Domingo 9 de agosto de 2020

Mons. Ojea: "Que nuestra palabra sea un gesto que cura, que sana"

  • 12 de julio, 2020
  • San Isidro (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, invitó a preguntarse si en este tiempo de pandemia la palabra de cada uno "anima o entristece a los demás" y si "es gesto que cura, que sana o que hiere".

El obispo de San Isidro, monseñor Oscar Vicente Ojea, recordó que este domingo se escucha la parábola del sembrador, que grafica cómo “Jesús, generosamente, esparce la semilla por todos los terrenos, con generosidad y paciencia”.

“Es como un derroche de sembrar. No solamente crea el mundo, sino que nos da la posibilidad a cada corazón, de abrir esa tierra del corazón, para poder recibir su Palabra”, destacó, y puntualizó: “Así hay cuatro tipos de terrenos”.

El prelado indicó que “un terreno, al borde el camino, que es el terreno impermeable. La semilla no puede penetrar, porque la tierra no se abre” y prosiguió: “El segundo terreno, es el terreno pedregoso. La semilla se siembra. Al principio parece que se va a abrir, pero luego se asfixia por falta de raíz. En realidad es la tierra superficial, la tierra que al poco tiempo, después de entusiasmarse al recibir la Palabra de Dios, por cansancio la deja”.

“La tercera tierra, es tierra de espinas. Es un campo de lucha, en el que muchísimas cosas impiden que yo me estabilice, en abrirme para recibir a fondo la Palabra y que sea fecunda en mí. Y el cuarto terreno, es el terreno fértil. Un modelo de ese terreno es la Virgen, en ella fue auténticamente fecunda la Palabra de Dios”, completó.

Monseñor Ojea afirmó que “en nuestro corazón tenemos las cuatro tierras”, por lo que hay que tratar de “parecernos cada vez más a la cuarta, para que la Palabra dé fruto, para que esa semilla hundida en nosotros, invisible, pueda dar fruto”.

“Nosotros también somos sembradores de la Palabra y en este tiempo de pandemia me preguntó: nuestra palabra anima o entristece a los demás. Nuestra palabra cuando se siembra es una palabra o un gesto que cura, que sana, o que hiere”, planteó.

“Es incalculable el valor de cada gesto y de cada palabra en el corazón de los hermanos. Pidámosle a este Sembrador incansable, paciente y generoso, que nos enseñe a sembrar como Él. Que Dios los bendiga”, concluyó.+