Domingo 12 de julio de 2020

Mons. Uriona: "Renovemos nuestra fe en la Iglesia fundada sobre la roca de Pedro"

  • 30 de junio, 2020
  • Río Cuarto (Córdoba) (AICA)
El obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto, monseñor Adolfo Uriona FDP, presidió el 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, la misa crismal.

El obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto, monseñor Adolfo Uriona FDP, presidió el 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, la misa crismal en el seminario diocesano Jesús Buen Pastor.

En su homilía, el obispo explicó que en la misa crismal se expresa “la comunión entre el Obispo y su presbiterio en torno a la Palabra de Dios y la Eucaristía” y renuevan las promesas que hicieron en el momento de su ordenación. “También se bendecirán los óleos y el santo crisma para la celebración de los sacramentos a lo largo de este año”, anticipó.

“Lo hacemos en un contexto mundial particular rodeados de temor, incertidumbre, perplejidad”, reconoció monseñor Uriona. “Queremos juntos renovar nuestra fe en el Dios de la historia, el Padre fiel que acompaña siempre la vida de sus hijos aunque pareciera, como en estas circunstancias, que no está o que nos ha soltado de su mano”.

“También quisiera que renováramos nuestra fe en la Iglesia y en el sucesor de Pedro, el Papa Francisco, quien tiene la misión de conducir al pueblo de Dios que camina a tientas en medio de esta tempestad. Lo hacemos fundados en la Palabra de Dios”, expresó.

“Según el Evangelio de Juan, Jesús al encontrarse con Simón le cambia el nombre o mejor, le pone un sobrenombre, porque Pedro en aquellos tiempos no era un nombre. Podemos imaginar el asombro de Simón que de pronto se siente llamado por el Señor ‘piedra’ ‘roca’”, señaló. 

Al respecto, planteó: “Pero Pedro, ¿realmente era una roca?... Según el relato del Evangelio no parece… Más bien era un hombre débil, con arrebatos de generosidad y valentía pero que le duraban poco; ante la dificultad perdía el dominio de sí mismo y borraba en pocos momentos lo que antes había afirmado”, recordó.

“Sin embargo Jesús lo llama ‘roca’ porque la firmeza la da sólo Él y Él, por puro libre designio, edificará sobre este pobre hombre su Iglesia, la comunidad de los discípulos, entregándole ‘las llaves del Reino de los Cielos’, el poder de ‘atar y desatar’ que sólo Dios tiene. Le da la autoridad, el que debe señalar lo que quiere Dios para su pueblo; por ello asistido por el Espíritu Santo nos orienta a confesar correctamente nuestra fe en Cristo”, afirmó.

Haciendo referencia al texto de Juan en que, luego de la pesca milagrosa, Jesús restituye la confianza que Pedro había perdido, el prelado destacó que lo hace con un interrogatorio, no sobre los hechos, sino sobre el amor.

“Si lo interrogara sobre la constancia, sobre la coherencia, sobre el dominio de sí, sobre la prudencia, Pedro debería decir: ‘Sí, falté, no merezco más confianza, no soy digno de ser apóstol’. En cambio Jesús le pregunta sobre el amor y esto, evidentemente, que lo debe haber dejado desconcertado… Pero Jesús sabe lo que hace, le quiere decir que esta es la pregunta más importante, es la pregunta fundamental sobre la vocación del hombre, sobre su destino, y el destino de la Iglesia”, afirmó monseñor Uriona.

“Pedro responde diciendo: ‘Tú lo sabes todo’. Pedro aprendió mucho, exactamente de estas cosas que en nuestro proceso las hubiéramos despreciado: sus debilidades, sus caídas, sus humillaciones… Sus golpes de cabeza, reconocidos como arrepentimiento sincero, verdadero, le enseñaron que lo fundamental para el hombre es moverse en la esfera del amor y de la amistad, y Pedro se dejó conquistar por todo esto”, señaló.

“Cristo le dice: ‘¿Me amas?’, le exige un amor personal y absoluto a Él, y luego, le restituye la misión: ‘Apacienta a mis ovejas’”, recordó. “La vocación de ser pastor implica asumir la responsabilidad afectiva y amorosa por los demás. No hay vocación si no entra el corazón, un corazón noble. Esa vocación es la expresión de mi capacidad de amar, de entregarme, en las coordenadas históricas y psicológicas de mi vida… Podemos decir que es el constante magisterio que el papa Francisco nos propone”, consideró.

“Al renovar hoy nuestra consagración sacerdotal renovemos también nuestra fe en la Iglesia fundada sobre la ‘roca de Pedro’ y partiendo de un amor sincero y concreto a nuestro pueblo, comprometámonos a ser buenos pastores”, animó.

“Que como Pablo ‘peleemos hasta el fin el buen combate’ hasta alcanzar ‘la corona de justicia’ que un día el Padre de la Misericordia nos concederá”, añadió.

“Que María, Madre de la Iglesia, nos acompañe en la fidelidad a nuestra vocación y en el servicio a nuestra gente, particularmente en estas circunstancias”, concluyó.+