Jueves 6 de agosto de 2020

Añatuya despide a las hermanas Vicentinas luego de 56 años de servicio en la diócesis

  • 27 de mayo, 2020
  • Añatuya (Santiago del Estero) (AICA)
La diócesis de Añatuya despidió a las Hijas de la Caridad, hermanas vicentinas, luego de 56 años de servicio en la Iglesia santiagueña.

La diócesis de Añatuya despidió a las Hijas de la Caridad, hermanas vicentinas, luego de 56 años de servicio en la Iglesia santiagueña. El obispo diocesano, monseñor José Luis Corral SVD, lo informó a través de un comunicado este 27 de mayo. Los primeros días de junio, las religosas dejarán la diócesis, destinadas por la congregación a una nueva misión.



“Hoy era el día previsto para celebrar juntos una misa de acción de gracias por la presencia, misión y testimonio, para poderles expresar nuestra gratitud, elevar juntos una súplica al Padre y compartir la Eucaristía”, explicó el obispo. A causa de la pandemia, la celebración tuvo que postergarse.



“Estamos tristes por su despedida, reconocemos su hermosa trayectoria y generosa labor desplegada por estas tierras, pero comprendemos los desafíos de la Congregación y de la reestructuración de comunidades que hoy les pide este paso. Sepan que les dejamos las puertas siempre abiertas para que vuelvan, aunque sea para visitarnos cuando puedan”, les dijo.



Las hermanas Vicentinas trabajaron en diversos lugares de la diócesis: en el Hospital de Añatuya, en la Escuela Medalla Milagrosa, en la capilla Santa Rosa, en el Hogar Geriátrico Santa Rosa, en la Residencia Juvenil Medalla Milagrosa, en el Hogar de Niños Santa Catalina Laburé, en el Hogar San Vicente de Paúl, en la escuela especial Santa Margarita, y en la escuela San Vicente de Paúl.



“No solo las hemos visto en estos espacios sino también entre los enfermos, en las casas de familia y en los barrios, en la catequesis y alfabetización de adultos, en la evangelización y promoción humana que día a día nos convoca”, mencionó monseñor Corral.



El obispo recordó la llegada de las hermanas a la diócesis, “de la mano de monseñor Jorge Gottau, y de modo silencioso, humilde y constante han vivido entre nosotros; han sabido mantener encendida la lámpara de la fe y de la caridad; nos han enriquecido con su carisma vicentino y muchos laicos han bebido de esta copa rebosante, quedando encendidos sus corazones con su fuego”.



Al concluir su carta, agradeció la labor de las Hijas de la Caridad, “por haber sido junto a nosotros hermanas, madres, amigas, acompañantes y porque como cristales han permitido que la luz del Evangelio hecho vida llegue hasta este rincón de nuestra patria”, y le pidió a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, San Vicente y Santa Luisa, “que las bendiga y que bajo su mirada sigan sus huellas repartiendo amor, tendiendo puentes de solidaridad y anunciando la Buena Nueva del Evangelio allí donde sean destinadas “.+