Sábado 28 de noviembre de 2020

"Premio Nobel de los misioneros" a un religioso, una religiosa y un laico

  • 20 de octubre, 2020
  • Brescia (Italia) (AICA)
El padre Rinaldo Do IMC, la hermana Caterina Gasparotto y el doctor Gabriele Lonardi, son los ganadores del Premio Corazón Amigo 2020.

Un religioso, misionero en la República Democrática del Congo, una religiosa dedicada a los niños y adultos en Papúa Nueva Guinea y un médico legista que trabaja con pueblos indígenas de la amazonía brasileña fueron los galardonados con el “Premio Corazón Amigo 2020”, conocido como el “Nobel de los misioneros”.

La entrega de premios de la XXX edición de este galardón, se llevó a cabo el 17 de octubre en la Sala Libretti, sede del Diario de Brescia en la Lombardía italiana, en una ceremonia que debido a la pandemia no fue pública.

Los ganadores: el padre Rinaldo Do IMC, la hermana Caterina Gasparotto y el doctor Gabriele Lonardi, fueron presentados por Nunzia Vallini, directora del Diario de Brescia y de la red de televisión Teletutto

El presidente de la Asociación Corazón Amigo, padre Flavio Dalla Vecchia, explicó en la apertura del acto que "el Premio Corazón Amigo tiene como finalidad proporcionar apoyo, y sensibilizar sobre la actividad misionera de la Iglesia y el trabajo de los misioneros".

“Hombres y mujeres que confiando en la Palabra de Jesús se dedican generosamente, no en base a planes o estrategias políticas, sino movidos por una compasión que toca el corazón y abre los ojos a una humanidad que necesita escuchar, ser sanada y alimentada. Recordaremos a estas personas en la Jornada Misionera Mundial con el Premio del Corazón Amigo”, explicó el sacerdote

Creado en 1990 por la Asociación Fraternidad Corazón Amigo Onlus para valorar el trabajo de evangelización y el compromiso social de la Iglesia en favor de los pobres, el “Nobel Misionero” dona un total de 150.000 euros al año a tres misioneros, religiosos y laicos que se destacan en la misión en el mundo.

Padre Rinaldo Do, IMC
Religioso de Darfo, Valcamonica (Italia), Misionero de la Consolata que, desde 1991, se dedica a predicar el Evangelio en la República Democrática del Congo. 

El padre Rinaldo Do recordó que desde niño era un poco travieso, pero le gustaba escuchar historias de misioneros que pasaban por el Valle animando a los jóvenes a la misión. “Eran entusiastas”, recuerda, “y siempre nos invitaban a tener un corazón grande y generoso. Cuando fui a mi párroco a saludarlo y a decirle que iba a hacerme misionero, me dijo: “¡No, Rinaldo no!”. Eres demasiado travieso”.

Ordenado sacerdote en 1984, vivió en España durante seis años y luego, en 1991, se fue al antiguo Zaire (República Democrática del Congo), un país africano que, en más de treinta años de misión, lo recorrió de norte a sur, dedicándose siempre a los pobres. 

De hecho, en este país rico en recursos naturales, el padre Rinaldo pasó de los inmensos suburbios de Kinshasa, la capital, a la sabana de Doruma y los bosques de Neisu, en el norte. Resistió a la malaria, al ébola y a las guerrillas de los rebeldes del norte. Pero, más allá de las dificultades, cultivó siempre el deseo de transmitir el valor y la fe a los más necesitados, distribuyendo biblias pero también bicicletas, perforando pozos, construyendo casas, escuelas, puestos de salud, centros de nutrición.

Siempre al servicio de la misión, de los diferentes pueblos, idiomas y culturas, el misionero es testigo ante todos los que encuentra, de que Dios no está lejos, que camina con nosotros todos los días. 

Sobre su vocación, el padre Rinaldo dice: “El don de ser sacerdote, misionero, religioso, no es un don que concierne a mis cualidades, habilidades y debilidades, sino que es un don que viene de Dios”.

Hermana Caterina Gasparotto
Desde 2005 trabaja en Asia y Oceanía (primero en Filipinas y luego en Papúa Nueva Guinea) con diversas obras sociales en favor de niños y adultos. La Hermana Caterina Gasparotto nació en Marostica, Veneto, en 1966. Después de obtener su maestría en el año 2000, comenzó una experiencia de vida comunitaria al servicio de los pobres y de los niños en la Congregación de las Escuelas de Caridad – Padres Cavanis. Es una realidad muy pequeña, reconocida a nivel diocesano en Papúa Nueva Guinea, llamada a vivir el carisma que los Hermanos Cavanis (a principios de 1800) dejaron como regalo a la Iglesia.

En 2005 se fue a Asia, en Filipinas, a la Isla de Mindanao, en las periferias de la ciudad de Davao, donde junto con otra hermana comenzó su vida misionera. 

En 2013 se trasladó a Papúa Nueva Guinea (Oceanía), donde la población vive principalmente en zonas rurales, a menudo completamente aisladas, con un modo de vida tradicional.

Hay muchos problemas sociales: analfabetismo, alta mortalidad infantil, así como la incidencia del virus del VIH. Otro problema grave es el abuso del alcohol y las drogas, que también son utilizadas por los niños para combatir el hambre. Caterina comenzó una misión en la estación de Bereina con una escuela primaria, una escuela para adultos, una imprenta para imprimir libros escolares, una panadería, un pozo y una huerta para que las mujeres cultivaren. Dándoles un poco de trabajo, pueden proporcionar comida a los niños y a los que viven alrededor de la Misión.

Doctor Gabriele Lonardi
El médico legista que, desde 1980, es responsable de la salud de los del pueblo indígena Suruwahá en Lábrea, en la amazonia brasileña. Dependiendo del estado de los ríos, se lleva de 15 a 20 días en llegar a sus pacientes, los indígenas Suruwahá. Así es como ejerce su profesión, Gabriele Lonardi, médico originario de Verona, licenciado en Padua y especializado en enfermedades tropicales en Lisboa (Portugal).

Llegó al Brasil en 1980 para un proyecto de cooperación de una ONG de Padua. Trabajó en el Estado de Espírito Santo y luego en Piauí, en el noreste del país. 

Cuando tuvo la oportunidad de viajar al Amazonas, se mudó a Lábrea, en el extremo opuesto de Brasil. La Prelatura de Labrea tiene como obispo a monseñor Fray Santiago Sánchez Sebastián. Durante años, el Dr. Lonardi hizo largos viajes en esas tierras remotas para cuidar la salud de la población que no tiene acceso a los servicios de salud.

Cura la malaria, la tuberculosis, la anemia, la filariosis (parasitaria), la lepra y las verminosas que atacan principalmente a los niños. Las peores enfermedades tropicales son transmitidas por insectos y agravadas por el clima, las condiciones de higiene y la falta de medicamentos y hospitales.

“Simplemente seguí el mensaje de la encíclica Populorum Progressio de San Pablo VI, que invitaba a la Iglesia a escuchar el grito de los pobres y a ponerse a su disposición, exhortando a los laicos a un compromiso personal. Los indígenas son seres humanos y también tienen derecho a la salud. Si la vida me ha llevado casi por casualidad a ellos, como médico, tengo el deber de cuidarlos”, dice el doctor Lonardi y añade: “Aquí me siento realmente útil, para los demás y para mí mismo.

“Premio nobel de los misioneros”
Con un presupuesto de 150 mil euros, el “Premio Nobel para Misioneros” se otorga cada año en octubre, en la víspera de la Jornada Misionera Mundial. Con esta suma los ganadores harán posibles proyectos urgentes como la construcción de cañerías y sistemas de alcantarillado en Kinshasa (República Democrática del Congo), la ayuda a los pobres de la diócesis de Bereina (Papúa Nueva Guinea) y la atención sanitaria a la población del río Javari (Brasil). +