Viernes 25 de septiembre de 2020

El Papa bautizó a las siamesas separadas en hospital del Vaticano

  • 11 de agosto, 2020
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
El papa Francisco bautizó a las siamesas centroafricanas separadas con éxito en el hospital Bambino Gesú.

El papa Francisco bautizó a las dos niñas gemelas siamesas centroafricanas, que nacieron unidas por la cabeza, después de que hubieran sido separadas con éxito gracias a una compleja operación quirúrgica, realizada por el hospital pediátrico del Vaticano.

El pontífice quiso de este modo apoyar los grandes sacrificios de la madre, Hermine Nzotto, que dejó su país natal, la República Centroafricana, para dar esperanza médica a sus hijas en Roma, así como al equipo médico del Hospital Bambino Gesú, que realizó una operación aplaudida por la comunidad científica mundial.

La noticia del Bautismo fue confirmada en Twitter por Antoinette Montaigne, política centroafricana, antigua ministra de Comunicación de su país, comprometida hoy en la Academia para la Paz, quien publicó una foto de la administración del sacramento bautismal, en la capilla de la residencia Santa Marta, en la que el papa Francisco aparece con los ornamentos litúrgicos.

Mariella Enoc, presidenta del Hospital Niño Jesús, conoció a las pequeñas en julio de 2018, cuando acababan de nacer, durante una misión que realizó en Bangui, la capital de la República de Centroáfrica, para dar seguimiento a las obras de ampliación de un centro pediátrico creado por deseo del papa Francisco.

Enoc no podía abandonar a las gemelas a su suerte, pues científicamente hubieran muerto antes de cumplir los diez años.

«Cuando se encuentran vidas que pueden salvarse, hay que hacerlo. No podemos mirar para otro lado», declaró Mariella Enoc, en la rueda de prensa en la que se anunció el éxito de la operación de separación, el 7 de julio pasado.

La mamá de las gemelas, en esa misma rueda de prensa, declaró: «Ervina y Prefina nacieron dos veces. Si se hubieran quedado en África, no sé cuál hubiera sido su destino. Ahora, que fueron separadas, quisiera de todo corazón que las bautizara el papa Francisco, que siempre se preocupó por los niños de Bangui».

La complejidad de la separación de las pequeñas gemelas exigió un año de preparación, utilizando las más avanzadas tecnologías de simulación quirúrgica. Fueron necesarias tres operaciones sumamente delicadas. La última, la separación definitiva, tuvo lugar el 5 de junio, operación que duró 18 horas, con la participación de 30 personas, entre médicos y enfermeros.

Tras la operación, las niñas continuaron siendo atendidas en el departamento de Neurocirugía del Hospital Niño Jesús, donde tienen su habitación con dos camitas, acompañadas por la mamá.

Al anunciar el éxito de la operación, el doctor Carlo Marras reconoció: «Era un objetivo ambicioso y hemos hecho todo lo posible para alcanzarlo, con pasión, optimismo y alegría. Compartiendo cada paso, estudiando todo mínimo detalle».

La madre de las niñas albergaba en su corazón el deseo de que el Papa las bautizara cuando ya estuvieran lo suficientemente recuperadas, y así ha sido y envió una carta de gratitud al pontífice que bautizó a sus hijas hace unos días. 

"La visita al interior de San Pedro, una inmensidad que vista por primera vez, casi aplasta pero se detiene frente a la estatua de la Virgen que mantiene a Jesús sin vida. De repente el resto de la inmensidad pierde interés, mientras que una pregunta sobre ese “cuerpo inocente” de Cristo que recuerda “el cuerpo de mis hijas negadas a la normalidad en mis brazos igualmente impotentes”. ¿Por qué?”, es uno de los pasajes más fuertes de la carta dirigida al Papa por Hermine. 

En la carta, la madre de las niñas cuenta su vida como una “niña de la selva”, nacida en un pueblo a 100 km de Bangui, ciudad en la que en 2015 el Papa inicia el Jubileo de la Misericordia abriendo la puerta santa de la catedral. Una puerta que para la madre de las dos niñas es mucho más que eso. 

“Que mis hijas María y Francesca hayan sido bautizadas por Su Santidad me confirma que Dios está verdaderamente cerca de los últimos”, escribe Hermine. 

“Si mañana mis hijas podrán estar entre los niños más afortunados de la tierra, es decir, ir a la escuela y aprender lo que yo ignoro y que ahora aspiro a saber, para una mañana poder leer los versos de la Biblia a mis hijas, entonces -se lee en la carta difundida por Vatican News - no es una puerta santa la que usted abrió en Bangui en 2015 y que se cerró un año después, sino que ha construido un puente para la eternidad que pueden atravesar los necesitados, como yo lo era, y  personas de buena voluntad como el equipo de médicos que se ocuparon de mis separadas inseparables”. +