Viernes 26 de febrero de 2021

Francisco: La santidad es una vocación personal y universal

  • 1 de noviembre, 2020
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
"La solemnidad de Todos los Santos nos recuerda la vocación personal y universal a la santidad", aseguró el Papa al rezar el Ángelus este domingo 1 de noviembre.

En la solemnidad de Todos los Santos, el papa Francisco rezó el Ángelus asomado al balcón de la Plaza San Pedro y pidió rezar por los santos y beatos, “los testigos más autorizados de la esperanza cristiana, porque la han vivido plenamente en su existencia, entre alegrías y sufrimientos, poniendo en práctica las bienaventuranzas”.

En este sentido, el Papa definió a las bienaventuranzas de la liturgia de hoy como “el camino de la santidad”, en especial mencionó la segunda y la tercera, porque “ambas que comienzan aquí abajo y se cumplirán en Cristo”.

Al mencionar la bienaventuranza referida a “los que lloran, porque serán consolados”, Francisco dijo que “parecen palabras contradictorias porque el llanto no es un signo de alegría y felicidad. Motivos de llanto y de sufrimiento son la muerte, la enfermedad, las adversidades morales, el pecado y los errores: simplemente la vida cotidiana, frágil, débil y marcada por las dificultades. Una vida a veces herida y probada por la ingratitud y la incomprensión”.

Sin embargo, explicó que la confianza en el Señor es lo que los hace “bienaventurados”: “No son indiferentes ni tampoco endurecen sus corazones en el dolor, sino que esperan con paciencia en el consuelo de Dios. Y ese consuelo lo experimentan ya en esta vida”, completó.

Seguidamente hizo alusión a “los mansos”, los que “heredarán la tierra”: “Mansos son los que tienen dominio de si, que dejan sitio al otro, que lo escuchan y lo respetan en su forma de vivir, en sus necesidades y en sus demandas. No pretenden someterlo ni menospreciarlo, no quieren sobresalir y dominarlo todo, ni imponer sus ideas e intereses en detrimento de los demás”.

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“Son personas que la mentalidad mundana no aprecia”, explicó el Papa, pero que “son preciosas a los ojos de Dios, que les da en herencia la tierra prometida, es decir, la vida eterna”.

Francisco recordó, además, el momento mundial actual "donde hay tanta agresividad", y afirmó que, también en la vida cotidiana, "lo primero que sale de nosotros es la agresión, la defensa". Por eso, exhortó: “Tenemos necesidad de mansedumbre para seguir adelante en el camino de la santidad. Escuchar, respetar y no agredir: mansedumbre”.

Luego, el Pontífice mencionó el camino evangélico de los santos y beatos: “Elegir la pureza, la mansedumbre y la misericordia; elegir confiarse al Señor en la pobreza de espíritu y en la aflicción; esforzarse por la justicia y la paz, significa ir a contracorriente de la mentalidad de este mundo, de la cultura de la posesión, de la diversión sin sentido, de la arrogancia hacia los más débiles”.

“La solemnidad de hoy, que celebra a Todos los Santos, nos recuerda la vocación personal y universal a la santidad, y nos propone los modelos seguros de este camino, que cada uno recorre de manera única e irrepetible. Basta pensar en la inagotable variedad de dones e historias concretas que se dan entre los santos y las santas, que la Iglesia ha reconocido a lo largo de los siglos y que continuamente propone como testigos del único Evangelio”.

Finalmente, el obispo de Roma dirigió su pensamiento a la Virgen María, Reina de todos los Santos, pero sobre todo Madre “que enseña a cada uno a acoger y seguir a su Hijo”, para que “nos ayude a alimentar el deseo de santidad recorriendo el camino de las bienaventuranzas”.+