental
"Es deber del Estado proteger la libertad de religión o creencias, lo que incluye impedir que terceros violen este derecho", insistió. "Esta protección debe salvaguardar a los creyentes que son objeto de persecución, antes, durante y después de un ataque. Sin embargo, la impunidad sigue siendo uno de los problemas más graves en el panorama mundial de la persecución religiosa".
"Un Estado debe promover la libertad de religión o de creencias, ante todo porque es un derecho humano fundamental", insistió.
El arzobispo Balestrero también señaló que las propias naciones deben "respetar la libertad de religión o creencias y abstenerse de interferir con la capacidad de un individuo o grupo de profesar su fe de manera privada o pública a través del culto, la práctica y la enseñanza".
Formas sutiles y silenciosas de persecución
El representante de la Santa Sede destacó luego que es "profundamente injusto y profundamente preocupante" que casi 400 millones de cristianos en todo el mundo "sean sometidos a violencia física, subyugación, detención falsa, expropiación de sus bienes, esclavitud, exilio forzado e incluso asesinato debido a sus creencias religiosas" y señaló que este problema afecta a países de todo el mundo, incluidos los de Europa, donde sólo en 2024 se registraron más de 760 crímenes de odio anticristianos, como ataques incendiarios a iglesias, agresiones físicas o vandalismo.
El Observador Permanente arrojó luz sobre otras formas de persecución más sutiles y a menudo silenciosas que no aparecen en las estadísticas. Por ejemplo, mencionó la marginación o exclusión gradual de la vida social y profesional, la discriminación o restricciones y limitaciones discretas que limitan o, de hecho, anulan los derechos legalmente reconocidos a la población mayoritariamente cristiana.
Balestrero señaló que en los países occidentales, los derechos humanos consagrados en instrumentos internacionales "a veces se ven superados por intereses en pugna o por reivindicaciones de los llamados 'nuevos derechos', cuyo carácter normativo no está establecido en ningún tratado o derecho internacional consuetudinario".
Citó estadísticas del Observatorio sobre la Intolerancia y la Discriminación contra los Cristianos en Europa (OIDAC), que indican que en 2024 se produjeron 2211 incidentes violentos que afectaron a cristianos en Europa. "Estos incluyen procesos judiciales por rezar en silencio cerca de centros de aborto o por citar un versículo bíblico sobre temas sociales", afirmó e insistió en que estos "no son actos superficiales" sino "graves violaciones de los derechos de los cristianos, perpetradas por las mismas autoridades que tienen el deber de respetar, proteger y promover los derechos humanos de todos".
"Esta contradicción debe terminar", apeló.
La cruz
Por último, el arzobispo Balestrero enfatizó que "los ataques a los cristianos son ataques a la cruz misma", ya que dijo que la cruz está formada por una línea vertical que "representa la apertura humana a la trascendencia" y una horizontal que simboliza "el vínculo humano con los demás".
Explicó que los ataques a la "dimensión vertical buscan cortar la relación entre la conciencia y Dios", confinando la fe al silencio, mientras intentan "cerrar el espacio en el que el espíritu humano se trasciende a sí mismo".
Los ataques a la dimensión horizontal, concluyó el arzobispo, privan "a la persona humana de su capacidad innata de responder libremente al llamado de la verdad" y, en última instancia, pueden conducir a la desintegración de las relaciones dentro de las comunidades.+