Mons. Lozano invita a redescubrir a Jesús como fuente de 'agua viva' en Cuaresma
- 8 de marzo, 2026
- San Juan (AICA)
El arzobispo de San Juan de Cuyo reflexiona sobre el encuentro de Cristo con la samaritana y propone renovar la fe bautismal mediante un camino de conversión y testimonio.
El arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano, propuso vivir el tiempo de Cuaresma como un itinerario de renovación de la fe bautismal y redescubrir a Jesús como la verdadera fuente que sacia la sed profunda del corazón humano.
En una reflexión titulada "La sed, el agua y la fe", el prelado invitó a recorrer un antiguo camino de preparación cristiana inspirado en la tradición de los primeros siglos, cuando quienes deseaban recibir el bautismo -generalmente jóvenes o adultos- realizaban un proceso de formación llamado catecumenado.
Ese itinerario incluía, en su etapa final, la meditación de tres pasajes del Evangelio que se proclaman en los próximos domingos de Cuaresma: el encuentro de Jesús con la samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro.
Profundizar la propia experiencia de fe
El arzobispo señaló que estos relatos ofrecen una oportunidad para renovar la alegría de ser bautizados y para profundizar la propia experiencia de fe.
En particular, centró su reflexión en el episodio narrado en el capítulo cuarto del Evangelio de Juan, donde se relata el diálogo entre Jesús y la mujer samaritana junto al pozo de Sicar.
Según explicó, este pasaje destaca por su profundidad espiritual y por su capacidad de interpelar a quienes buscan vivir la fe con autenticidad. Allí, Jesús rompe barreras culturales y religiosas al entablar conversación con una mujer samaritana y pedirle de beber, gesto que da inicio a un diálogo que transforma la vida de la interlocutora.
"Jesús ofrece el don de un 'agua viva' que sacia toda sed", explicó el arzobispo, señalando que el pozo -lugar cotidiano de encuentro para la población- se convierte en símbolo de vida y de revelación.
En ese diálogo, añadió, se revela un camino interior que pasa por diversas etapas: curiosidad, cuestionamiento, reconocimiento y fe. La mujer primero percibe a Jesús como un extranjero, luego lo reconoce como profeta y finalmente como el Mesías esperado.
Agua viva, don del Espíritu
Para monseñor Lozano, el "agua viva" de la que habla Jesús representa el don del Espíritu y la gracia que Dios ofrece gratuitamente a todos.
Ese encuentro provoca además una profunda transformación en la mujer. Su existencia, marcada por la rutina y la exclusión, se renueva al descubrir la verdad sobre sí misma y sobre Dios. Por eso deja su cántaro y corre hacia su pueblo para compartir la experiencia vivida.
El arzobispo sanjuanino subrayó que este gesto expresa una dimensión esencial de la fe cristiana: la experiencia personal con Cristo no se queda en el ámbito íntimo, sino que se convierte en testimonio y anuncio para los demás.
En ese sentido, afirmó que la samaritana se convierte en modelo tanto para quienes se preparan para el bautismo como para los cristianos que desean renovar las promesas bautismales durante la Vigilia Pascual.
"El camino cuaresmal es semejante: comienza con una búsqueda, continúa con el encuentro con Jesús, se profundiza en la escucha de su palabra y culmina en el envío misionero", explicó.
Agua viva y el Bautismo
El arzobispo destacó también el vínculo entre el símbolo del agua viva y el sacramento del Bautismo, por el cual la persona pasa "de la sed a la plenitud, de la vida antigua a la vida nueva en Cristo".
De este modo, el pozo de Sicar se convierte en imagen del lugar donde se renueva la existencia y donde Dios ofrece a cada persona una identidad nueva como hijo suyo.
Para quienes ya han recibido el bautismo, el pasaje evangélico constituye también una invitación a recordar ese don y a renovarlo continuamente.
"La vida cristiana es un constante volver a la fuente, dejarse limpiar y alimentar por el Espíritu, y descubrir que la gracia de Dios nunca se agota", afirmó.
Monseñor Lozano destacó además que el relato evangélico plantea preguntas profundas para la vida de fe: qué sed habita en el corazón humano, qué lugar ocupa Jesús en la propia existencia y si se está dispuesto a dejarse transformar por su amor.
Finalmente, invitó a vivir la Cuaresma como un tiempo de apertura interior, reconciliación y misión, siguiendo el ejemplo de la mujer samaritana que supera prejuicios y comparte con alegría lo que ha descubierto.
"El testimonio cristiano está llamado a comunicar esperanza y alegría a quienes experimentan vacío existencial o falta de sentido en sus vidas, recordando que Jesús es la verdadera fuente de agua viva", concluyó.+