Lunes 17 de junio de 2024

Card. Rossi: 'Adelantarse, tomar la iniciativa y salir al encuentro sin miedo'

  • 8 de mayo, 2024
  • Córdoba (AICA)
El arzobispo de Córdoba reflexionó sobre la síntesis del anuncio del Señor, y exhortó: amen a los otros, a los no amables, a los que nos cuesta amar, a los que no nos sale naturalmente.
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El arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ, presidió, en la parroquia Nuestra Señora de Luján y San Fermín, la misa del domingo 5 de mayo, en la que reflexionó sobre el amor al prójimo al estilo de Jesús.

“Dice algún autor que, si quemara todos los evangelios, toda la Palabra de Dios, y tuviera que rescatar una sola frase que sintetice todo el anuncio, tendría que ser esta frase: ‘Ámense los unos a los otros como yo los he amado’. Esa es la síntesis del anuncio del Señor y el desafío del Señor para nosotros”, sostuvo.

Refiriéndose a la primera lectura, destacó en la figura de Pedro un aspecto esencial del amor: amar sin hacer acepción de personas, algo que “implica también en nosotros una conversión interior, una conversión intelectual y una conversión del corazón”.

En ese sentido, invitó a “animarse a romper esa lógica, en la que a veces nos movemos entre los nuestros, entre los que nos entendemos, entre los que pensamos más o menos lo mismo”. Y señaló, además, que “es un trabajo para nosotros no hacer acepción de personas en la vida cotidiana, en el trabajo, en el pastoreo, en el modo de tratar a la gente”.

Sobre el pasaje evangélico, subrayó otro aspecto del amor que, en este caso, tiene por modelo ya no a Pedro sino al Señor, que es un Dios que se anticipa en el amor: “Él nos amó primero: 'Ámense los unos a los otros como yo los he amado'”.

A su vez, indicó que “el Señor nos regala un amor de amistad, no de siervos”, y animó a “celebrar estando en los momentos importantes de la vida, celebrar las cosas lindas del amigo sin envidia, sino uniéndonos a la alegría del otro”. “Qué difícil que es celebrar con el otro algo que en mí no se ha dado. Ahí hace falta grandeza de corazón”, consideró.

Una amistad que también implica estar y acompañar en el dolor. Sobre ese punto, citó una definición de "amigo" que en el Señor se expresa plenamente: “El amigo es como la sangre, que va a la herida inmediatamente y sin que nadie la llame”.

Al respecto, planteó “el desafío de que nosotros lo seamos para nuestros hermanos. Ir, no esperar que nos griten, no esperar que nos supliquen una ayuda, sino, cuando percibimos un dolor en los otros, acompañar, poner calorcito en las dificultades”.

“En definitiva, dar la vida por las ovejas. Eso es lo que el Señor nos regala con su vida, y es lo que el Señor nos pide a nosotros: 'Ámense unos a otros', y amen a los otros, a los no amables, a los que nos cuesta amar, a los que no nos sale naturalmente”, animó.

Por eso, describió cómo el Señor “nos amó lavando los pies, nos amó llamando ‘amigo’ al que lo traiciona, nos amó rezando por sus verdugos, perdonándonos, nos amó llorando al amigo muerto, nos amó cuidando con delicadeza de los pequeños, de los abandonados, de los olvidados, levantando a los tirados del borde del camino, buscando a la oveja que por lo que sea se descarría”.

“Así nos ama el Señor y así nos pide que amemos. Lo que él vivió es la exigencia para nosotros: un Jesús de entrañas de madre, un Señor que es camino y es acompañante, un Señor que espera siempre la vuelta del hijo pródigo, un amor que perdona cuando aparentemente ya no hay tiempo”, resumió.

Por eso, citando al Papa Francisco, el arzobispo de Córdoba invitó a adelantarse, a tomar la iniciativa y, sin miedo, a salir al encuentro, a buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. “Atrevámonos un poco más a primerear”, sugirió.

“La comunidad evangelizadora se mete con obras y con gestos en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se abaja hasta la humillación, si es necesario, y asume la vida humana, tocando lo sufriente de Cristo en el pueblo”, añadió.

El cardenal Rossi concluyó planteando el desafío para esta semana: “Festejar e ir a los pies de Nuestra Señora de Luján, a dejarnos cobijar por su mirada. Ella es la madre, la amiga que sabe entender nuestras alegrías y va a saber comprender nuestros pesares. Estamos en buenas manos”.+