Martes 14 de julio de 2020

Mons. Colombo exhortó a darle a Dios su lugar entre nosotros

  • 1 de julio, 2020
  • Godoy Cruz (Mendoza) (AICA)
El arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, presidió el domingo 28 de junio una misa en la parroquia San Vicente Ferrer, de Godoy Cruz.

El arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, presidió el domingo 28 de junio una misa en la parroquia San Vicente Ferrer, de Godoy Cruz. En su homilía, destacó que en el Evangelio “el Señor nos habla y nos dice que el que recibe a un profeta tendrá recompensa de profeta. Nos hace pensar inmediatamente en la primera lectura, donde aquella mujer que recibe al profeta Eliseo en su casa y junto con su esposo deciden reservarle una habitación para cuando vaya de paso o de visita”, señaló.

“En esa primera lectura vemos a esa mujer que va a ser bendecida con el signo de la maternidad: la invitación del profeta Eliseo a considerar que un día le tocará a ella ser madre no obstante su edad, nos hace pensar en tantas otras mujeres del Antiguo Testamento que consiguen ser madres a pesar de la edad  tardía”, destacó. “Esa maternidad tardía, la de Sara, la de esta mujer, la de Isabel prima de la Virgen María, nos hace pensar en que para estos pueblos era una bendición, un signo maravilloso, prodigioso de parte de Dios esta posibilidad de ser madres no obstante la edad”.

“El recibir a un profeta, el recibir a cualquier peregrino era un signo distintivo de las comunidades mediterráneas antiguas. Recibir a alguien de paso y hospedarlo era una verdadera actitud de acogida, de hospitalidad, que conformaba el ethos, las costumbres, las tradiciones de aquellos pueblos”.

“Entonces alguien que llegaba a una casa, con todo respeto, podía significar también la posibilidad de un mayor conocimiento, de un intercambio de noticias de pueblos lejanos. Acá en cambio estamos hablando de Eliseo, un profeta diferente a su predecesor Elías. A Elías lo recordamos por sus características tan significativas para el pueblo de Israel: un hombre verdaderamente carismático y que quedaría en la memoria de su pueblo como tal. Eliseo es el hombre de los pequeños milagros, de los pequeños signos, pero que van a iluminar la vida de la gente sencilla de tal manera que ellos puedan entender que Dios ve el sufrimiento secreto y en ese sufrimiento que es secreto Dios se hace fuerte, Dios se hace más que nunca fiel al dolor del pobre”, relató.

“La historia de Eliseo nos hace pensar en la fuerza de Dios, en la gracia de Dios, en cuánto Dios quiere nuestro bien, tanto que como nos dice después la Carta a los Romanos, en la segunda lectura, ha vencido definitivamente toda forma de muerte en Cristo para que tuviéramos vida en Él”.

“En el Evangelio, Jesús, en cambio, nos está proponiendo una forma bien distinta de vida: si nosotros nos apegamos a vínculos meramente humanos sin darle el lugar a Dios entre nosotros, sin considerar la primacía de Dios sobre toda cuestión cultural, racial, de clan o inclusive familiar, entonces nos va a ser difícil hacer las opciones del Evangelio. Pero si Dios está en el primer lugar de nuestras opciones, todo lo demás encontrará naturalmente su jerarquía: todo lo bueno, todo lo noble, todo lo bello que hay en la vida humana, la vida familiar, en la vida social, tendrá una referencia a Dios, por sobre todas las cosas quien nos ama y que nos ha dado esta familia, este pueblo, esta cultura”, afirmó.

“Este mensaje que el Señor dirige a sus discípulos, lo hace en un contexto de envío misionero y a la vez un contexto de mucha exigencia, porque la misión les va a requerir una entrega total, una entrega de toda su vida, inclusive la de aceptar la cruz, de perder prestigio, de perder honores, de perder toda forma de valoración humana y sólo tener, al máximo, como referencia la elección de Cristo, el Señor, como el Dios de la propia vida. Ojalá nosotros en este domingo podamos darle al Señor ese lugar para vivir después con alegría todo lo que nos hace pueblo de Dios, pueblo de esa alianza”, concluyó.+