La misa en la catedral porteña fue de acción de gracias por los frutos del Año Santo. El arzobispo pidió ser testigos comprometidos, capaces de soñar sin evadirse de la realidad cotidiana.
El arzobispo de Buenos Aires invitó a contemplar el misterio de un Dios que se hace cercano y frágil, y a transformar el saludo navideño en gestos concretos de solidaridad y compromiso.
La Iglesia en Buenos Aires dio un primer paso para profundizar el acompañamiento pastoral en cárceles, poniendo en el centro la presencia, la cercanía y la fe.
En su mensaje navideño, el arzobispo porteño alentó a llevar ternura a la vida cotidiana y a los barrios más golpeados, como camino evangélico para transformar realidades y sembrar esperanza.