Miércoles 5 de agosto de 2020

Mons. García Cuerva animó a ayudar a otros a cargar sus cruces

  • 2 de julio, 2020
  • Río Gallegos (Santa Cruz) (AICA)
El obispo de Río Gallegos, monseñor Jorge García Cuerva, presidió el domingo 28 de junio una misa en la capilla del Obispado.

El obispo de Río Gallegos, monseñor Jorge García Cuerva, presidió el domingo 28 de junio una misa en la capilla del Obispado. En su homilía, destacó algunas frases de Jesús y llamó a "tener amores ordenados", a "asumir las cruces de la vida" y "ayudar a muchos hermanos a cargar sus cruces".

“En el Evangelio que acabamos de proclamar hay varias afirmaciones contundentes, varias afirmaciones fuertes de Jesús”, señaló. “La primera de ellas, dice el Señor, el que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí, y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí”, recordó.

“Podríamos pensar que Jesús quiere discípulos desamorados, discípulos absolutamente desprendidos de los afectos y que solamente se preocupen por el amor a Dios. Y creo que en realidad lo que Jesús nos está diciendo con esta expresión tan fuerte es que podamos ordenar nuestros afectos, que podamos tener con él una relación única y prioritaria, pero que podamos ordenar los afectos y amar a cada uno con el amor que corresponde a cada uno”, afirmó.

“Entre nosotros tiene que existir un amor que es único y especial para Jesús, como también hay un amor que es único para nuestros padres, un amor que es único para los hijos, y un amor que es único para la pareja. Cuando esto se empieza a desordenar, cuando esto se empieza a mezclar, es cuando surgen los problemas”, aseguró.

“El Señor nos pide ser verdaderamente sus discípulos, ser capaces de ordenar nuestros amores y de renunciar a los afectos, a veces inmediatos, por un bien mayor. Cuántas veces en la vida, queriendo compartir el anuncio del Evangelio, cuántas veces en la vida queriendo ser testigos de Jesús, hemos tenido que renunciar quizá un tiempo a nuestros seres queridos, hemos tenido que tener a la familia más distante, pero eso no significa que los queremos menos: son amores distintos”, enumeró.

Por eso, el obispo le pidió al Señor “que nos ayude a ordenar los afectos: hay muchos líos a veces en las familias, muchos líos a veces en los vínculos, que surgen porque no tenemos los afectos de manera ordenada: empezamos a meter los celos, a meter las envidias, empezamos a meter las competencias”,  advirtió.

“Que la Palabra de Dios de hoy entonces nos ayude a ordenar nuestros afectos y nos ayude a darnos cuenta que Jesús nos pide, nos exige una relación y un vínculo con Él que es exclusivo, así como habrá vínculos afectivos con un amigo, con mamá o con la pareja, que también son únicos e irrepetibles”.

“La segunda frase: ‘El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí’. Todos llevamos una cruz colgada en el pecho en una cadenita, o tenemos una cruz en las paredes de casa, pero no es a esa cruz ornamental a la que se refiere Jesús. Jesús se refiere a la cruz de la vida, a la cruz de sacrificarse por los demás, a la cruz que acompaña el dolor de los crucificados de hoy, a la cruz de aceptar nuestras limitaciones, a la cruz de entregarnos por amor a los demás, como lo hizo Jesús por nosotros”.

“En definitiva seguirlo a Jesús, identificarnos con Él, sumergirnos en su muerte y resucitar, como nos decía la segunda lectura de San Pablo a los romanos, es también cargar su cruz”.

“Nos alienta el testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos, que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su propia vida. Identificarnos con Jesús es cargar nuestras cruces, que ya no son las que están en una cadenita o en una pared, sino que tiene que ver con nuestras limitaciones, con nuestros dolores, con nuestros sufrimientos, con la entrega por los demás”.

“Este es el tercer compromiso que quisiera hoy pedirle a todos: El primero, dijimos, tener amores ordenados, poder tratar de identificar cómo lo quiero a Jesús, cómo lo amo a Jesús, cómo amo a los demás, poder sanar nuestros vínculos; el segundo, poder asumir las cruces de la vida, las cruces que nos tocan, identificarnos fuertemente con Jesús; y lo tercero, ayudar a cargar a muchos hermanos la cruz. Dios se hizo solidario con el hombre, por eso compartió su misma suerte, por eso hoy hay muchos hermanos que son pueblos crucificados, hay muchos hermanos que cargan pesadas cruces. Volvamos entonces por el camino, sepamos que no está todo perdido: ayudando a otros a cargarla vamos a llegar una vez más al cielo y entraremos para encontrarnos definitivamente con Jesús, que en su resurrección venció a la muerte, a la cruz, para siempre”, concluyó.+