Viernes 25 de septiembre de 2020

Gualeguaychú recordó a Mons. Boxler a 100 años de su nacimiento

  • 4 de agosto, 2020
  • Gualeguaychú (Entre Ríos) (AICA)
La diócesis de Gualeguaychú recordó el lunes 3 de agosto a su segundo obispo diocesano, monseñor Pedro Boxler, en el centenario de su nacimiento.

La diócesis de Gualeguaychú recordó el lunes 3 de agosto, en el centenario de su nacimiento, a su segundo obispo diocesano, monseñor Pedro Boxler, con una misa en la parroquia Cristo Rey, de Santa Anita, donde nació y fue bautizado.

La misa estuvo presidida por el obispo diocesano, monseñor Héctor Luis Zordán, quien en su homilía expresó: “Vinimos con el corazón lleno de recuerdos y de gratitud. Queremos agradecer a Dios por habérnoslo regalado. Queremos hacer memoria agradecida de su vida tan fecunda, de su fe nacida en el bautismo y consolidada en su círculo familiar, de su vocación y de su largo ministerio episcopal en nuestra diócesis”.

“Casi 30 años que han dejado una huella muy profunda y muy lindos recuerdos en nuestras comunidades; particularmente entre los sacerdotes y los laicos de todas las comunidades de la diócesis”, destacó monseñor Zordán.

“He escuchado decir cosas muy lindas sobre el obispo Pedro”, reconoció: “Un hombre bueno. Simple, sencillo, cercano. Una persona de fe. Una figura silenciosa y discreta. Una persona de escucha. Un hombre que confiaba y trasmitía confianza; generaba confianza. De una gran humanidad. Padre; y en su paternidad le importaba cada uno. De grandeza de espíritu, capaz de sobrellevar con entereza el sufrimiento. Un gran amor por el sacerdocio. Preocupado por la vida y la espiritualidad de los sacerdotes; los animaba a entregarse con alegría. Un obispo del Concilio”, enumeró.

“El seminario mayor, una gran obra suya en la diócesis – ¡seguro la más importante…!–. Una obra profética… Debía llamarse ‘María, Madre de la Iglesia’. Un nombre con profunda resonancia eclesial y conciliar –del Concilio Vaticano II–. Además, el título mariano para ese momento de la historia – ¡y también para este…!–. Un nombre que expresa su amor por la Iglesia; y sobre todo por la Iglesia tal como ella se entendió a sí misma a partir del Concilio Vaticano II y del Magisterio posterior: Pueblo de Dios, misterio de comunión misionera”, añadió.

En referencia al Evangelio, señaló: “La Palabra de Dios que proclamamos en esta celebración, nos habla precisamente de este misterio; el misterio de la Iglesia”.

“El relato nos trasmite una certeza – ¡muy fuerte!–: la Iglesia, los discípulos de todos los tiempos, contamos con la presencia cercana y siempre viva del Señor Resucitado –el que camina sobre la tormenta y vence la tempestad–, que sostiene y fortalece la fe de cada uno; y siempre despierta en nosotros –los discípulos– aquella magnífica profesión de fe: «Vos sos, verdaderamente, el Hijo de Dios»”.

En ese sentido, consideró que el pasaje “parece anticipar otras palabras de Jesús; aquellas dichas por el Resucitado en su última aparición a los apóstoles: «Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo». Palabras que siguieron al envío misionero: «¡Vayan…! Hagan que todos los pueblos sean mis discípulos». Son palabras que sustentan una certeza: Jesús resucitado, con su presencia y su acción, anima, sostiene y da eficacia a la tarea misionera y evangelizadora de la Iglesia y de cada bautizado”, afirmó.

“Hoy se nos sigue confiando a la comunidad de los cristianos, y a cada bautizado en particular, la misión de ‘hacer discípulos’, la tarea de vincular a los hombres con Jesús para que se encuentren con Él, lo reconozcan, lo conozcan, se enamoren de Él y se decidan seguirlo”, sostuvo.

“Somos ‘bautizados y enviados’; hemos sido llamados a ser ‘discípulos y misioneros’. No podemos achicarnos frente a este llamado; no tenemos derecho a estar quejosos porque haya dificultades para vivir la fe, profesarla con libertad y anunciar el Evangelio con alegría. Estamos llamados a hacerlo con esta certeza: Él está con nosotros hasta el fin del mundo, como en la madrugada del lago, en la barca; y como a Pedro nos toma de la mano, nos sostiene, nos levanta”, concluyó.+

» Texto completo de la homilía