Lunes 3 de agosto de 2020

Con un llamado a "actuar para el futuro", comenzó la Semana Social

  • 7 de julio, 2020
  • Buenos Aires (AICA)
Con el panel "Es tiempo de actuar para el futuro", comenzó el lunes 6 de julio la Semana Social Virtual 2020, que lleva el lema "Nadie se salva solo". 

Organizada por la Comisión Episcopal de Pastoral Social, comenzó el lunes 6 de julio la Semana Social Virtual 2020, que lleva el lema “Nadie se salva solo”. El primer panel, denominado “Es tiempo de actuar ahora para el futuro”, se centró en las iniciativas de caridad promovidas en este tiempo.

Participaron Juan Carr, de Red Solidaria; Gonzalo Tanoira, presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas; Miguel Besso, expresidente del Consejo Económico y Social de Río Cuarto; y monseñor Gustavo Carrara, obispo auxiliar de Buenos Aires. Moderó el panel el obispo auxiliar de Santiago del Estero, monseñor Enrique Martínez Ossola.

En el comienzo del panel, monseñor Martínez Ossola, destacó que es un tiempo de actuar para el futuro. Seguidamente, presentó a los expositores.

Rescatemos la altísima calidad humana de nuestro pueblo

El primer expositor fue Juan Carr, quien reconoció que en este tiempo “durísimo” para nuestra sociedad, hay un comportamiento “heroico” de los ciudadanos, de las Fuerzas Armadas, del mundo empresarial, de los más postergados, más humildes, de los comedores, de los merenderos, de las escuelas, de los docentes. “Yo quisiera que pasemos este momento lo antes posible, y quedará en la historia como comunidad nacional y comunidad global”. 

En cuanto a Red Solidaria, destacó la importancia de la donación de sangre, ahora de plasma, la situación de calle, los merenderos, el hambre y la desnutrición. “Estamos dando un testimonio heroico, único, como pueblo, como nación, como comunidad”, añadió. “Y después ocurrirán un montón de cosas, pero en todos los ámbitos de la Argentina, nuestra gente, con ese sentir celeste y blanco, humano y humanitario, está en cada rincón haciendo cosas maravillosas”.

“Ojalá rescatemos este momento de altísima calidad humana que tiene nuestro pueblo, nuestra gente”.

La mayor solidaridad: Que cada uno tenga un trabajo digno

Seguidamente, el presidente de ACDE, Gonzalo Tanoira, consideró que “nos encontramos frente a una crisis sin precedentes en la historia de nuestro país, la más severa de todas las que tuvimos. Ya antes de la pandemia, el mundo se encaminaba hacia enormes desafíos por el lado de la tecnología, la robótica y la inteligencia artificial, y ahora, al sumarle la cuestión sanitaria, esos desafíos se han multiplicado, porque la tecnología se ha vuelto cada vez más indispensable para seguir trabajando”.

“Pero en este tiempo también hemos visto cómo opera Jesús, llegando a los corazones de mucha gente, que hizo un enorme esfuerzo solidario. El programa ‘Seamos Uno’, en el que ACDE tuvo una labor importante junto a otras asociaciones de empresarios, demostró que para los empresarios argentinos está claro el hecho de que no se salva cada uno solo, que nos salvamos en racimo”, aseguró. “La mayor solidaridad que podemos tener con los argentinos es esforzarnos para que cada uno tenga un trabajo digno”, sostuvo.

“Pensar un horizonte con esperanza”

A su turno, Miguel Besso se refirió a la idea central del panel: “Actuar ahora para el futuro”. Al respecto, reconoció: “Después que llegó la pandemia, de repente sentimos que los proyectos de mediano, largo o corto plazo, tenían que esperar. Creció la angustia, como zona inhóspita, y la inestabilidad emocional está poblando nuestra sociedad y la está atravesando”.

“Cuando hacía esta reflexión, pensaba: ¿Y ahora cómo seguimos? ¿Cómo nos paramos frente a esta realidad? ¿Qué podemos aportar desde cada uno de nosotros? Es un tiempo de más interrogantes que respuestas, un tiempo de reflexión en que nos hace muy bien estar juntos”, afirmó. “Es un buen momento para pensar un horizonte con esperanza”.

“Debemos tener como vector que hay que cuidar nuestra existencia. Tendremos una ardua tarea humana, y el camino es el diálogo social”, aseguró. En ese marco, compartió la experiencia de aprendizaje compartido en el Consejo Económico y Social de Río Cuarto, que nuclea a distintos sectores, miradas y perspectivas de la sociedad “en una Argentina del enfrentamiento, de la división, del ‘sálvese quien pueda’, que nos duele, que nos golpea, y en donde teníamos que generar confianza dentro de nuestra sociedad”.

“Aprendimos que el diálogo social no era mostrarnos de vez en cuando en una foto para que nos vieran”, admitió. “Aprendimos que este diálogo social no era repetir frases de todo lo que íbamos a hacer, de lo que nos preocupaba pero de lo que no nos ocupábamos”, sino que “hay que trabajar silenciosa y pacientemente, comprendiendo que el prójimo era un aliado indispensable”, aseguró. 

“No puede quedar todo igual”

El obispo auxiliar de Buenos Aires y vicario para la pastoral de Villas de la ciudad de Buenos Aires, monseñor Gustavo Carrara, consideró necesario, en este tiempo de prueba, “hacer una profunda transformación en nuestra patria. “Es posible elegir la utopía de ser un país más justo, solidario y fraterno donde exista la posibilidad concreta de tener para todos una tierra para trabajar y construir un techo para cuidar una familia. Tierra-Techo-Trabajo son derechos sagrados. Es así que los últimos deben ser los primeros, para así llegar a todos”, aseguró.

Aunque reconoció que “resulta difícil pensar el después de la pandemia cuando estamos entrando tal vez en lo más duro de ella, por lo menos en el Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA), consideró “muy necesario hacerlo”.

“A modo de ejemplo diremos algo de las villas y barrios populares, que según el Renabap son por lo menos 4400 en todo el país. Esta pandemia dejó ver en carne viva la injusticia social histórica que viven estos barrios. Las características habitacionales de muchas de las villas y los barrios populares están marcados por un gran hacinamiento, en el que la relación entre la cantidad de habitantes, el espacio y los servicios públicos esenciales (luz, agua, cloacas) es verdaderamente preocupante”, alertó. “El Covid 19 puso de manifiesto esta situación cuando se vuelve necesario disponer de agua para lavarse las manos, o de espacio para hacer aislamiento. Pero hay que decir que la pandemia no sólo puso a la luz la inequidad que existía, sino que profundizó y aumentó la brecha. Y eso se verá nuevamente en el tema educativo, mientras algunos sectores sociales encontraron nuevas modalidades de aprendizaje, los sectores populares que no tienen conectividad ni equipamiento, se quedaron donde estaban o retrocedieron, en consecuencia la brecha educativa aumentó”.

“Es importante comprender que no puede quedar todo igual. No podemos volver a lo mismo como si nada hubiera pasado”, exhortó. 

“Hoy es imprescindible acercar estas preguntas: ¿Quiénes a contracorriente llevan adelante proyectos con los descartados de la sociedad? ¿Dónde hay espacios que buscan cuidar a los más frágiles frente al modelo ‘exitista’, que no encuentra sentido al invertir para que los lentos, los menos dotados, los más débiles se abran camino en la vida? ¿Dónde hay experiencias de salvación comunitaria?”, planteó.

Así podremos visibilizar un ejército invisible actuando como un solo pueblo, a lo largo y ancho de nuestra patria, cuidando y abrazando la vida como viene, porque los pobres casi no tienen más que la vida y cuidan especialmente de los chicos y de los adultos mayores.

“Un nuevo proyecto nacional de desarrollo integral, que realmente abarque a todos, tiene que tener al pueblo pobre trabajador como protagonista, en una acción que claramente tiene que ser colectiva. Y ¿por qué más que nunca en esta crisis inédita hay que prestarles atención a los más pequeños y pobres de nuestra patria? Porque el pueblo pobre trabajador apunta a lo esencial, es decir a cuidar la vida, y en su acción concreta nos enseña que nadie se salva sólo, y que la unidad tiene que estar por encima de los conflictos”, concluyó.

Para finalizar, monseñor Martínez Ossola, obispo auxiliar de Santiago del Estero, cerró la jornada  diciendo que este tiempo nos hace pensar en la parábola de la multiplicación de los panes, hay miles de experiencias que destacar, hay barrios que dan de comer a sus barrios. “La solidaridad efectiva,  la generosidad tradicional de nuestro pueblo sobre todo los más pobres y sencillos son los que nos pueden ayudar a multiplicar el pan que Dios nos ha dado generosamente”.+