Jueves 26 de noviembre de 2020

Mons. Ojea: "El amor al prójimo purifica nuestra mirada"

  • 25 de octubre, 2020
  • San Isidro (Buenos Aires) (AICA)
"El amor a Dios está indisolublemente unido al amor prójimo", destacó el obispo de San Isidro, y pidió: "Aprendamos a través de la caridad fraterna, a amar a Dios, a quien no vemos".

El obispo de San Isidro, monseñor Oscar Vicente Ojea, dedicó su reflexión sobre el Evangelio de este domingo, en la que Jesús enseña a los fariseos que "amar a Dios es igual que amar al prójimo”.

El prelado recordó que los fariseos quieren poner a prueba a Jesús y le preguntan cuál es el mandamiento más grande, el más importante de la ley.

"El Señor enuncia el primer mandamiento: ‘amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’ y el segundo es semejante al primero: ‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’”, explica.

“El amor a Dios es como la raíz y el amor al prójimo es el árbol que manifiesta la raíz. Por el árbol entendemos mejor la raíz”, comparó, y enfatizó: “El amor al prójimo purifica nuestra mirada para que podamos amar a quien no vemos, porque no podemos amar a Dios, a quien no vemos, si no amamos al prójimo, a quien vemos".

En este sentido, el prelado subrayó que “el que dice que ama a Dios y no ama al prójimo es un mentiroso, enseña San Juan”.

“Esta enseñanza tan clara de Jesús, acerca del amor, tiene su fuente en el mismo Dios: Dios es amor, Él nos amó primero, si nos dejamos amar por Él, entonces vamos a poder amar al prójimo y esto como un camino primero en la ejecución para poder llegar a Dios”, indicó.

El obispo sanisidrense destacó que en la encíclica Fratelli tutti, el papa Francisco fundamenta en la parábola del buen samaritano “esta dimensión de la caridad fraterna, universal, amar al extranjero, al distinto, al diferente”. 

“Es notable que los que pasan de largo frente al hombre caído tienen papeles en la sociedad, en este caso papeles religiosos: el levita, el sacerdote”, observó.

Monseñor Ojea diferenció que “en cambio, el samaritano es un samaritano; está unido al hombre caído, y por la misma dignidad de la naturaleza se ve a sí mismo en él, por eso va a socorrerlo. Es su naturaleza de dignidad y de ser humano, lo que le provoca atenderlo y cambia la vida de los dos”.

"La fe en Dios está indisolublemente unida a la dignidad de la persona. Y el amor a Dios está indisolublemente unido al amor al prójimo que aprendamos a través de la caridad fraterna, a amar a Dios, a quien no vemos”, concluyó.+