Miércoles 5 de agosto de 2020

Con la presencia de la familia real, se celebró una misa en recuerdo de las víctimas del coronavirus en España

  • 7 de julio, 2020
  • Madrid (España) (AICA)
El arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, presidió ayer, una misa en la Catedral de la Almudena en recuerdo de las víctimas del Covid-19 que contó con la presencia de la familia real.

Convocada por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) este lunes, 6 de julio, en la catedral de la Almudena, el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, presidió una misa en sufragio de las víctimas de la pandemia de coronavirus. 

La misa funeral, fue concelebrada por más de 35 obispos y numerosos sacerdotes, contó con la presencia de sus majestades los reyes Felipe y Leticia, la princesa de Asturias y la infanta Sofía, así como la vicepresidenta del Gobierno de España, Carmen Calvo, en representación del presidente del Gobierno; la presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet; la presidenta del Senado, María Pilar Llop; el presidente del Tribunal Constitucional, Juan José González Rivas; el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes; el jefe de Estado Mayor de la Defensa, Miguel Ángel Villaroya; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y el presidente del PP y líder de la oposición, Pablo Casado, entre otros. 

Además, entre los asistentes, bajo la imagen de Santa María la Real de la Almudena, se situó un grupo de más de 70 familiares de fallecidos a causa de la pandemia, localizados a través de las vicarías de la diócesis de Madrid. Justo enfrente han estado los representantes de las Iglesias y de las confesiones, así como una representación de los agentes sociales y eclesiales que durante esta pandemia están trabajando en favor de los demás: personal sanitario, voluntarios de Pastoral de la Salud, de Cáritas y de la Orden de Malta, miembros de las Fuerzas Armadas, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y miembros de los Bomberos.

En su homilía el arzobispo de Madrid subrayó que en un tiempo en el que “parece que todo se ha oscurecido” como es este de la pandemia “no estamos solos, Dios nos acompaña y no nos deja”.

Haciendo referencia al pasaje de la muerte de Lázaro proclamado en el Evangelio, el también vicepresidente de la CEE reconoció que “lo primero y más humano es llorar como ellas [Marta y María] y sentirnos solidarios con las lágrimas de miles de personas que ha perdido a sus seres queridos y que aún viven las consecuencias de un duelo tan complejo”. Pero igual que Jesucristo consoló a las hermanas de Lázaro, también “nos visita a nosotros y nos dice hoy: “Tu hermano resucitarᔓ.

En estos meses “nos hemos sentido frágiles y desorientados” pero Cristo, como hizo con los discípulos, nos invita a no tener miedo. “Estamos llamados a remar juntos, necesitamos confortarnos mutuamente”, ha añadido el arzobispo de Madrid, en un momento en que “la humanidad necesita recordar dos sustantivos: hijos y hermanos”.

“Somos todos hijos de Dios y, por eso, hermanos entre nosotros. Olvidar estos sustantivos y vivir de adjetivos, como tantas veces hacemos, es un suicidio”, ha puntualizado, antes de poner en valor a aquellas personas, creyentes y no creyentes, que han dado “una sencilla lección de solidaridad hasta dar la vida por cuidar la ajena” frente “al sectarismo, a la crispación y al enfrentamiento”.

El purpurado concluyó su homilía destacando las tres llamadas que el Señor hace “a los que vivimos en comunión con Él”: defender el derecho a la esperanza, dar ánimos y no guardarse “el tesoro que es Jesucristo para nosotros”.

El cardenal Juan José Omella, presidente de la CEE, también ha querido mostrar la cercanía de la Iglesia que peregrina en España con las víctimas al hacer suyo “el dolor, el sufrimiento de los familiares de los difuntos”. Un dolor profundo que ha provocado no solo su muerte sino “también las condiciones de su partida, lejos del contacto de sus familiares y amigos, sin poder cruzar palabra”.

El mejor regalo que se les puede hacer, en palabras del también arzobispo de Barcelona, es “nuestra oración y acción de gracias por todos y cada uno de ellos”. Recordando unas palabras de Calderón de la Barca, ha deseado que “todo lo vivido y sufrido sea acogido como una llamada a volver nuestra mirada y nuestra existencia hacia Jesucristo”.

Antes de concluir la Misa, el obispo de Ávila, José María Gil Tamayo, que estuvo internado por coronavirus, leyó la oración ante la pandemia del papa Francisco: “Oh, María, tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. Confiamos en ti, Salud de los enfermos, que junto a la cruz te asociaste al dolor de Jesús, manteniendo firme tu fe. Tú, salvación de todos los pueblos, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda volver la alegría y la fiesta después de este momento de prueba”. +