Domingo 21 de julio de 2024

Dos nuevos presbíteros en la diócesis de Orán

  • 27 de diciembre, 2023
  • San Ramón de la Nueva Orán (Salta) (AICA)
Monseñor Scozzina presidió, este viernes, la ordenación sacerdotal de Arnulfo Pérez y Cristian Rodríguez, y los animó a "redescubrir la persona de Jesús y su propuesta del Reino".
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La diócesis de Orán celebró, este viernes 22 de diciembre, la ordenación sacerdotal de los diáconos Arnulfo Pérez y Cristian Rodríguez. La celebración, presidida por monseñor Luis Antonio Scozzina, tuvo lugar en la catedral, y contó con la presencia de todo el clero, y de miembros de la vida consagrada y de las comunidades parroquiales de todo el territorio diocesano.

El lema elegido por los nuevos presbíteros para su ministerio fue “Denles ustedes mismos de comer” (Lc. 9,13).

En su homilía, monseñor Scozzina recordó que “el don del ministerio ordenado nace del estilo misionero de Jesús, que recorría las ciudades y los pueblos proclamando la Buena Noticia del Reino, y curando todas las enfermedades y dolencias”.

“Sólo desde la mirada contemplativa de Jesús nace la misericordia, el cuidado, la cercanía, el servicio”, expresó el prelado, animando a vivir el misterio de la kénosis, del despojo del propio yo, para vivir en salida.

El obispo también explicó que “los pastores somos fragancia de Cristo si nuestra vida, nuestra parroquia, nuestra comunidad, se encuentra envuelta en un aroma de acogida, de fraternidad, de espontaneidad, de simplicidad, de hospitalidad, de ternura, de aprecio, que despierte el deseo de una pertenencia”.

Además, sostuvo que la dignidad no nace de la persona, ni de su función, sino de la gracia del llamado de Dios: “Él es un ser humano débil, puesto al servicio del Pueblo de Dios para garantía de los débiles. No puede permitirse ninguna arrogancia, es un débil mortal que ha sido convocado por la gracia”.

Por último, el prelado destacó la necesidad de “redescubrir la persona de Jesús y su propuesta del Reino”. En ese sentido, animó a “profundizar la vocación bautismal de ser hijo amado de Dios, y a volver a lo esencial: ser seguidores, discípulos y misioneros de Jesús. Porque sólo se dan vocaciones donde hay una experiencia fuerte y apasionada de Dios”.+