Disponer el corazón a la gracia y al amor de Dios.
Dar testimonio de Jesús con alegría.
Recibir al otro con ternura, sin condenar, como el padre que abraza al hijo que vuelve.
Que el rezo del viacrucis sea un camino hacia la reconciliación.
Recemos con insistencia por la paz en el mundo.