Mons. Castagna: 'Cristo es el tesoro que los cristianos poseen'

  • 13 de marzo, 2026
  • Corrientes (AICA)
El arzobispo emérito de Corrientes recordó que "la Cuaresma es una oportunidad que la Iglesia ofrece para renovar la fe y la responsabilidad de los bautizados".

Monseñor Domingo Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, recordó que "la Cuaresma es una oportunidad que la Iglesia ofrece para renovar la fe y la responsabilidad de los bautizados". 

"De esa manera, se confirma que Cristo: Palabra y Eucaristía, es el tesoro y la fuerza que los cristianos poseen para que su misión de transformar el mundo sea exitosa", puntualizó.

"Los actuales dirigentes de la Iglesia saben que, únicamente, de ese tesoro sobrenatural, pueden extraer la fuerza para ser fieles a la misión que su Señor y Maestro les encomienda", sostuvo.

Texto de la sugerencia
1. Saliva, tierra y la visión de la Verdad. La escena de aquel ciego de nacimiento guarda un sentido que cobra explicitud durante los cuarenta versículos del texto evangélico de San Juan. Aquel ciego es simple y dispone de pocos recursos intelectuales, sólo pretende una limosna. Como hombre de la calle sabe quién es Jesús y qué hace en favor de los enfermos y pobres. Su acercamiento a Jesús está animado por el deseo honesto de recibir sus beneficios mesiánicos. Después de la aplicación, en sus pupilas muertas, de la mezcla de saliva y tierra, obedece sin objetar, y se lava en la piscina de Siloé. Descubre la belleza, que no había conocido, hasta aquel encuentro fortuito con el Señor. Es entonces cuando la persecución y mala voluntad de los fariseos llega a colmarlo todo. Aquellos hombres no buscan la verdad, sino destruirla. El pobre ciego, y su familia, son asediados encarnizadamente por aquella celosa secta religiosa del pueblo judío. Buscarán las excusas más increíbles para desacreditar al Señor. La deshonestidad intelectual y moral de aquellos personajes causa traiciones e implacables sugerencias, hasta reclamar la Cruz para el inocente Cordero de Dios. Aquel hombre, beneficiado con la recuperación de su salud visual, muestra una sorprendente honestidad al reconocer públicamente que Jesús es el autor de su curación. Su honestidad le permite enfrentar a los fariseos y exponerse a ser excluido del culto sinagogal. Esa pena de "excomunión" era, para aquel pueblo religioso, una especie de "muerte civil", enormemente temida.

2. Yo fui, me lavé y vi. De esta escena extraemos múltiples enseñanzas. El ciego es un discapacitado que se mantiene en su condición de hombre de la calle. Tiene padres, pero no recibe de ellos el auxilio que necesita. Depende de la caridad de la gente, y la reclama. El paso de Jesús arrastra multitudes, ¡buena ocasión para obtener una copiosa cosecha! No imagina lo que el Señor haría en él: "Él respondió: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: "Ve a lavarte a Siloé". Yo fui, me lavé y vi" (Juan 9, 11-12). La investigación que los fariseos implementan, constituye una maliciosa tentativa de desautorizar a Cristo. El intento no hace más que fortalecer la autoridad del Señor. Aquello, artero y malicioso, constituirá un motivo auténtico, para el desarrollo de la fe. Las buenas gentes, pobres y humildes, serán quienes se constituyan en testigos del Evangelio. La santidad, que el mundo reclama descubrir en los creyentes, se constituye en el signo necesario de credibilidad. Si yo no practico lo que enseño, no creo de verdad lo que enseño. Nuestras actuales circunstancias reclaman el testimonio de la santidad. Así lo afirmó San Juan Pablo II. Los santos, más allá de sus responsabilidades institucionales, poseen una autoridad irremplazable en la misión evangelizadora de la Iglesia. Promover la santidad es otorgar, a la actividad pastoral, su auténtico valor. La misión de la Iglesia se identifica con su vocación a la santidad. El esfuerzo misionero va mucho más de una conversión superficial, o de la práctica cultual formal. Ofrece una predicación exigente, que conduce a la práctica heroica de las virtudes cristianas. Consecuencia necesaria de la obediencia a la Palabra, que lograron los Apóstoles y quienes prestaron atención al testimonio de aquellos humildes pescadores, devenidos en pescadores de hombres.

3.- La fe disipa las sombras de la cobardía. Aquel ciego de nacimiento no entiende de artificios verbales para relatar el acontecimiento milagroso. Dice lo que ocurrió, con una honestidad insobornable. Incluso cuando comprueba la animadversión de los fariseos, y el peligro que enfrenta de ser expulsado de la sinagoga. No huye, no se esconde, incluso ante el silencio acobardado de sus padres: "Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responde por su cuenta. Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, ya que se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús, como Mesías" (Juan 9, 20-22). El temor al qué dirán, o a la pérdida de cierta posición de privilegio, implica, como lo fue en Pedro, negar a Cristo y sus enseñanzas. La fe, asistida por la Palabra y alimentada por la Eucaristía, disipa las tinieblas de la cobardía. El mundo descristianizado necesita el valor de Pedro arrepentido y la ternura angelical de Juan. La evangelización se expresa en el seguimiento incondicional al divino Maestro. Cuando la tibieza y la incoherencia prevalecen, aún entre los hombres y mujeres de la Iglesia, se niega al mundo lo que el Padre ya le ha dado en su Hijo, como signo de su amor extremo. La transmisión de ese don amoroso, no se da si los "transmisores" descuidan su misión. El decaimiento de la fe de muchos bautizados, responde al descuido de una verdadera absorción de los valores evangélicos en sus vidas. No se da sin contacto directo con la Palabra, que ofrece la Iglesia, y sin la Eucaristía. La denominación: "no practicante", bastante común en países mayoritariamente auto profesados cristianos, constituye una tragedia espiritual de gran influjo social. Será preciso recapturar a los cristianos o a los católicos hoy no practicantes.

4. Cristo es el tesoro que los cristianos poseen. Cuaresma es una oportunidad que la Iglesia ofrece para renovar la fe y la responsabilidad de los bautizados. De esa manera, se confirma que Cristo: Palabra y Eucaristía, es el tesoro y la fuerza que los cristianos poseen para que su misión de transformar el mundo sea exitosa. Los actuales dirigentes de la Iglesia saben que, únicamente, de ese tesoro sobrenatural, pueden extraer la fuerza para ser fieles a la misión que su Señor y Maestro les encomienda.+