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El carisma no es una pieza de museo, recordó el Papa a los sacerdotes de Schönstatt
Jueves 3 Sep 2015 | 12:12 pm
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Ciudad del Vaticano (AICA): “La vitalidad del carisma radica en ‘el primer amor’ renovado día a día, en la disposición a escuchar y responder con generosidad enamorada. Se opera en nosotros ese sano y necesario descentramiento, en el que nosotros nos apartamos para que Cristo ocupe el centro de nuestra vida”, recordó el papa Francisco, esta mañana, al recibir a los participantes en el capítulo general del Instituto de los Padres de Schönstatt, fundado por el padre José Kentenich.
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“La vitalidad del carisma radica en ‘el primer amor’ renovado día a día, en la disposición a escuchar y responder con generosidad enamorada. Se opera en nosotros ese sano y necesario descentramiento, en el que nosotros nos apartamos para que Cristo ocupe el centro de nuestra vida”, recordó el papa Francisco, esta mañana, al recibir a los participantes en el capítulo general del Instituto de los Padres de Schönstatt.

“Tras estos años de recorrido -dijo el Papa a los sacerdotes- les preocupa mantener vivo el carisma fundacional y la capacidad de saber transmitirlo a los más jóvenes de tal manera que siga inspirando y sosteniendo sus vidas y su misión”.

“Ustedes, señaló Francisco, saben que un carisma no es una pieza de museo, que permanece intacta en una vitrina, para ser contemplada y nada más. La fidelidad, el mantener puro el carisma, no significa de ningún modo encerrarlo en una botella sellada, como si fuera agua destilada, para que no se contamine con el exterior”.

“El padre Kentenich lo expresaba muy bien cuando decía que había que estar “con el oído en el corazón de Dios y la mano en el pulso del tiempo”. Aquí están los dos pilares de una auténtica vida espiritual”.

“Por una parte, el contacto con Dios -prosiguió el Santo Padre- No es buen camino descuidar la oración o, peor aún, abandonarla con la excusa de un ministerio absorbente... Sería un grave error pensar que el carisma se mantiene vivo concentrándose en las estructuras externas o la forma. Dios nos libre del espíritu de funcionalismo.

La vitalidad del carisma radica en “el primer amor” renovado día a día, en la disposición a escuchar y responder con generosidad enamorada. Se opera en nosotros ese sano y necesario descentramiento, en el que nosotros nos apartamos para que Cristo ocupe el centro de nuestra vida”.

El segundo pilar está constituido por la expresión “tomar el pulso del tiempo”, es decir, de la realidad, de las personas. “No hay que tenerle miedo a la realidad -recalcó Francisco- El diálogo con Dios en la oración nos lleva también a escuchar su voz en las personas y en las situaciones que nos rodean”.

“No son dos oídos distintos. Cuando nos encontramos con nuestros hermanos, especialmente con aquellos que a los ojos nuestros o del mundo son menos agradables, ¿qué vemos? ¿Nos damos cuenta de que Dios los ama, de que tienen la misma carne que Cristo asumió o me quedo indiferente ante sus problemas? En la oración aprendemos a no pasar de largo ante Cristo que sufre en sus hermanos. Aprendemos a servir”.

“Ustedes son, prácticamente, la última realidad del Movimiento fundado por el padre Kentenich; y esto encierra una gran lección, es algo hermoso -observó el Pontífice-. Este ser los “últimos” refleja de modo claro el puesto que ocupan los sacerdotes en relación a sus hermanos: El sacerdote no está más arriba, ni por delante de los demás, sino que camina con ellos, amándolos con el mismo amor de Cristo, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos”.

Pidamos al Señor que nos dé unas espaldas como las suyas, fuertes para cargar en ellas a los que no tienen esperanza, a los que parecen estar perdidos, a aquellos que nadie dedica ni siquiera una mirada y, por favor, que nos libre del “escalafonismo” en nuestra vida sacerdotal”.

Por último, el Santo Padre habló de la fraternidad sacerdotal. “Por favor, solos nunca -advirtió- El ministerio presbiteral no se puede concebir de una manera individual o, peor aún, individualista. La fraternidad es gran escuela de discipulado”.

“No somos nosotros los que elegimos a nuestros hermanos, pero sí somos nosotros quienes podemos hacer la opción consciente y fecunda de amarlos así como son, con defectos y virtudes. Por favor, que en sus comunidades nunca haya indiferencia. Compórtense como hombres; si surgen discusiones o diferencias de pareceres, no se preocupen, mejor el calor de la discusión que la frialdad de la indiferencia, verdadero sepulcro de la caridad fraterna”.

Al final del encuentro el Papa encomendó tres cosas a los sacerdotes de Schönstatt. “En primer lugar acompañar y cuidar a las familias para que vivan santamente su alianza de amor y de vida, especialmente a aquellas que atraviesan por momentos de crisis o dificultad.

En segundo lugar, y pensando en el próximo jubileo de la misericordia, que dediquen mucho tiempo al sacramento de la reconciliación. Sean grandes perdonadores. Que en sus comunidades sean testigos de la misericordia y la ternura de Dios. Y en tercer lugar, les pido que recen por mí, porque lo necesito”, concluyó.

El Movimiento Apostólico de Schoenstatt fue fundado el 18 de octubre de 1914 por el padre José Kentenich como un camino de renovación espiritual dentro de la Iglesia Católica y su nombre es el del santuario mariano que cerca de Coblenza (Alemania) alberga la imagen de la Virgen.

Allí tienen sus casas centrales las comunidades de ese movimiento actualmente presente en 42 países. El Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt, fue instituido por el Padre José Kentenich el 18 julio de 1965, para estar al servicio del Movimiento Apostólico.+

Texto completo del discurso del Papa
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